Sociedad Para mi nona en el Día de la Mujer

Por ser mujer no la dejaron ir a la escuela

Sus padres eligieron priorizar el estudio de sus hermanos varones, algo que, quizás hace dos generaciones, era normal. Historias que no deben repetirse jamás.
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Mariana Cavagnaro

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Por ser mujer no la dejaron ir a la escuela

Por ser mujer no la dejaron ir a la escuela

Por ser mujer no la dejaron ir a la escuela

Por ser mujer no la dejaron ir a la escuela

Ser mujer no resulta nada sencillo, en especial en algunos ámbitos y en ciertas etapas de la vida. Los juicios aún se multiplican ante el accionar femenino. A pesar de los avances logrados, aún hay deudas pendientes. Pero no es sobre las deudas donde me gustaría hacer foco, sino en todo lo que hemos logrado juntas, con conciencia social, desde una mirada más compasiva y menos competitivas entre las mujeres.

Creo que el gran logro es comprender que hay miradas compartidas entre las mujeres, lugares comunes en los que lamentablemente nos solemos encontrar, situaciones desagradables que no elegimos y tenemos que afrontar. Lo más importante para mí, no es lo que nos pasa, sino la habilidad que tenemos como mujer para sobreponernos. Eso que es tan propio de la mujer, esa esencia por la que celebro siempre ser mujer. 

El tiempo ha pasado, hemos ido cambiando y hay historias que merecen ser recordadas en este día.

Esta es una historia familiar: mi nona "María" se cansó de contarme, con relatos que variaban en detalles, que ella nunca pudo terminar la escuela primaria; solo la "mandaron hasta segundo grado". Venía de una familia de cuatro hermanos varones y tres mujeres. Vivían en San Martín y la elección de sus padres no fue aleatoria ni respondió a cuestiones económicas, sino más bien culturales. 

Cuando nació su hermana Ana, sus padres- mis bisabuelos- decidieron que mi abuela ya no necesitaba ir a la escuela, por lo cual decidieron que se quedara en la casa, y que en lugar de estudiar debía cuidar a sus hermanos, prepararles la comida, coser y colaborar con todo tipo de tareas así como de un secadero de frutas secas que tenía la familia. 

Siempre me contaba que lo único que le permitieron fue realizar un curso de corte y confección gracias al cual años después se convirtió en una modista de vestidos de fiesta. 

Cada vez que escuchaba su relato me costaba creerlo, estamos hablando de dos generaciones hacia atrás. Sin embargo, claramente, el derecho a estudiar estaba restringido para las mujeres, entre otros derechos. Una suerte similar corrió su hermana Ana, quien logró terminar la primaria y no la dejaron cursar el secundario porque tenía que viajar y eso "no era para las mujeres".

Ellas, mujeres -grandes mujeres- sufrieron las consecuencias de todo lo que implica no poder estudiar. Sus limitaciones la persiguieron durante toda su vida, así como las ganas de superarse. A mi abuela, la dificultad para comprender un texto la convirtió en víctima de una estafa familiar con todo el dolor que eso implicó.

Sin embargo, María logró superarse, formó su familia y contó su historia hasta el cansancio con el único objetivo de motivar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Su historia, lejos de marcarla negativamente, la convirtió en una luchadora de la vida, quien priorizó siempre el estudio de sus hijas. 

Hoy más que nunca recuerdo su relato, su mirada llena de dolor y enojo. Son un par de generaciones, Nona, las que pasaron, y quisiera que sepas que hoy en día un planteo como el de tus padres sería inaceptable. Las mujeres estudiamos, trabajamos y queremos superarnos siempre. Descansá en paz sabiendo que, de a poco, juntas, vamos avanzando.