Marche un cóctel Puputov para políticos y politeras

¿A los partidos tradicionales se los llevarán puestos las organizaciones ciudadanas? ¿Las botineras del poder buscan su propio Scioli? ¿Por qué en el Congreso se aplauden entre ellos? ¿El "colornejo" es el color esperanza de Alfredo? ¿Con un semáforo climático el gobierno podrá evitar otra colisión con la naturaleza? ¿Un Presidente que habla con las vacas es buena leche?
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Rubén Valle

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Maridaje. Para la lectura de esta columna, el autor propone Reckoner, por Robert Glasper

#Qualunquismo aggiornado. En los años '40, el "cualunquismo", un movimiento surgido en la Italia de posguerra en torno de la revista L'uomo qualunque (El hombre cualquiera), tenía como premisa electoral denunciar que todos los políticos eran ladrones. "No tenemos los gobernantes que necesitamos sino los que hemos votado a veces por miedo, por fanatismo o por estupidez", reflexiona 70 y pico de años después el periodista y escritor Raúl del Pozo en su columna en El Mundo. En sintonía, el empresario gastronómico y unos de los fundadores de Valos, Fernando Barbera, posteó esta semana en su muro de Facebook una reflexión que tiene más adherentes que una simple acumulación de "me gusta". Decía allí: "¿Q.E.P.D. los partidos políticos? Hay varios indicadores que nos dicen que o cambian los partidos o perecen. El nuevo presidente de Francia no tiene partido político, el presidente de Argentina viene de un partido nuevo (que ya está adquiriendo las viejas mañas), en España las organizaciones de Indignados hoy son fuerzas políticas. ¿por qué este fenómeno? Será que la democracia representativa se está apagando? ¿Será que viene una democracia participativa? Los partidos políticos (como cualquier forma de organización representativa: cámaras empresariales, la AFA, los sindicatos) ya no representan a la gente. O los partidos políticos evolucionan hacia formas de organización horizontales y transparentes, que hagan lo que las bases quieren y no lo que 5 dirigentes acuerdan, o desaparecerán". Barbera no presume de visionario ni amenaza, más bien comparte una atinada radiografía política y social que invita a reflexionar tanto a los de la vieja política como a aquellos que son o serán la nueva. ¿Los cualunques 2.0?

Letra chica: En el libro del momento, Macri, de la periodista Laura Di Marco, la autora desvela la "historia íntima y secreta de la élite argentina que llegó al poder". En buena parte de esas páginas aparecen en roles protagónicos unos cuantos de los recién llegados a la política. Muestran, queriéndolo o no, cómo chocan -o se tientan- con los vicios del arte de lo posible.

#Politeras. Tampoco es que las botineras hayan desaparecido. No, ellas siguen con el gps activado en modo cacería. A la sombra de estas, pero no con menor impacto mediático, irrumpen de a poco las "politeras". No sé si el término lo pergeñó el abogado-panelista Mauricio D'Alessandro, pero debo reconocer que se lo escuché a él. Esta nueva raza de conquistadoras suele tener como modus operandi arrobar en Twitter a políticos y dirigentes famosos y no tanto, hacerse invitar a eventos plomazos donde el menú es humano o incursionar en publicaciones específicas de donde puedan obtener un mail, rastrear alguna pista en las redes o el teléfono de un prensero. Llegar hasta el objetivo bien vale tanta pesquisa. La publicación política La Tecla funciona, dicen ellas, como una suerte de literal libro de caras (Facebook) para echarle el ojo a sus potenciales presas. El escandalete de Daniel Scioli, quien despertó de la siesta poselectoral para protagonizar el culebrón de la semana, tuvo como coestrellas a dos politeras/modelos: Gisela Berger (la madre de su futuro hijo, que lo escrachó mediáticamente por incitarla al aborto) y Sofía Clérici (la que bomba sexual que lo delató como su amante). Dado el nivel de vida que hoy exhibe hasta el más modesto concejal o el más encumbrado asesor, el crecimiento exponencial de las politeras ya está haciendo transpirar de nervios a más de un Durán Barba. Ese que bien podría decirle, como cualquiera de nosotros, "y, si te gusta el durazno..."

Letra chica: El caso Nicole-Cubero, otra de las novelas de la tarde, tuvo en vilo a más de un alto funcionario de la Casa Rosada. Como parece que los muchachos no son la mar de la prolijidad, varios le quemaron los teléfonos a los colegas de chimentos, por si las moscas. El apuntado fue Andy Freire, el Ministro de Modernización, Innovación y Tecnología de la Ciudad de Buenos Aires, y capo del emprendedorismo vernáculo. Respiraron. ¿Respiraron?

#A ver esas palmas. El aplausómetro del Congreso registra la performance de los legisladores en el recinto. En Diputados es una tradición, no así en Senadores, donde es una expresión que -por acuerdo tácito de sus integrantes- se trata de evitar. En la Cámara Baja, en cambio, el viejo y querido aplauso se utiliza como una suerte de premio, tanto de sus pares como de quienes siguen una sesión desde los balcones del Congreso. A veces, el aplauso lo detona la buena verba del orador, otras el tema en debate, la chicana precisa o la propuesta que esté fuera de toda discusión. Tampoco es que se le prodigue esa muestra de respaldo a cualquiera. Según el el estudio realizado por Parlamentario para su Indice de Calidad Legislativa, durante el 2016 no todos los diputados recibieron aplausos. La contracara fue el titular del interbloque Cambiemos, Mario Negri, quien se lleva los aplausos por ser el diputado más aplaudido: 82 veces. MDZ pasó en limpio cómo ranquearon los representantes mendocinos, de acuerdo con la cantidad de veces que recibieron palmas: Luis Petri (21), Guillermo Carmona (20), Alejandro Abraham (10), Susana Balbo (9), Soledad Sosa (7), Graciela Cousinet (5), Luis Borsani y Patricia Giménez (4), Rubén Miranda (2) y Stella María Huczak (1). Ahora bien, si vamos a los proyectos presentados, ese es otro cantar y ahí sí que no damos fe de si no habría más abucheos que aplausos.

Letra chica: El legislador que más habló fue el titular de esa cámara, Emilio Monzó, lo cual es más previsible ya que debe ser quien conduce o reencauza los debates. Entre los que distienden las sesiones más tediosas con chascarrillos aparecen la inefable Lilita Carrió y el tristemente célebre Alfredo Olmedo, quien pasará a la historia por ser el único que voto en contra de la ley que limita el 2x1 a los genocidas.

#Colornejo. Desafiaba el poeta Raúl González Tuñón, allá por principios del siglo XX: "Eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa". Alfredo Cornejo, gobernador del siglo XXI, no la quiere rosa, la quiere morada y, si es posible, sin poner un peso para no violar el credo de la austeridad, piedra basal de su "revolución de lo sencillo". Alguna vez, hit mediante, el color en boga en el planeta Argentina fue el "esperanza". Con su invocación al "sí se puede" en versión pop, Diego Torres disparó un fuerte consumo del verde es su más amplia gama. Desde que Cornejo desembarcó en la municipalidad de Godoy Cruz y después en el sillón de San Martín, Cornejo pintó todo de morado, en un claro y obvio homenaje a su entrañable Franja Morada. Ahora, todo bajo su órbita lleva el "colornejo", desde la página web de Gobierno hasta las luces en los actos oficiales. Ni siquiera la Villa Olímpica que soñó Paco se libró del morado alfredo. "Al cabo de 4 años, esta provincia va a parecer un moretón", comentó un periodista que salía de Zaldivar. ¿Lo habrá dicho como una metáfora?

Letra chica: Godoy Cruz festejó el jueves su 162º y nada mejor que hacerse un súper regalo: la compra del cine-teatro Plaza, todo un emblema cultural de esa comuna. El gobernador y ex intendente de ese departamento dio el presente. Acorde a su impronta, hubo "colornejo" por todos lados: mesa en la que se firmó la compra, luces en la fachada del Plaza y hasta en la cartelera de la vereda.

#Atenti al semáforo. Desde el azul hasta el naranja, los colores van marcando el nivel de gravedad climática. El azul indica tiempo estable, mientras que el naranja alerta sobre una situación climática crítica. Este semáforo virtual forma parte del del Centro Único de Información Meteorológica (CUIM) que tiene como misión simplificar la información que proveen organismos como Defensa Civil, Ministerio de Seguridad, Contingencias Climáticas, Oficina de Vigilancia Meteorológica, Servicio Meteorológico Nacional y representantes del Ianigla. Hasta ahora cada uno emitía su propia alerta y la información atomizada daba como resultado que ante las nefastas consecuencias de las últimas tormentas todos se patearan la pelota y no hubiera un solo responsable a quien señalar. Ahora, prometen, habrá protocolos de comunicación interna para la elaboración del informe que frente a cada fenómeno cada uno tendrá que presentar a Defensa Civil. Finalmente, este organismo será el encargado de dar a informar a la población. Una cadena que deberá estar muy bien aceitada para que alguna vez surta efecto. Mucho se habla de la Modernización del Estado y Mendoza ha dado señales de querer avanzar en esa línea. Lograr que se actúe ordenada y eficientemente ante posibles catástrofes o simples zondas también tendría que ser parte de ese aggiornamiento del sector público.

Letra chica: Pese a que una de las principales fallas en el colapso de las tormentas fue la pésima comunicación (algo reconocido hasta por el gobernador), el nuevo titular de Defensa Civil, Daniel Burrieza, pegó el faltazo como invitado a un programa de radio porque tenía "otras prioridades". Reviendo su actitud (o un oportuno tirón de orejas), el nuevo funcionario habló de todo y dijo que la provincia está preparada, pero que aún faltan ajustes.

#Algo huele a Puputov. Alguna vez dijo que Hugo Chávez se le apareció en forma de "pajarito chiquitico" (sic) y lo bendijo. Cuatro años después, mostrando que no tiene límites para el cinismo ni para el ridículo, Nicolás Maduro les habló face to face a las vacas y, fiel a su estilo, les bajó línea: "Las convoco desde ya a la Constituyente. Quiero que voceros, líderes y productores del campo, sean los próximos diputadas y diputados de la Constituyente. ¿Me van a acompañar, me van a apoyar en la Constituyente. ¿O ustedes quieren guarimba, quieren quema, quieren muerte? Los que queremos paz vamos a la Constituyente". La situación actual en Venezuela ha llegado a situaciones como las de un presidente desbordado hablando a las vacas y a la oposición apelando al uso de "cócteles Puputov", que no son otra cosa que frascos, tarros de pintura, botellas o bolsas plásticas rellenos con excrementos, para también dejar su marca. Mientras Maduro los repele con gas y balas, ellos proponen derramar algo natural pero que no implique pérdidas humanas (ya suman 39 las víctimas fatales de la represión chavista). Además, en tren defensivo, a través de las redes sociales difunden la fabricación artesanal de escudos para protegerse de las fuerzas policiales y militares que les impiden manifestarse y marchar por las calles. El efecto Puputov fue tal que el odorífero neologismo tuvo sus cinco minutos de fama en Wikipedia. "Proyectil de fabricación casera, compuesto de heces fecales diluidas en agua. Este artilugio fue utilizado para confrontar a fuerzas policiales y militares en las manifestaciones contra el Gobierno de Nicolás Maduro, durante la primavera venezolana de 2017", decía la definición que pocas horas después de su publicación fue misteriosamente borrado de la enciclopedia mundial.

Letra chica: Como buena discípula maduriana, la inspectora general del Tribunal Supremo de Justicia, Marielys Valdéz, alertó que las "puputov" son "armas biológicas" y que su utilización tiene una fuerte penalidad. "El uso de las armas químicas, en este caso las heces de personas o animales, generan consecuencias que no van dirigidas sólo a quien recibe el arma. Puede extenderse a las poblaciones, a las aguas, contaminar terriblemente", advirtió la funcionaria.

El resaltador

"La sociedad ha elevado la vara y no tiene la más mínima voluntad de tolerar a un solo funcionario que se enriquezca en la función pública. En los hechos de corrupción, la Justicia está actuando pésimo. Hay un retraso extraordinario en las investigaciones. En algunos casos hay dilaciones llamativas".

Laura Alonso, titular de la Oficina de Anticorrupción (OA)