Morir, la contracara del vivir

No todos celebran vivir la vida, algunos la padecen, otros la arrastran y están quienes la dejan morir con sus muertos.
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M. Girolamo y C. Saracco

Morir, la contracara del vivir

Morir, la contracara del vivir

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

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Probablemente no exista un dolor mayor, que el sentido al separarnos de un ser querido tras la muerte. La muerte puede producirse por causas naturales (vejez, enfermedad) o inducidas (suicidio, homicidio, accidente, desastre medioambiental). Pero más allá de la biología, existe una concepción social y religiosa sobre la muerte.

Es curioso que algo tan propio de la vida, sea tan aborrecido. Algunos dirán que no es para menos. ¿Quién quiere irse de este mundo? Pero ¿acaso alguien quisiera vivir eternamente? Una contradicción más del ser y sus vaivenes.Morir es parte de vivir, y mientras en otras culturas se venera, ritualiza o contempla como algo propio y natural de la vida; en nuestra cultura se la niega, teme, calla, y hasta nombrarla llega a ser aterrador, tomando caminos tangenciales y usando sinónimos: fallecimiento, deceso, defunción, óbito, tránsito, fin, partida, trance, "paso a mejor vida", desenlace, "hora suprema", "últimos momentos", desaparición, fenecimiento, extinción, expiración, perecimiento. Otras menos formales: "usar el sobretodo de madera", "salir con los pies para adelante", "estirar la pata". Incluso para evitar la palabra, solemos denominarla con entidad propia: "se lo llevo la parca, la huesuda, la dama de la guadaña, la pálida". Un sin número de expresiones que buscan enmascarar la inevitable llegada de la muerte.

Según Borges, "La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene". Epicuro decía al respecto: "La muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo". El dolor queda para los que continúan vivos,que en definitiva es de los que tenemos noticia tras la muerte, porque de quien parte nada más se sabe. Nos resistimos a vivir el dolor de la ausencia, una resistencia a dejar partir a nuestros seres queridos de este mundo, tratándose de un lazo que duele desatar. Pero es menester, para quienes estamos momentáneamente de este lado, dejar ir, soltar, permitir que ese ser sufriente (o no) deje esta instancia y en el mejor de los casos, si así tiene que ser, tome otros rumbos. Sostener su presencia, su agonía, o negar su ausencia, no es otra cosa que pensar en nosotros. Y quizá sea necesario esta vez, pensar en el otro. En su designio, su suerte, su enfermedad, su etapa, aceptando la llegada de"su hora". Si hay algo que queda fuera de nuestro control en esta vida, es saber "la hora de llegada y la hora de partida". Nacer y morir son actos que se realizan en soledad y de forma misteriosa.

Venimos programados para su ocurrencia, sin embargo nos mantenemos asiduamente ocupados en todo tipo de tareas, para evitar reflexionar sobre los temas fundamentales de la vida y de la muerte. No basta con pensar y saber de la muerte, sino que es menester tenerla siempre delante para resaltar nuestra existencia. Entonces la vida se hace más solemne, importante, fecunda y alegre. Ese momento del que nadie escapa pero del que todos huimos,no es otra cosa que sentir que quedan proyectos a cumplir, tareas inconclusas, materias pendientes por ejecutar. Sin embargo,la mayoría de nosotros tendemos a pensar que siempre habrá otra oportunidad.Cuando se siente que se ha hecho todo cuanto se pudo de lo propuesto. Se dio el amor necesario. Se dijeron las palabras suficientes. Se expresó el afecto sentido. Trabajando, compartiendo y dedicados a hacer de si, una persona que dejó una huella al pasar por esta vida, es cuando uno logra irse en paz consigo mismo, satisfecho de la labor cumplida. Y allí es donde radica la alianza con la vida.

De manera paradójica, mientras tomamos conciencia que la muerte es algo a futuro (sin saber cuán futuro), es cuando vivimos en un presente constante.Quizá por una existencia con final, por una vida con los minutos contados, es que cobre el valor que tiene.Sabernos mortales nos enseña a tomar la vida con las riendas bien fuerte para llevarla por los mejores caminos posibles, con placer, proyectos,y horizonte definido, apreciando cada paso que damos. El miedo a la muerte se superaría si viviéramos cada día en el presente, con todos los honores posibles y venerando nuestra existencia. Centrados aquí, no allá. Sintiendo que la vida es cotidianidad, presente constante en el día a día.

No todos celebran vivir la vida, algunos la padecen, otros la arrastran y están quienes la dejan morir con sus muertos. Desafiemos la muerte con más vida, con más disfrute y con más pasión. Demos espacio para recordar a quienes no están, quienes partieron y nos dejaron sus memorias, vivencias y sentimientos. Considerandolo que ellos desearían para nosotros.Mientras la moneda siga cayendo del lado de la vida, rindamos culto a nuestra existencia, y la de los que siguen vivos al lado nuestro,admiremos los minutos vividos, sin dejar que el tiempo solo transcurra incesante ante nuestra parálisis.La muerte le da un plus de valor a la vida. Haciéndola sublime, la dignifica, la engrandece y le da sentido.

Si se pudiera concluir en algo sobre este tema tan delicado y subjetivo, es que la muerte es un síntoma de que hubo vidaSaber que la muerte es ineludible, nos hace reflexionar sobre la vida,accionar y movernos, haciendo algo con esto que tenemos, antes que se vaya como arena entre los dedos.Vivir literalmente la vida, sin detenerse. Démonos la posibilidad de hacer cuanto tengamos inconcluso,comprendiendo que la oportunidad es la que toca, para disfrutar del camino y llegar con la mochila lo más liviana posible a"la hora indicada". Morir no es otra cosa que la representación fáctica de poner nuestra existencia en un cuadro, enmarcando todo lo que supimos ser, lo que hicimos, lo que dimos y lo que disfrutamos. Si hay una misión en la vida, es la de aprender a ser felices y para disfrutar de la verdadera felicidad, debemos vivir cada momento como si fuese el último, ya que nunca sabremos cuándo, realmente,es el último minuto el que ha llegado.