Las tres razones por las que gritar ayuda a aliviar el dolor

Para muchos es un mito, pero no lo es. Especialistas no sólo corroboraron esta idea, sino que también descubrieron otra cosa: los insultos y las palabras racionales no se originan en la misma zona del cerebro.
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Las tres razones por las que gritar ayuda a aliviar el dolor(Fotolog.com)

Las tres razones por las que gritar ayuda a aliviar el dolor | Fotolog.com

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Las tres razones por las que gritar ayuda a aliviar el dolor | Fotolog.com

Diversos estudios han comprobado que los pensamientos gratos hacen que su atención se centre en ellos y olviden el dolor. También se ha comprobado que la risa disminuye hasta 50% la intensidad del dolor y la necesidad de tomar analgésicos, incluso en pacientes con dolores crónicos.

La gran pregunta: ¿gritar fuerte sirve para sufrir menos, aunque incomode a los que tengamos cerca de nosotros? Un experimento sometió a un grupo de personas al dolor del agua helada. Aguantaron más tiempo aquellos a quienes se les permitió gritar, especialmente si decían palabrotas.

Muchos otros animales lloran, gruñen o chillan cuando algo les duele. Desarrollamos el instinto de gritar por tres razones principales:

1. Espantar a un posible atacante.

2. Advertir a otros de un peligro.

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3. Llamar la atención.

Así, una respuesta sonora al dolor podría ser consecuencia de la evolución de estructuras ancestrales de nuestro cerebro.

Es interesante cómo la región de la que provienen las palabrotas y blasfemias es distinta de la que origina el resto del lenguaje, en el hemisferio izquierdo.

La zona desde la que emitimos las palabrotas se sitúa en la parte central e interior del cerebro, donde se ubica la amígdala cerebral, que interviene en la respuesta llamada "huir o luchar", que nos prepara para afrontar la acción y reduce la sensibilidad al dolor.

Y no sólo gritar ayuda a reducir el dolor: los insultos logran el mismo efecto.

Un estudio con 64 voluntarios ha comprobado que diciendo palabrotas somos capaces de resistir durante más tiempo el dolor que genera introducir las manos en un recipiente lleno de hielo. En concreto, los sujetos resistían el dolor durante 40 segundos más lanzando improperios que si decían palabras no ofensivas, como describir el aspecto de una mesa. Además, la intensidad del dolor percibido también se reducía con los tacos (hipoalgesia).

"Parece que existe una razón para el desarrollo de estas palabras en todos los idiomas", afirmó el especialista Richard Stephens tras el experimento, cuyos detalles se publican en la revista especializada NeuroReport.

También investigadores de la Universidad de Keele, en Gran Bretaña, confirmaron que las personas que gritan y dicen groserías a la hora de sentir dolor, ven disminuida esta sensación.

Según estos últimos, cuando gritamos -más si lo hacemos con malas palabras-  el cerebro tiene un distractor mayor y hace que la sensación de dolor disminuya; de ahí el instinto natural de gritar cuando algo nos duele.