La pasarela de la Patria: del chiripá a la minifalda

Comprender la historia del país también es posible a través de la ropa, el peinado o el calzado. Así lo demuestra el experimentado periodista e historiador Daniel Balmaceda en su nuevo libro "Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina". De los sombreros y corbatas infaltables a las boinas blancas, los jeans y las bikinis, los cambios de vestuario han ido reflejando desde lo estético algunos de los procesos más trascendentes del país. 

Rubén Valle

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Si algo viene demostrando libro a libro el periodista y escritor Daniel Balmaceda es que a la historia argentina se la puede contar -y reconstruir- desde sus perfiles menos previsibles. Así lo confirma en Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina, donde escudriña lo que se utilizó en cada época para iluminar otras zonas de nuestro pasado. 

La aparición de ciertas prendas también supusieron una revolución en la sociedad. Desde el uniforme sanmartiniano, el chiripá y el poncho hasta la bikini, el jean y la minifalda dejaron su impronta. Como también la elegancia del dandi Manuel Belgrano, el bigote de Alfredo Palacios o las joyas de Eva Perón.

El autor desentraña lo cultural, social, económico y político de nuestro país a través de la ropa, el peinado o el aspecto general de personajes notables o de ciudadanos comunes que en algunos casos pudimos apreciar gracias al buen ojo de los pintores de entonces o posteriormente a medias en imágenes sepiadas.

Al igual que le pasó al propio Balmaceda, después de la lectura de Qué tenían puesto es inevitable no prestarle una atención extra a este peinado, aquel vestido o a aquella cartera. El tiempo dirá, advierte el especialista, si merecen dejar su muesca en la historia nacional. 

Volviendo al presente, el hombre que ya peina canas y cultiva el "elegante sport" habla con MDZ de cómo a un país también lo explica un caudillo con chiripá, un presidente con ínfulas de dandi, un cantor peinado a la gomina, un niño con guardapolvo blanco, o una mujer con un corte a la garçonne o desafiando la moral de la época con osados pantalones o minifaldas.  

-Por lo general, tus libros transitan los aspectos menos trillados de la historia. ¿Cómo surgió la idea de abordarla desde la moda?
-Como siempre, estoy tratando de ver aspectos de la historia que hayan quedado más descuidados, sobre todo lo que se aprende en la formación escolar. De la misma manera que anteriormente había hecho algo sobre el tema de la comida, me pareció que también conocer el vestuario y las diferencias en entre la ropa de 1810, 1850, la del 1900 y entender por qué hoy nos vestimos de esta manera, a quiénes les hemos ido copiando los estilos, parecía casi natural trabajar sobre un tema que es tan común para nosotros, de la misma manera que comemos nos vestimos. 

-La moda suele verse como sinónimo de lo superficial, lo exterior. El continente, no el contenido. Sin embargo, en cierta forma definís cada época en función de ese rubro. ¿Qué datos revela de las personas, la época, la industria, la economía?
-Lo primero es que la moda es un fiel reflejo de cada época y, sobre todo, de los grandes acontecimientos de la historia, de los que ya quedan muy marcados, como ser las revoluciones, las guerras o los grandes movimientos artísticos. En el estudio, en el conocimiento, en la investigación de este libro resultó notable la relación entre una cosa y la otra. Por ejemplo, la época de la Segunda Guerra Mundial había que ahorrar género y los trajes de los hombres se dejaron de usar largos y pasaron a ser bastante cortos. O en la Revolución de Mayo las mujeres tenían peinados para mostrarse realistas mientras que las que eran patriotas se peinaban de otra manera. Unas se peinaban para la derecha y las otras para la izquierda. Por lo tanto, la relación entre los hechos históricos y la moda es muy directa.

-De todos modos, la perspectiva que dan los años es la que permite valorar el impacto real. Me imagino el trabajo de las damas patricias en la gesta sanmartiniana, con los uniformes, la bandera y demás prendas de entonces, que después resultaron icónicas...
-Sin duda, cuando uno está transitando su vida y sus cuestiones cotidianas no tiene la posibilidad de verlo desde afuera. Por eso en este caso pude hacer una lectura de temas mucho más cercanos, como la llegada de la minifalda a la Argentina. El libro empieza con Cristobal Colón pero termina en el año 1967, inclusive hay un avance sobre temas más cercanos en el tiempo. Un lindo recorrido cronológico por los distintos vestuarios.

-¿Y puntualmente qué vínculos observaste entre la vestimenta y los poderosos?  
-Siempre hubo referentes de la moda. En el poder o a un costado del poder. Belgrano, para hablar de una de las personalidades más importantes de nuestra historia, fue cultor del dandismo, un estilo que se imponía en Londres, ya promediando la década de 1810. Cuando regresó de Londres, llamaba mucho la atención por su vestuario. Fue un referente de la moda como después lo fue Manuelita Rosas o Victoria Ocampo. Y entre los hombres no dejaría de mencionar al presidente Manuel Quintana, un hombre muy elegante, que también marcaba lo que significaba la elegancia y el bien vestir a comienzos del siglo XX.

No había una cuestión de género cuando se hablaba de moda o de cuidados personales. La tintura para las canas era consumida por toda la población. Cuando llegaban los barcos con esas tinturas se vendían inmediatamente".

Y el cuidado del bigote de Alfredo Palacios era un trabajo minucioso que hoy llamaría la atención pero que era habitual para ellos. El cuidado personal se fue perfeccionando, podemos decir que los hombres del 1800 y comienzos del 1900 eran muy cuidadosos de su aspecto. A medida que fueron pasando las épocas eso se fue  perfeccionando, en cambio las mujeres siempre tuvieron ese aspecto más coqueto e incluso algo mucho más importante, que era la audacia.

El hombre tardaba mucho en asimilar cambios de vestuario, pero en las mujeres era más vertiginoso. Por eso hubo mucho más cambios en ellas al cabo del tiempo que en los hombres".

-Después de esta investigación, cuando observás cómo visten el presidente, su mujer, o los legisladores y dirigentes más mediáticos, me imagino que ya los verás con otros ojos.
-En realidad, no es nada más la mirada a los personajes de la actualidad sino en general. Lo que más percibo son los grandes contrastes, porque hoy es una época muy sin corbata y en otros tiempos a nadie se le podía ocurrir estar en cualquier tipo de actividad sin una corbata. Mucho más atrás en el tiempo hubo un integrante del Cabildo de Salta que en un momento salió sin sombrero y la crónica que menciona ese hecho decía "Salió sin sombrero como si fuera un loco". Todos esos cambios muestran un contraste con nuestro presente. Hemos vivido épocas mucho más elegantes que la actual.  

 -Sin la perspectiva que da el paso del tiempo, pienso en símbolos más cercanos que se mezclan con la política, como pueden ser las carteras Louis Vuitton, los pañuelos verdes o celeste, la campera amarilla de un legislador. ¿Creés que quedarán como referencia de esta época?  
-No tendría manera de responderlo porque me falta la distancia temporal como para poder medirlo. En todos los tiempos hubo elementos que marcaban una posición, como por ejemplo las boinas blancas de los radicales, que tuvieron muchísimo protagonismo durante varias décadas y después se fueron perdiendo. La verdad que lo que perdura como clásicos son elementos que nos unen a todos, como por ejemplo la admiración que nos despierta siempre un uniforme como el de los Granaderos a caballo, diseñado por el propio General San Martín cuidando los detalles de la elegancia y la funcionalidad, porque con ese uniforme tenían que pelear y también mostrarse. Estaba pensado para impactar en el campo de batalla, parecer más grandes de lo que eran y con elementos de protección como las charreteras. Esa es una prenda que podemos considerar un clásico, o las cintas celestes y blancas que nos representan de hace más de 200 años. Habrá que ver más adelante que ocurre con los actuales, cuáles sobrevivirán al paso del tiempo. Por ahora la lección es que no se mantienen. 

-Uno de esos hitos de la moda se produjo en el ámbito de la educación con la incorporación del guardapolvos blanco...
-Justamente ahí mencionás un elemento que se mantuvo mucho en el tiempo y que fue un guardapolvo que buscó unificar, hacia 1905, a los estudiantes para que no se notaran en la ropa las diferencias sociales que buscó copiar, por razones higiénicas, el guardapolvo blanco de los médicos. Era una época en que a la higiene escolar se le prestaba mucha atención y había recomendaciones del aseo apropiado para asistir a la escuela. El guardapolvo blanco permitía advertir con rapidez la falta de aseo. Se impuso en la Argentina y después se fue trasladando a los países limítrofes. 

-Sos un entusiasta usuario de las redes sociales. Ahí se refleja claramente tu mirada periodística y que te sigue un público que quizás no es el habitual consumidor de temas históricos. ¿Te nutren estas vías para tus trabajos, más allá de utilizarlas para difundir tus intereses y tus libros? ¿Qué sacás de ese ida y vuelta con la gente?
-Para mí las redes sociales son muy importantes para el desarrollo de mi trabajo. Por un lado puede percibir hacia dónde avanza el interés. Por otra parte, si cometo un error y alguien me lo marca, o lo que me responden me permite corregirme, me están ayudando a ser mejor. Así que celebro mucho eso. Y también sentir el aliento de la gente en las redes ayuda mucho a levantar la guardia en esos días en que parece que todo marcha para atrás. 

-En esa línea que recuperar las claves de la historia cotidiana, tal como lo hiciste con las comidas y ahora con la moda, ¿qué tenés en carpeta para próximas publicaciones?
-Siempre que estoy trabajando en un tema estoy paralelamente con varias investigaciones más. Eso me sirve mucho para trabajar en diversos temas. De hecho, hace unos veinte días estuve en el Archivo Histórico de Mendoza y trabajé con dos o tres temas a la vez. Siempre vale la pena aprovechar esos archivos para más de una investigación. Por ejemplo, estoy trabajando para unas biografías para chicos y en temas costumbristas. Los archivos son útiles para buscar aspectos de la historia más coloridos y tratar de difundir esos temas que a veces están fuera del foco y sin embargo son muy ricos en información y novedades. 

-No puedo cerrar estar charla sin preguntar "Qué se ponía" Balmaceda en años ha o cuáles fueron sus hitos...
-Ja ja. En realidad, lo que me pasa es que trato de prestarle más atención al vestuario, sobre todo cuando me pongo una corbata, cuando uso un blazer o uso un traje con un tajo en la parte de atrás, rápidamente puedo entender por qué estoy vistiéndome de esa manera. O cómo hemos llegado a que se use esa ropa. Eso me resulta muy atractivo. 

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#Bio. Daniel Balmaceda es periodista graduado en la Universidad Católica Argentina. Trabajó como editor de las revistas Noticias, El Gráfico, Newsweek, La Primera y Aire Libre. Es miembro titular y vitalicio de la Sociedad Argentina de Historiadores y miembro de número del Instituto Histórico Municipal de San Isidro. Fue distinguido como Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Presidió la Fundación Cristóbal Colón entre 1989 y 1993. Es columnista del diario La Nación, y se desempeña como consultor de historia en instituciones y en diversos medios escritos, radiales y televisivos del país. Es uno de los divulgadores de historia más importantes de la Argentina.  

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#Qué tenían puesto
Daniel Balmaceda
Sudamericana
384 páginas
$549
 2018


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#BibliotecaPersonal

  • Espadas y Corazones, pequeñas delicias de héroes y villanos de la historia argentina (2004)
  • Oro y Espadas, desde que Pedro de Mendoza se instaló en Buenos Aires por culpa de un loco hasta cinco minutos antes de mayo de 1810 (2006)
  • Romances turbulentos de la historia argentina (2007)
  • Historias insólitas de la historia argentina, desde que Urquiza llenó su casa de hijos hasta que Alfonsina se vistió de mar (2008)
  • Historias inesperadas de la historia argentina, tragedias, misterios y delirios de nuestro pasado (2009)
  • Historias de corceles y de acero, de 1810 a 1924 (2010)
  • Biografía no autorizada de 1910 (2010)
  • Historia de letras, palabras y frases (2011)
  • Romances argentinos de escritores turbulentos (2013)
  • Buenos Aires en la mira (2014)
  • Estrellas del pasado (2015) 
  • La comida en la historia argentina (2016)
  • Qué tenían puesto. La moda en la historia argentina (2018)

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#EnLasRedes

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