La odisea de Bethany y Lauren: atravesar el continente caminando

Son caminantes norteamericanas y la hazaña les llevará, por lo menos, cinco años. Partieron de Usuhaia y llegarán hasta el paraje más al norte de Canadá. Conocé esta inspiradora aventura.
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Ulises Naranjo

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La rueda, la domesticación del caballo y, un rato después, la Revolución Industrial y la Astronáutica nos apartaron definitivamente de nuestra dimensión de lo humano. Desde entonces, no comprendemos absolutamente nada de la noción de procesos. Andar más rápido que nuestras piernas nos condenó a convertirnos en algo que naturalmente no éramos ni somos y aquello en lo que nos convertimos no tuvo ni tendrá vuelta atrás: somos un caso perdido y a la crónica de ese fracaso la llamamos historia. 

Es que, en especial, cambió nuestro sentido de la aventura: la idea de una velocidad casi sin desgaste, de un tránsito sin mayores costos existenciales, ha provocado que no sepamos quiénes somos, pero habitemos un planeta casi totalmente explorado. La idea del estúpido turista ha reemplazado, sin más, a la del esforzado viajero. 

Sin embargo, siempre hay preciosas excepciones y aquí, a mano, tenemos un caso particularmente excepcional, ejemplar, inspirador y nutritivo: el de Bethany Hughes (34 años) y Lauren Reed (32). Las señoritas, hace un par de años se embarcaron en la aventuras de invertir buena parte de sus preciosas vidas en atravesar a pie todo -todo, todito- el continente americano. Su aventura, que durará cinco años, puede seguirse desde aquí

Iniciaron la hazaña en 2015, desde Usuhaia y la aventura las trajo hasta Mendoza. Bethany y Lauren no andan por andar: buscan historias, sobre todo de mujeres, y también alertar sobre la cada vez más desenfrenada apropiación del espacio público en manos privadas. La naturaleza, vienen a sintetizar ellas, no es de nadie, porque es de todos. 

"Esta es nuestra manera honesta de comunicación con los territorios y con sus gentes. Lo hacemos así, de manera humilde, porque caminar te quita rapidez. Y también porque nos gusta", inicia Bethany, quien tiene un muy buen castellano y una hermosa sonrisa, que ganó creciendo en Latinoamérica. Más seria, circunspecta, y en inglés, Lauren irá aportando lo suyo, porque sabe de qué se trata lo que hacen; de hecho, ya atravesó caminando tres veces los Estados Unidos. 

Ahora mismo, imaginen a las dos señoritas atravesando el cuero del continente, haciendo de sus palpitaciones la banda sonora de una aventura sin igual, a bordo de sus piernas curtidas, de amaneceres a crepúsculos, siguiendo las faldas, por ahora, de la Cordillera de Los Andes, siempre por lugares donde encuentren agua. 

En su camino, se han ido encontrando con gente guapa: mujeres laburantes, gauchos, artistas y montañistas. Todos, han caminado trechos con ellas, acompañándolas en la proeza. 

"Hemos encontrado, por ejemplo, a algunas mujeres abusadas que busan superar sus situaciones. Todos hacemos cosas excepcionales, pero algunas personas más", sigue Betania, como también le gusta que le digan.

"Nos adviertieron mucho sobre seguridad, peligros. Y evitamos situaciones riesgosas; hacemos mucha prevención. Y tenemos tres principios que nos guían: seguridad, flexibilidad o adaptabilidad y respeto", aporta Lauren. Sin embargo, los imprevistos están, como una vez, que un río la arrastró por cien metros, hasta que pudo asirse de una piedra. 

Las chicas ya llevan 4200 kilómetros caminados, cada una ya destrozó seis pares de zapatillas y en sus mochilas llevan un promedio de 20 kilogramos de peso, lo cual es muchísimo. 

"Nos preocupa mucho lo que vemos con los espacios. Los privados avanzan y avanzan y no respetan ni siquiera las márgenes de los ríos. La naturaleza no puede estar cerrada", insisten ellas, sobre un tema crucial de nuestros tiempos. 

- ¿Qué necesitan, chicas? ¿Cómo podemos ayudarlas?

- Necesitamos que más gente se suba al tren de lo imposible. Que la gente se una, por ejemplo, argentinos y chilenos en temas aduaneros, que los privados compartan la naturaleza, que se proteja la idea de aventura...

Betania y Lauren tienen un plan detallado de lo que harán, pero se van adaptando a las circunstancias, con un solo mandato: se hace a pie. De Mendoza, irán hasta Salta, entre montañas y, de allí, apuntarán a Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. En noviembre, por lo pronto, quieren llegar a Macchu Picchu, en Perú, donde se reunirán con sus familias, para subir todos juntos hasta el sitio sagrado de los incas. 

"Sabemos lo que estamos haciendo. Siempre ponemos atención a nuestras necesidades. Es muy importante, para quienes quieran hacer algo así, conocerse mucho a sí mismos y tener prácticas previas. Nosotras llevamos más de 10.000 kilómetros caminados y nos conocemos cada dolor en el cuerpo y ya sabemos si es importante o no. Nuestra meta mayor, claramente, es no morir", aclara Lauren. 

Tanto Betania como Lauren estarían muy contentas de poder ir a escuelas, a lo largo de la travesía, donde poder contar por qué hacen lo que hacen, por qué caminan un promedio de 30 kilómetros por día y por qué, semanalmente, van cargando contenidos para compartir en la página https://her-odyssey.org/

"Esta es nuestra odisea. Estamos felices y agradecidas por los lugares y las personas que vamos conociendo. Y queremos compartirlo", cierra Bethany, mientras caminamos 20 metros con ellas, por la calle Arístides Villanueva, bajo un otoño imposible, pero cierto, como sus sueños. 

Ulises Naranjo