La importancia de los abrazos en el Teorema de Galán

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Carlos Varela Alvarez

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La importancia de los abrazos en el Teorema de Galán

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La importancia de los abrazos en el Teorema de Galán

Es posible y quizás hasta mecánicamente que desde hace unos días hasta el 31 de cada diciembre los seres humanos repitamos a conocidos y desconocidos el deseo de estar bien, que cada uno tenga un buen próximo año, como la fórmula insensata del decir buenos días o el incómodo ¿todo bien? cotidiano. Si a algo nos hemos acostumbrado los racionales es precisamente es el quitarle sentido a las palabras. Repetimos y repetimos más como mera formalidad que por entender el contenido de ellas.

Si el resto de nuestros primos animales se abraza seguramente no saben porque lo hacen o si se matan entre ellos no es por odio sino por necesidad o supervivencia. En nuestro caso, el simple hecho de dar a otro la mano, el abrazarse y sentir al otro, ni que decirse de besarse, o llorar juntos son ceremonias de extraordinario valor social. Ya la mirada profunda que a veces nos prodigamos tiene en cada uno de nosotros un proceso importante.

Este extrañó período de seis días, entre Navidad y Año Nuevo, permite precisamente una inclusión desde todo punto de vista (religiosos, ateos, agnósticos, pobres, excluidos, ricos, feos y bonitos) por el cual deseamos que al otro que le vaya bien. No es poca cosa en estos tiempos de instantaneidad absoluta y de presente eterno.

Este espíritu universal de abrazos, brindis y sensibilidad (cada uno le dará la justificación que quiera) se hará presente en todos los lugares, pues lo disfrutarán los que estén juntos y lo sufrirán los que estén solos o impedidos de juntarse. Raros sentimientos, pues esa situación seguramente es la misma al día siguiente pero ya ese espíritu se fue hasta el otro año.

Desear felicidad al otro y abrazarlo o extrañar a quien no lo podemos abarcar con nuestras manos con más intensidad en estas fechas que el resto del año, es uno de los misterios de la humanidad, de la racionalidad sin contenido. El desafío es por tanto importante, porque entonces los regalos no importan, las frases sociales convenidas tampoco, importa el otro, su cuerpo, sus olores, la mirada brillosa, la risa contenida, el querer que haya futuro recíproco y que sea bueno, el que siga la vida y que el otro año exactamente en la misma fecha y con las mismas palabras el abrazo continúe.

Como sostenía el bizarro Galán en aquella televisión sin colores hay que besarse más. Es lo que importa.

Es simple, humanos afortunadamente humanos.