La muerte es parte de la vida en la montaña

El andinismo y todo su mundo de aventuras, aprendizajes y negocios sólo es noticia cuando hay tragedias de por medio. La alta montaña es un espacio de libertad que debe ser respetado como tal. Nadie allí puede garantizarnos seguridad. 

Ulises Naranjo

La muerte es parte de la vida en la montaña

La muerte es parte de la vida en la montaña

A ver, empecemos así: los periodistas en los medios de comunicación nos alimentamos de sucesos y a esa relevancia, nuestra ceguera constitutiva la llama noticia: las noticias son acumulaciones de sucesos determinados según la línea editorial de cada medio y según la línea editorial de todos los medios en conjunto, una construcción social que otros llaman “realidad”. 

La realidad, en los medios, es lo que ellos quieren o están dispuestos a catalogar como real y hay grandes acuerdos tácitos, implícitos (y en todos los casos, dichos o no, acuerdos ideológicos) acerca de lo que debe mostrarse y cómo, ante los ojos y oídos de las audiencias. 

Los que trabajamos en medios vamos construyendo realidad bajo preceptos y conceptos ideológicos: no hay otro modo de llevar a cabo esta tarea. 

Diarios, revistas, canales de televisión, mundos digitales, incluso, libros, cine y escuelas, van integrando un corpus comunicacional que aborda una parte pequeña de los sucesos. Otra parte es sencillamente ignorada, cuando no despreciada, censurada o prohibida. 

Los que trabajamos en medios vamos construyendo realidad bajo preceptos y conceptos ideológicos: no hay otro modo de llevar a cabo esta tarea. Ahora bien, qué realidad terminamos exhibiendo para las -aún inadvertidas- audiencias, el meollo del asunto. Punto aparte. 

Ayer murió un joven llamado Ezequiel Bassanese, en Vallecitos, durante un ascenso al cerro Rincón (5.400 msnm) por la Supercanaleta, una ruta directa que exige un importante conocimiento técnico. Dada la tragedia, los medios de comunicación consideraron al suceso como noticia, porque hubo que lamentar una muerte. "Somos noticia cuando muere alguien", suele decirme siempre un montañero amigo. 

El deportista fue hasta el lugar por su cuenta, con dos amigos, pero, no obstante, se remarcó especialmente la referencia de que se trataba de un alumno de la Escuela de Guías de Trekking y Alta Montaña de Mendoza, como si fuera especialmente influyente la filiación a la hora de explicar las razones del triste deceso. Incluso, en estos casos, hay quienes salen a buscar culpabilidades, del mismo modo que, cuando hay un rescate, otros salen a medir los costos estatales, siendo que la actividad acarrea enormes cantidades de dinero (en dólares) a la provincia y también algunos costos. 

Al mismo tiempo, corre la percepción social ante la referida tragedia: el hecho fue noticia ayer, porque encajó dentro de la lógica mediática. Sin embargo, hace apenas unos días atrás, 44 alumnos de esa escuela (ahora sí la referencia es importante, porque se trató de una salida institucional) hicieron cumbre en ese mismo cerro, pero por su ruta normal. Tal experiencia, válida a todas luces, no fue noticia, más que para algunos posteos de Facebook de los protagonistas. 

Vamos ahora a la práctica deportiva: hay que decir, una vez más, algo que todos los que practican andinismo en alta montaña saben: siempre existe la posibilidad de morir, posibilidad que debe reducirse a sus mínimos términos. De hecho, sortear tal posibilidad, probando los íntimos límites ante escenarios adversos como la altura y las constituciones del terreno, es motor de desafíos para muchos. ¿Por qué viene gente de todo el mundo a subir el Aconcagua? Pues porque es el cerro más alto, sólo por eso. A escasos kilómetros del Coloso de América, hay otro cerro igualmente hermoso y apenas unos metros más bajo, el volcán Tupungato, al que casi nadie va, porque la cumbre del Aconcagua es más alta, sólo por eso. 

La montaña, además de negocio, es un espacio de conocimiento, desafío, deleite, autorrealización y de sustento. 

En estos lugares, acecha el peligro y se vive la aventura y las vivencias se vuelven inolvidables: experiencias de vida y muerte, de esfuerzo y solidaridad, de soledad y de compañía, de superación personal, de vida latiendo al límite y, claro, de posibilidad de morir, ante tanta presencia de la vida. Así, con los años, incluso meros aficionados como este que escribe, van acumulando historias: paisajes increíbles, amigos para toda la vida, intentos de cumbres, cumbres, anécdotas, accidentes, rescates, amigos para toda la vida y también algunos amigos muertos, inolvidables, pero muertos a bordo de sus aventuras. 

El Aconcagua: aventura, límites y también un buen negocio.

Nadie puede garantizarnos la seguridad en las altas montañas y nadie puede prohibirnos adentrarnos en esos paisajes (la naturaleza no tiene dueños; no debiera tenerlos) ni que algunos -los más osados- elijan hacerlo por los lugares más difíciles y, si algo ocurre, no hay que buscar culpables. En estos casos, la misión del Estado es acompañar estas experiencias con eficacia, sin ‘pseudopaternalismos’, con debida formación y sin descuidar tampoco que el montañismo es un deporte que, cada año, deja cientos de millones de pesos a la provincia y, por lo tanto, es apropiado que la provincia gaste una parte en mejorar las condiciones generales de la actividad.  

Nadie puede garantizarnos la seguridad en las altas montañas y nadie puede prohibirnos adentrarnos en esos paisajes: la naturaleza no tiene dueños. No debiera tenerlos.  

En Mendoza, se forman, año a año, en la Escuela de Guías de Trekking y Alta Montaña de Mendoza, guías que son considerados de los mejores del planeta. Yo conozco a muchos de ellos, con los que he compartido decenas de cerros, en un puñado de las maravillosas aventuras, y puedo dar cuenta de la alta preparación. Sin embargo, nada nos quita la posibilidad de morir por errores propios o ajenos y por cuestiones previsibles, por improbables pero probables y por imprevisibles, aunque potencialmente ciertas. 

La montaña, además de negocio, es un espacio de conocimiento, desafío, deleite, autorrealización y de sustento. ¿Qué falta, en todo caso? Hay quienes piensan que es necesaria una ley integral con alta participación de los protagonistas; una letra que precise derechos y responsabilidades acerca de cómo disfrutar, en todo sentido la montaña, incluyendo las participaciones estatales, empresariales, institucionales y también las personales, porque también la montaña es un espacio de libertad y de despliegue de la íntima soledad y tal elección de vida debe ser respetada. 

Ulises Naranjo.

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