Sociedad Un tema que abordará hoy la DGE

La enorme grieta que abrió el inglés en la educación mendocina

Los colegios privados ofrecen el aprendizaje del idioma desde el ingreso, mientras que los estatales apenas lo enseñan, en forma caótica y no generalizada, a partir de séptimo grado. Qué hará el Gobierno Escolar para achicar diferencias.
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Juan Carlos Albornoz

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En las escuelas estatales, el inglés sólo tiene dos horas en séptimo grado.

En las escuelas estatales, el inglés sólo tiene dos horas en séptimo grado.

La enorme grieta que abrió el inglés en la educación mendocina

La enorme grieta que abrió el inglés en la educación mendocina

Mendoza comienza a dar hoy una batalla a la que llega con años de atraso: la enseñanza del inglés en las escuelas estatales. Que los chicos más pequeños puedan aprender el idioma desde que ingresan, es una de las grandes ventajas de los colegios privados, desde hace mucho tiempo. Poco tienen actualmente las escuelas del Estado para compensar: apenas un par de horas a la semana en séptimo grado, en las que se da una instrucción básica y un poco caótica, porque no hay programas en común para la totalidad de las instituciones.

Sin contar la desventajas que genera en el mundo académico y principalmente en el universo del trabajo, las consecuencias de este vacío educativo se empiezan a notar muy rápido: los alumnos de escuelas públicas "fracasan" en la comprensión del inglés en el mismísimo primer año de la secundaria. Algunos se encuentran en esa instancia pro primera vez con el idioma más popular del mundo, ya que el inglés no se da en todas las escuelas estatales locales.

Se trata de una suerte de alarma interna que ha comenzado a sonar en el sistema con mucha intensidad. Un síntoma más que claro de la desigualdad entre los que pueden pagar la educación y los que no. 

La secundaria, en general, es territorio de fracasos: sólo la termina la mitad de los chicos que la empiezan. La "jornada institucional" para docentes de Mendoza que se hará este miércoles representa, según aseguran en la Dirección General de Escuelas, un primer paso para tratar de producir el cambio.

Durante este día, que es sinónimo de un simple asueto para muchísimos chicos, directores de primaria y profesores de la materia intentarán transformar en definiciones lo que han charlado en reuniones previas: la generación de un "programa base", en relación con las "necesidades reales", para la enseñanza del inglés en la primaria mendocina.

Ese programa buscará ser una plataforma para el aprendizaje en el comienzo del secundario, cuando las horas de inglés aumentan un poco: "Tres o cuatro horas cátedra a la semana", según la jefa de gabinete, Graciela Orelogio. 

A mediano plazo, el objetivo suena muy ambicioso para lo que hay: "Queremos que los chicos salgan de la secundaria con la posibilidad de leer en inglés y de comunicar lo básico", plantea Orelogio.

No son pocos los obstáculos para conseguirlo. Este año la DGE ha encarado cambios en los institutos de formación docente, en medio de las tensiones de siempre con el SUTE: se han establecido carreras prioritarias, entre las que está el inglés. 

Al margen de las diferencias ideológicas, y del debate por los alcances de los subsidios y el ajuste, hay una realidad incontrastable: no hay vacantes en las escuelas para que trabajen los jóvenes que se reciben de la carrera de preceptores, pero faltan profesores de inglés.

"Cuesta mucho conseguir profesores, hasta cuatro llamados hay que hacer", explica Orelogio sobre la elemental falta de docentes de inglés. Las medidas, en ese sentido, deberían ser urgentes: es de sentido común reorientar los recursos del Estado para cumplir con la demanda de los propios colegios estatales.

Arrancamos tarde

Según la DGE, precisamente la inclusión de la meta de mejorar la enseñanza del inglés retrasó en el tiempo la jornada institucional de este miércoles, que iba a hacerse antes. 

Pero no es el único elemento que ha incidido: hasta hace muy poco, la pelea salarial se chupó casi todo el tiempo y las energías del Gobierno Escolar. Todo está empezando más tarde de lo recomendable y esto complica la decisión política de que 2018 sea el año de la "calidad educativa".

La opinión pública, por antecedentes justificados o simples prejuicios, reacciona con furia y críticas a los talleres de docentes como el de hoy, que es "un día sin clases" a secas, para muchos. El gobierno de Alfredo Cornejo no se puede quejar: ha alimentado esa mirada de desconfianza respecto de los docentes con una política exclusivamente enfocada en el "ítem aula".

Pero a partir de ahora, si el ítem aula era un paso inevitable, tiene que haber algo más para ofrecer que no sea el cumplimiento de los 186 días de clase que figuran en el calendario para este año.

¿Se darán hoy otros "primeros pasos" para que este sea el año de la "calidad educativa", como prometió el gobernador? 

En la agenda aparece, además del inglés, la muy discutida decisión de que los docentes y chicos de todos los años de la primaria deban leer "en voz alta" y juntos, 20 minutos por día.

El ejercicio ayudará a mejorar la "comprensión lectora" y la "oralidad" de los chicos, prometen las autoridades. Hoy, los alumnos tienen dificultades a la hora de "leer de corrido" y en la DGE reconocen que esos errores deberían haber sido corregidos hace tiempo. Pero así estamos: "La falta de comprensión lectora deja a muchos afuera en los exámenes de ingreso a la facultad de Medicina", argumentan.

La DGE no se ata para ello al libro de papel. Promete que en muchas escuelas se va a utilizar el "carrito digital" para el ejercicio de lectura, que es una suerte de mueble con 30 computadoras portátiles que remplaza a las aulas digitales. Más de 650 de las 725 escuelas primarias de la provincia ya tienen este carrito, según se indicó oficialmente.

Incluso hay un guiño al uso del teléfono celular, por lo menos en el caso de los docentes, aunque este aparato todavía siga sin ser admitido formalmente como herramienta en las escuelas.

"Más conocido que Mickey"

Otro punto de la jornada será la articulación del plan de alfabetización para los más chiquitos, es decir, entre las salas de cinco años y el primer grado.

En la era de Jaime Correas, el instrumento para aprender a leer y escribir, desde el propio jardín de infantes, es un libro llamado "Klofky y sus amigos", de la investigadora del Conicet Ana María Borzone, el cual los chicos utilizan en los dos años.

Dos tandas, de casi 30.000 libros cada una, ha adquirido ya la DGE para repartir en todos los jardines de Mendoza. 

Algún funcionario, un poco exagerado, dice que el marcianito Klofky ya es "más popular que Mickey" en los primeros años de los colegios mendocinos. El optimismo, en política, nunca está de más.