La clave del talento 

Como decía Shakespeare, sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser. Es así que cada uno de nosotros puede desarrollar más talento que el que actualmente posee. Aquí, una de las claves.

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Alfredo Diez

La clave del talento 

La clave del talento 

En los últimos años desarrollando seminarios sobre el talento humano he reflexionado mucho sobre cuál era la clave que hacía que algunos lo lograran y otros, los «menos afortunados», no lo hicieran. Me preguntaba a mí mismo: «¿Qué es eso llamado talento?¿Porqué algunos llegan y otros no?» «¿Qué tienen de diferente los exitosos?¿Existen claves para el talento?» 

Deseaba encontrar una respuesta que me dijera si era posible o no desarrollar las habilidades propias de los «exitosos». Estaba interesado en saber la fórmula que había llevado a los «grandes» a la cima. Sin embargo, también pensaba que ésta era una pregunta muy difícil de responder y que quedaría así por mucho tiempo. 

Fue entonces cuando encontré el revelador libro de Dan Coyle titulado "Las claves del talento", basado en revolucionarios descubrimientos científicos, entre los que se cuenta el de la mielina, un aislante neural que algunos neurólogos consideran el santo grial de la adquisición de habilidades. 

Lo interesante de esos estudios resultó ser que toda habilidad humana, ya sea jugar al tenis, interpretar a Mozart o ser un buen orador, proviene de una cadena de fibras nerviosas que transmiten un diminuto impulso eléctrico, básicamente una señal, que viaja a través de un circuito. 

La mielina rodea esas fibras nerviosas del mismo modo que un aislamiento de goma envuelve un alambre de cobre, haciendo que la señal sea más veloz y fuerte porque impide que se escapen los impulsos eléctricos. Es como cuando vamos al aeropuerto y recubrimos nuestra maleta con plástico, cada capa hace más fuerte el aislamiento. 

Cuando practicamos el swing con ese palo de golf, tocamos esa nota o hablamos en público, nuestra mielina responde cubriendo el circuito neural, añadiendo en cada nueva capa un poco más de habilidad y velocidad. 

Así, cuanto más gruesa sea la capa de mielina, mayor será su capacidad de aislamiento, de manera que nuestros movimientos y pensamientos se volverán más veloces y precisos. Generarán en nosotros, por tanto, un hábito y, así, el talento. Cada uno de nosotros tiene más potencial del que supone, por ello todos tenemos la oportunidad de convertirnos en dirigentes de nuestros objetivos y en potentes protagonistas; el truco está en saber cómo hacerlo. 

Y esta sabiduría pasa por entender que la clave para lograrlo es entrenar comportamientos proactivos, optimistas, flexibles y responsables, entre otros. Éstos formarán parte de tus recursos personales si perseveras en su práctica, transformándote tú mismo en tu entrenador. 

Lo que planteo es que si desesas lograr un talento determinado deberás «mielinizar» las habilidades que lo definen, a fin de que las «apliques» en el futuro como si fueran naturales en ti. Esforzarte por ser efectivo y lograr objetivos te vuelve más capaz para lograrlo la próxima vez. Todos podemos hacerlo, ya que somos todos iguales y partimos con la misma ventaja, porque, como dijo Ericsson: «No hay ningún tipo de célula que los genios posean y que el resto de nosotros no tengamos.» 

Por ello, cualquiera que sea tu actual condición, puedes desarrollar una fuerte actitud protagonista si así lo decides. La elección y el compromiso están en ti. 

Por Alfredo Diez, escritor, conferenciante y consultor de empresas / Whatsapp +5492613023321. 

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