Lo último para ver: gente ordenando

El reality A ordenar tuvo un éxito inmediato, pero también hizo que nos preguntaramos hasta qué punto estamos dispuestos a ver personas realizar tareas totalmente cotidianas para entretenernos.

Francisco Pérez Osán

Lo último para ver: gente ordenando

Lo último para ver: gente ordenando

Marie Kondo tiene una idea fija: las personas podemos ser más felices si somos más ordenados. Su idea fija ya fue presentada en formatos variados. Charlas, libros, un canal de YouTube y, ahora, un reality en Netflix que se viralizó en las redes, tanto por sus fans como por sus detractores.

Es fácil ver por qué tiene fanáticos. Hay una atracción muy fuerte por ver a otras personas hacer cosas que uno no hace, o le cuesta hacer. Marie Kondo, en su serie A ordenar, obliga a vagos como uno a ordenar sus casas, que son tan desordenadas como la de uno. El proceso, que dura semanas enteras, es acompañado por un equipo de camarógrafos que registra cómo la pila de libros que le estaba arruinando la vida a una pareja de jubilados encuentra un nuevo lugar y se transforma en fuente de felicidad. Todo es muy terapéutico, muy zen.

Marie Kondo es una japonesa de 32 años experta en organización, quien creó su propio método llamado Konmari, que se basa en desprenderse de todo aquello que no nos produzca alegría. Parte del método consiste, por ejemplo, en contarle a la casa que se va a ordenar lo mucho que la queremos, o darle las gracias a los objetos que se vayan a tirar. También tiene otras directivas mucho menos ridículas y muy útiles, como por ejemplo su forma de doblar la ropa que optimiza el uso del espacio, o su método para organizar los cajones, utilizando numerosos contenedores para objetos de diferentes tamaños.

En A ordenar, Marie Kondo le enseña su filosofía a jubilados, estudiantes, matrimonios jóvenes, matrimonios grandes, etc... El programa es una cruza entre los que mostraban la vida de los acumuladores compulsivos -como Hoarders-, y las series de autoayuda que tanto éxito tienen en Estados Unidos -como Dr. Phil-. Uno de los grandes atractivos del show es que la mayoría de los tips que da, y que no incluyen hablarle a la ropa vieja, se pueden utilizar en las casas de los espectadores. Lo malo es que es más probable que lo único que consiga sea que quien mira la serie de dé cuenta del estado de desorden permanente en el que está su vivienda, pero eso no es culpa de Marie Kondo.

El notable éxito que A ordenar -estrenado hace una semana- tuvo en Netflix nos lleva a pensar hasta qué punto estamos dispuestos a ver a personas realizar trabajos triviales. No es una tendencia nueva. Desde hace algunos años, quizá más de una década, se fueron produciendo más y más programas del género "gente haciendo cosas". Algunos ejemplos, sin nombrar el programa, sólo la ocupación: gente pescando, gente arreglando casas, gente vendiendo casas, gente arreglando autos, gente comprando antigüedades, gente vendiendo antigüedades, gente comprando antigüedades en una trafic, gente exterminando plagas, gente adoptando animales, gente construyendo peceras, gente construyendo casas en árboles, gente haciendo tatuajes, gente cocinando tortas, y etc, etc, etc.

Entonces, nos preguntamos: ¿llegamos al límite de lo que es aceptable mirar hacer a alguien? Probablemente no. Además, A ordenar es realmente útil si alguien quiere aprender a, justamente, ordenar, mientras que Pesca mortal es completamente inútil para alguien que quiere aprender a pescar. Lo cierto es que en las redes el nuevo programa sobre ordenar tuvo una recepción diversa. Por un lado, aceptación masiva, y por otro, los memes de quienes se dieron cuenta de que cada vez hay que hacer menos para entretenernos.

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