La indiferencia de todos también mata

Las muertes de Mónica, Mayra y Lautaro en el barrio Escorihuela, sumado a los antecedentes del asesino y los dichos de la fiscal, da para reflexionar.
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Editorial

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La indiferencia de todos también mata(MDZ)

La indiferencia de todos también mata | MDZ

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La indiferencia de todos también mata(MDZ)

La indiferencia de todos también mata | MDZ

La indiferencia de todos también mata(Alf Ponce / MDZ)

La indiferencia de todos también mata | Alf Ponce / MDZ

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La indiferencia de todos también mata(Alf Ponce / MDZ)

La indiferencia de todos también mata | Alf Ponce / MDZ

La indiferencia de todos también mata(Alf Ponce / MDZ)

La indiferencia de todos también mata | Alf Ponce / MDZ

Las imágenes de una jornada de terror en Guaymallén.(Alf Ponce / MDZ)

Las imágenes de una jornada de terror en Guaymallén. | Alf Ponce / MDZ

La indiferencia de todos también mata

La indiferencia de todos también mata

La espiral de violencia dentro de una pareja, termina indefectiblemente en la muerte si no es frenada a tiempo. ¿Quiénes tienen que frenarla? Si la víctima por sí sola o con sus afectos no lo logran, está el Estado, que debe olvidarse de ser una madeja que pide más y más presupuesto y empezar a dar soluciones concretas a los problemas por los que sus oficinas de atención frente a casos de violencia fueron creadas.

Pero hay un elemento fundamental que no se le escapó a la fiscal de Homicidios Claudia Ríos al hablar con MDZ y analizar lo ocurrido: sumado a que José Patricio Molina, el sindicado como asesino, tenía un antecedente por violencia de género, la funcionaria judicial dijo que los vecinos no actuaron a tiempo y que pudieron haber salvado a las víctimas.

Es fuerte su afirmación porque inculpa a un vecindario que, de acuerdo a sus investigaciones en el lugar del hecho, escuchó gritos y golpes y solo salió a la calle cuando llegaron los bomberos. MDZ dialogó con muchos de quienes habitan en las casas de los alrededores y estaban realmente conmocionados. En algunos casos señalaron que sintieron ruidos y que luego se encontraron con el incendio. Otros lo plantearon al revés: se despertaron por el ruido de los bomberos.

Pero lo que la fiscal dice es que nadie llamó al 911 en las instancias previas al doble femicidio y asesinato del pequeño Lautaro. Y ese rol también le cabe a la sociedad.

Uno de los escollos más grandes que tiene la violencia social y de género es la pasividad social, además de la abulia de los organismos públicos que en unos casos exageran deteniendo a todo el mundo y en otros, como este, dejó pasar las luces de alerta que encendía la denuncia de otra pareja de José Molina, quien además hacía alarde libremente de otra identidad.

Un vecindario como espectador morboso también permite que estos casos se repitan.

Un Estado que no aborda con tratamiento a los agresores (que evidentemente tienen un problema que debe ser atendido), solo apaga incendios pero no los evita.