La monja budista que quiere traer el Tibet a Mendoza

Su nombre es Thubten Kundrol y lleva tiempo dando qué hablar a los medios del país desde que, años atrás, decidió construir un templo budista en Tunuyán. El proyecto original fue abandonado debido ciertos infortunios sufridos en el camino, pero el sueño de esta sonriente vegana, de cabeza rapada y vida abocada a lograr la felicidad interna, nunca pereció. ¿Quién esta mujer que apuesta toda su energía a las montañas?

Ignacio de Villafañe

La monja budista que quiere traer el Tibet a MendozaIgnacio de Villafañe

La Venerable Thubten Kundrol no siempre fue llamada por ese nombre. Cuando todavía vivía en Mendoza, provincia donde nació, era conocida como Susana Contreras. Es la única monja budista tibetana argentina, formada con los maestros del Dalai Lama. Desde que dejó el país en 1979 -siempre en busca de un estilo de vida que la llene espiritualmente-, naufragó entre Nueva York, Italia y Japón durante 13 años. Fue en este último lugar donde conoció la filosofía que hoy marca cada uno de sus días, desde hace casi cuatro décadas.

Ahora Thubten Kundrol vive en Belgrano, Buenos Aires, donde coordina el centro Yogui Saraha y ofrece cursos basados en el método de curación de la energía espiritual. Pero esta semana la Venerable, como sus fieles la llaman, volvió a visitar la provincia con el objetivo de cumplir uno de sus mayores proyectos aún no logrados: construir un templo budista en las montañas mendocinas para formar desde allí a nuevos hombres y mujeres que traigan paz, no solamente a estas tierras, sino también a todos sus alrededores.

Kundrol se pasea con sus hábitos monásticos por la casa donde se aloja en Guaymallén y siempre sonríe a quien le dirige la mirada. En entrevista con MDZ, habló sobre las razones que la llevaron a dejar Mendoza en una primera instancia, la importancia de combatir el Ego, su ropa, los motivos por los cuales volvió a su provincia natal y los primeros pasos que uno debe seguir para adentrarse en el budismo.

Viajar para encontrarse

Las vueltas de Kundrol por el mundo y su último destino no fue algo premeditado. “El hecho de que no haya encontrado budismo acá es porque no existía en esos años”, afirma la Venerable.

La experiencia de esta monja budista es la demostración de que no todos los caminos hacia lo que buscamos son necesariamente lineales: “Tenía una aspiración espiritual muy profunda de alguna filosofía que yo no sabía si era oriental o qué. Busqué y busqué, pero no encontré y con los años, ya afuera de Argentina, es que llegué al budismo”.

El hecho de que, para finalizar esa búsqueda, Kundrol haya tenido que viajar, literalmente, hasta el otro extremo del mundo es un detalle que, si bien no afecta al corazón de su historia, tampoco deja de hacerla menos sorprendente. “Por casualidad un día en Japón, participe de enseñanzas de budismo tibetano. Allí pude conectar con mi maestro y tomar los votos y seguir la vida que sigo”.

Esos eran los días en que Sandra trabajaba en Japón. Dinfundía la cultura argentina y enseñaba, entre otras cosas, a jugar fútbol en las escuelas.

El Ego atrás, la felicidad adelante

Según las enseñanzas budistas la raíz de todo aquello que no nos deja ser felices es nuestro Ego. “Seguimos la ficción del Ego”, afirma Kundrol.

“Cuando uno se olvida un poco del Ego y entra en un camino espiritual, que le hace entender qué es ese Ego, poco a poco va siendo más libre y empieza a gozar y disfrutar la felicidad y la paz interna”, explica la venerable y agrega que la clave para ser felices está en “basar nuestra vida en los valores de la ética, la moral y la compasión”.

“La paz proviene de ajustar la mente de un modo objetivo, de un modo justo, de un modo que no nos hace sufrir, porque ese es el modo natural de nuestro ser”, añade luego Kundrol.

La ropa, un símbolo

Thubten Kundrol va a todos lados con sus hábitos monásticos: un paño rojo, que la protege de los malos espíritus, y uno amarillo, como símbolo de la simpleza.

"Los hábitos son un símbolo que refleja nuestra renuncia. Siempre se usa un par de hábitos, no podemos usar más que un par de hábitos. Uno es para invierno y otro es para verano. No podemos tener muchas posesiones", explica.

Mendoza, la elegida

La relación entre Kundrol y Mendoza es casi de obstinación. El primer intento de levantar un templo en la provincia tuvo lugar casi una década atrás. En ese entonces el punto elegido se encontraba en Tunuyán pero por una serie de desventuras –un grupo de ladrones robo todo lo que había en el predio escogido- desde Nepal, sus maestros le recomendaron buscar otro lugar, con mejores energías.

Ahora Kundrol vuelve a su tierra natal –en rigor: nunca la abandonó- para llevar su postergado sueño de ayudar al país que la vio crecer. El nuevo lugar donde se encontrará el templo todavía no es seguro, se sabe que tiene que estar adentrado en las montañas, no demasiado cerca de la Ciudad pero tampoco demasiado lejos. La pregunta que cabe hacerse es, si todavía no hay espacio definido, si todavía no se consiguen los recursos para llevar a cabo el proyecto, ¿por qué insistir con Mendoza?

“Mendoza tiene varias cualidades”, asegura Kundrol. “Acá están las montañas. Las montañas dan amparo para esa concentración muy profunda que requieren las prácticas meditativas, y también representan la pureza de la luz que se irradia a todo el país y el mundo”, se explaya al respecto.

Para Kundrol, Mendoza también tiene otras características que la vuelven propicia para albergar un templo budista. Entre ellas menciona el hecho de que haya sido escogida para filmar “Siete años en el Tibet”, ya que de alguna forma “la conecta con ese lugar sagrado”, y su vínculo íntimo con José de San Martín, con quien no está “muy de acuerdo” respecto a su relación “con las guerras”, pero si comparte “la nobleza y esa inclinación espiritual, filosófica muy profunda que él tenía”. “Eso influyó mucho en el carácter de los mendocinos”, subraya.

“Yo nací acá, y la fijación que tengo es ayudar a la Argentina, y por qué no desde el lugar donde yo nací”, se pregunta la venerable y concluye: “Sería lindo tener un monasterio acá en Mendoza y poder beneficiar a todo el mundo, desde Mendoza”.

¿Cómo ser budista?

El fin, en todo caso, de levantar un templo en Mendoza, es lograr que más mendocinos sigan el camino del budismo. Pero, mientras persista su ausencia, Kundrol da una serie de consejos para aproximarse a esta creencia, sin necesidad de dar la vuelta al mundo como ella sí tuvo que hacer años atrás.

“Lo que se aconseja es tener un precedente de un cierto conocimiento de lo que es el budismo. Y ver si es compatible con el modo de pensar de uno”, indica la venerable y agrega: “Si es así, entonces estudiar un poco más, leer un poco más y encontrar el lugar donde se pueda practicar”.

Según Kundrol, “no hay nada que se pueda forzar en el budismo, es una aspiración que debe nacer de la persona”. 

“Yo pienso que todos los seres desean ser felices, deseamos ser felices. Y el budismo es la llave para lograr esa felicidad”, finaliza la venerable.
 

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