Magalí: ser transexual en un penal de varones de Mendoza

La suya es una historia que une la valentía de reconocerse a sí misma con la oposición social a ese reconocimiento. Supone, tal vez, el peor escenario de desarrollo: una cárcel. Sin embargo, la vida te da sorpresas. Allí donde todo parece oscuro y ominoso, aparece  una fuente en la que todos los mendocinos deberíamos abrevar.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

Magalí: ser transexual en un penal de varones de Mendoza

Ulises Naranjo.

Fue hace unas semanas: una imponente mujer de un metro ochenta y pico comenzó a caminar hacia mí, en el patio de la cárcel masculina Boulogne Sur Mer. Vestía una ajustada musculosa blanca, pollera encima de la rodilla y cabellera larga, libre y castaña, hasta el pie de su espalda.

Era imposible no sustraerse a su presencia y su andar seguro, más imposible aún si su andar la llevaba directo hasta mi hocico. Se paró frente a mí, sin dejar de observarme, y demoró unos segundos antes de hablar, pues así es ella de seductora.

Yo estaba en otra: en ese momento, era el organizador de un recital de cantautores de varios países que aceptaron llevar sus artes a la prisión y, en tal trance, entre músicos, presos, cables, guardiacárceles y parlantes, ella, parada frente a mí, fue directo al grano:

- Ni te acordás de mí

- Ni me acuerdo de vos

- Gracias a vos pude conocer Brasil .

- ¿En serio?

- No te acordás de mí, porque es imposible que te acuerdes de mí, aunque tengas buena memoria. Me conociste como Sebastián, hace unos veinte años.

- ¿Y ahora..?

- Ahora, soy Tania Magalí, lo que siempre quise ser.

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Sí: Tania Magalí Baños es transexual y está en cana en la cárcel de varones Boulogne Sur Mer, donde hay un pabellón, el 14 B, que cobija a transexuales, travestis, gays, bisexuales y algunos heteros.

Las cárceles siguen siendo sitios horribles, ya lo sabemos, pero el salto de la calidad para una preso trans es enorme, sideral y ejemplar, si nos fijamos en cómo eran los penales en las décadas del ‘80 y ‘90, por ejemplo. Que haya un pabellón destinado para ellas y ellos era imposible de considerar en otros años: ni siquiera en los mejores sueños algo así aparecía. No obstante, está más que claro, el machismo y la discriminación siguen omnipresentes en los penales y Magalí será quien lo testimonie.

Así, pues, luego de aquel primer encuentro en el que charlamos un rato, nos dimos un abrazo y prometimos volver a reunirnos para contar su historia, porque Magalí tiene la necesidad de que se conozca, para educar a sus prójimos, no sólo en la cárcel, sino en todos los rincones de Mendoza.

De este modo, hace unos días, mientras, junto a otro profesionales, organizamos un foro de diversidad sexual en esa cárcel, nos tomamos un rato con Magalí para charlar sobre las curvas de la vida.

Fue así: hace 17 años, ella era él: Sebastián Baños, un magnífico y vigoroso bailarín de folclore argentino y latinoamericano, quien ganó un concurso entre decenas de pares para ir a perfeccionarse a Brasil. Como no tenía un mango, me buscó y nos reunimos e hicimos una nota pidiendo ayuda, que publiqué en el diario en que trabajaba por entonces, el Uno.

La ayuda de los lectores llegó y la entonces chica en cuerpo de muchacho viajó a perfeccionarse a Brasil durante un par de meses.

Publicaste la nota el 6 de agosto del 2001. Yo era gay y vos contaste mi historia, pero la verdad es que yo nunca quise ser Sebastián: siempre me sentí Magalí o Tania, pero pasaron muchas cosas en mi vida. Es muy difícil encarar procesos como estos y ser aceptados por la sociedad y conseguir trabajo. Por eso, caí en el delito y terminé presa y acepto mi condena. Y tampoco es nada fácil estar privada de la libertad siendo trans, bi o gay, aquí el machismo es fuertísimo y nos sentimos constantemente discriminadas. Acá, estamos todos presos, pero parece que hay más jueces, que presos, porque todos te juzgan: por tu orientación sexual, por tu ropa, por la causa que te trajo aquí, en fin, por todo. Muchos presos discriminan al pabellón de diversidad de género, pero este es sólo un pabellón más y nosotros estamos agradecidas y agradecidos con el Servicio Penitenciario por darnos un espacio donde estar tranquilas y tranquilos ”, comenta ella, respecto del lugar de alojamiento, donde, por ahora, hay 19 personas.

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Hasta no hace mucho, a este tipo de intern@s no se les permitía usar ropas femeninas, ni maquillarse ni ingresar elementos tan necesarios como depiladoras, pues bien, ahora pueden hacerlo y vivir sus elecciones sexuales sin perder el derecho de ejercerlas, aunque se encuentren en prisión.

Para Magalí, la primera persona que hizo un pabellón homosexual en Argentina fue Paloma León: “ Ella hizo muchísimo para que se creara un pabellón de diversidad de género para las chicas transexuales que había en Mendoza. Ella también consiguió que dejaran de cortarnos el pelo para dejarlo como el de un varón. Para las mujeres trans el pelo largo es lo más importante que podemos tener y lo primero que hacían era pelarnos. Además, no nos dejaban usar ropa femenina ni tener ni siquiera un esmalte de uñas, por suerte, todo eso ha cambiado ”.

A pesar del encierro y las discriminaciones de los otros presos, ella considera que la reclusión ahora es más soportable: “ Queda mucha discriminación. A la sociedad no les cambiás la cabeza de un día para otro, pero que, por ejemplo, se organice un evento de diversidad sexual a las chicas y los chicos del pabellón nos sirve mucho. Acá nos estamos educando todos para dejar de discriminar ”.

Vemos que sigue siendo el mismo tema aquel que nos divide: la intolerancia con los distintos.

La política, el deporte, la sexualidad, la religión o las internas dentro de cada profesión siguen constituidas por una ceguera apoyada en un intolerante bastón: castigar a los que sostengan valores distintos, a los que luzcan distintos y, especialmente, a los más pobres del sistema, que son también los desfavorecidos en toda índole, más allá de su situación económica.

Igualmente, cerremos con algo de optimismo: si en una cárcel se pudo organizar un foro en el que participaron activamente presos heterosexuales, homosexuales, bisexuales y presas transexuales y travestis y, allí, junto a profesionales y guardiacárceles, entre todos, debatir y construir pensamiento plural, pues en cualquier espacio social podremos hacerlo.

- Gracias a Dios, soy Tania Magalí , dice ella, para cerrar el círculo de sí misma. Y vaya si lo logra, con su sonrisa final, que tiende a negar que estamos en el vientre de una cárcel levantada en 1905.

Comenzar a cerrar la grieta es cuestión de animarse y aprender a escuchar y a repartir mejor.

Ulises Naranjo .

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