José Niemetz, uno de los argentinos del año 

Este escritor mendocino, afincado en General Alvear desde hace 30 años, ganó uno de los premios literarios más prestigiosos de Hispanoamérica. Es librero y docente; es también un hombre comprometido con temas como la educación y el ambiente y tiene la convicción de los que jamás serán tibios. Aquí, una charla con un hombre que enorgullece con su ejemplo y su talento. Hoy jueves a las 19, en la sala Elina Alba, de la Secretaría de Cultura, se presenta su laureada obra.

Ulises Naranjo

José Niemetz.(Ulises Naranjo. )

José Niemetz. | Ulises Naranjo. 

Che, te quiero contar una novedad... Resulta que una novela mía quedó finalista del Premio Clarín. Te juro que no quepo de emoción y alegría”. Días antes de conocer la gran noticia, chateábamos con José Niemetz acerca de temas más o menos banales. Días después, supimos que su novela “Tú eres para mí” había ganado el prestigioso Premio Clarín de Novela, entre más de 400 postulantes y con un jurado integrado por la española Almudena Grandes, la mexicana Guadalupe Nettel y el miembro de la Academia Argentina de Letras Jorge Fernández Díaz.

Este trabajo será presentado hoy, a las 19, en la sala Elina Alba, de la Secretaría de Cultura (España y Gutiérrez, de Ciudad), en conjunto con la Secretaría de Extensión de la UNCuyo. 

Hasta el momento del premio, la hondura del pensamiento de Niemetz apenas se reservaba a su grupo de amigos y familiares. Su autoestima era tan firme y saludable que no consideró necesario autoeditarse ninguno de sus libros, tal como es difundida costumbre. Profesor de Letras recibido en la UNCuyo, dueño en “su” Alvear de la librería Había una vez Libros, activo militante social, escritor en sus ratos libres, obstinado como cualquier novelista, apenas se había dejado sospechar socialmente, hace años, cuando me propuso (pues nos conocemos desde nuestras épocas de estudiantes, hace más de 30 años) crear un espacio llamado “El Viejo de Literatura” en este diario y así lo hicimos. Aquellos textos eran de una belleza y una delicadeza encantadoras y, como tantos, se perdieron en la ciega voracidad de Internet y en el apuro y el pragmatismo de los lectores. 

Actualmente, vive en Alvear, con su mujer Graciela Martínez, con quien tiene cuatro hijos: Juan Fernando, Sacha, Rachid y Malena: "Y se me acabó el presupuesto", dice él, al pasar. 

El escritor vive en Alvear desde hace 30 años.

Ahora, el mundo literario aguarda con atención que diciembre nos traiga su premiada novela, que está siendo editada por el sello Clarín-Alfaguara, parte del premio que ganó, además de $400.000 y el reconocimiento de un jurado de lujo. Por cierto, dijo de su trabajo Almudena Grandes, una de las mayores voces literarias de Hispanoamérica: “Una novela desmesurada en el mejor sentido de la palabra. Original, poderosa, feroz y arrolladora como una fuerza de la Naturaleza. Su lectura es una experiencia tan intensa como descender en canoa por una catarata, aunque no faltan los remansos de emoción, y hasta de ternura, en un festín de sensualidad luminoso y oscuro al mismo tiempo”. 

- Tenés toda tu obra sin publicar: novelas sin terminar y un par terminadas y has obtenido un enorme reconocimiento a los 56 años… ¿Cómo lo enfrentás?

- Tengo el 99% de mi obra está guardado y no va a salir de ahí. Tengo para mostrar esta novela premiada y otra que la envié a concursar. El resto va a quedar archivado. 

- Tal vez sirva decirle a muchos escritores que leerán esta entrevista que lo intentaste mucho, durante muchos años y que sabés mucho de estos fracasos… 

- En realidad, el fracaso es el destino del escritor. Que te salga una, ni siquiera es un éxito, es apenas una excepción. El escritor, prácticamente, es aquel que fracasa. 

- ¿Y “que te salga una”, significa que termines una novela o que te premien una novela?

- En el caso mío, terminar una novela y que me guste, era todo. Jamás pensé que iba a pasar lo que pasó: ganar ese concurso. Terminarla y que me gustara y que la leyera mi círculo cercano de familiares y amigos, era todo para mí. 

Niemetz, por ahora, un desconocido en Mendoza.

- ¿Qué cosas te indicaron que “Tú eres para mí” ya estaba terminada?

- Ahá… este… no sé. No tengo la menor idea. Fue una especie de fe irracional que tuve. Pasa que estás escribiendo y tantos años de escritura y de lectura te van indicando que los que estás haciendo no sabés si está bueno, pero sí que tiene cosas rescatables. Y yo sentía esas cosas con esta novela, porque aquí hay que decir que, de cada diez textos que uno inicia, en el mejor de los casos, sobrevive uno. Habitualmente, veo gente que conozco y que insiste sobre un texto que no le sale y no le sale… Y yo les digo ‘dejalo, escribí otro’. También es importante dejar morir un texto. 

- Ya en tu texto, ¿tenías más o menos planificada la historia o la historia se fue desenmascarando y te la fuiste encontrando a medida que la escribías? 

- Yo tenía una visión aproximada de dónde partía y a dónde quería llegar. Ahora, de lo que pasaba en medio, no tenía idea, lo fui encontrando.  

- ¿Y cuánto tiempo pasó desde que la iniciaste hasta que la terminaste? 

- Tres años y medio. Me llevó mucho tiempo. La empecé el día en que le robaron el auto 0km a un sobrino. Ese día, en enero de 2015, yo descubrí el tema de las lombrices, que es muy importante en la novela y no voy a delatarlo. Ese día me dijo “che, que buen elemento para una novela”. Me entusiasmó tanto que lo fijé en mí, junto con el tema del robo del auto. 

- ¿Y a medida que la escribís, sentís que estás manteniendo un pulso narrativo? ¿Sentís que es el mismo escritor el que está escribiendo toda la novela o hay cambios en los tratamientos de las herramientas narrativas? 

- Siento que debo ir ajustando cosas constantemente, sobre todo, porque yo no soy un tipo disciplinado. No soy Mujica Láinez, que se levantaba a la misma hora, entraba al escritorio a la misma hora y escribía durante toda la mañana y a la tarde corregía. Yo puedo escribir hoy diez horas y, después, pasan dos meses y no toco una página. Y debo retomar el ritmo, el tratamiento de las imágenes, todo… Tampoco soy el escritor torturado por sus historias, no, para nada. 

Niemetz y Ulises Naranjo, durante la charla.

- Una vez, Ricardo Piglia, en una cena que compartimos, acerca de la novela, me dijo que hay dos maneras de escribirlas: tenés un buen personaje, entonces cualquier historia le viene bien o tenés una buena historia, entonces cualquier personaje le viene bien. ¿Lo compartís?

- Creo que, en el caso de “Tú eres para mí”, se me dio el segundo caso. Yo tenía una buena historia, una buena trama. Y fueron apareciendo ocurrencias y vinieron bien y fui desechando un montón de cosas también (“No, no hinchemos las bolas con esto”, me decía y borraba. Creo que había una buena idea general y me apegué a esa idea.

Acerca de la novela

- Decile al lector, superficialmente, de qué trata “Tú eres para mí”… 

- Es la historia de una mujer gorda, que tiene una historia muy singular y va descubriendo, en su cotidianidad, el placer; y el placer tiene que ver con la muerte. Su lugar de trabajo es un vivero de un lugar indeterminado de Argentina y toda la novela, de comienzo a fin, transcurre en ese vivero. Este fue un gran desafío que me planteé: una novela sin “exteriores”, en términos cinematográficos y el 99% de la novela transcurre en ese vivero. Con un personaje que, de alguna manera, es planta, porque es muda y porque está quieta; es como una planta más del vivero. 

- Los viveros son espacios sociales idealizados, como el paraíso…

- ¡Sí! Las plantas siempre han tenido prensa mentirosa: dicen que son buenas e inocentes. Las plantas, en realidad, son voraces y compiten todo el tiempo entre ellas y se destruyen entre ellas. Y la protagonista de la novela es una planta más, con su voracidad, con su gordura, con su horror al vacío. Y aparecen temas constantemente: los abusos infantiles, la discriminación al gordo. En estos días, se habla de aumentar las horas de Educación Física para los niños obesos. ¡Pobres niños! Se habla de la obesidad como una patología. ¿Por qué decimos que la obesidad es una patología? ¿Por qué hay tanta obsesión con no se gordos? 

- Hay un concepto de “normalidad” demasiado estricto, que no acepta unos kilos de más. 

- ¿Quién inventó eso del índice de masa corporal? ¿En nombre de qué salió ese índice? ¡Por favor! Hay hasta intereses económicos detrás, toda una trama capitalista de la productividad. Se busca gente que produzca más y, para esto, hay que pesar menos kilos… Volviendo a la novela, la protagonista es víctima de todo esto también. 

- Los nombres de los protagonistas de novelas suelen tener un sentido en la trama, ¿cómo se llama ella?

- Es el caso: ella se llama Estela, porque su mamá estaba escuchando la canción “Tú eres para mí”, que cantaba Estela Rabal, en la década del ‘60. A su madre, se la ‘cogen/violan’ con esta canción de fondo en un baile y su madre queda como fijada a la imagen de Estela Rabal. 

- ¿Sos consciente, por lo poco que has contado, de que se trata de una historia sumamente cinematográfica?

- Sí, mis hijos dicen que da para serie de Netflix, más que para película. Veremos. 

- ¿Te gustaría escribir el guión?

- No, yo vendo los derechos y que lo escriba un guionista. Igualmente, no me quiero apurar con todo esto que está sucediendo. Quiero aprender todo lo que hay alrededor de este reconocimiento y lo que implica, porque realmente no sé y todo es nuevo. Igualmente, ya estoy en contacto con ganadores anteriores que me están mostrando qué se puede hacer y que no...

Finquero, librero, docente, escritor 

- ¿Es posible que tu novela sea parábola o metáfora de tu ida a General Alvear, ese pequeño pueblo verde, como el vivero de tu novela? 

- (luego de un silencio) La verdad es que no se me había ocurrido. Ni se me pasó por la mente. Lo voy a pensar, es interesante. Podría llegar a ser una alegoría de la vida de pueblo…

- Además, has trabajado en fincas y tenés una pequeña librería en Alvear, y una librería es como un vivero, si bien la mirás… 

- Evidentemente, conozco bastante de plantas gracias al trabajo en fincas y todo eso me sirvió para la novela… 

- Además, si aún no lo has dicho, y le vendría muy bien a esta entrevista, tal vez, como la protagonista, seas un asesino serial y aún no lo confesaste… 

- Sí, es verdad, lo soy, por eso, inventé ese personaje, pero todo se revela en el tomo II de esta trama, así ganaré más lectores cuando lo publique. 

- ¿Cómo se relaciona con la literatura un librero como vos, uno que escribe y al que le guste leer? 

- Es verdad, me asumo como librero y no como expendedor de libros. Para mí, tener una librería es un sueño realizado. Es el trabajo con más glamour que me pueda imaginar. Es casi un refugio para mí: una pequeña librería, en un pequeño pueblo, algo muy glamoroso para mí… 

- Entonces, como todo, ¿abriste ‘Había una vez, Libros’ para conseguir chicas?

- Sí, puede ser que lo haya hecho para sentirme más atractivo. Así fueron mis inicios en la literatura. 

- Contámelos… 

- Y, a ver: segundo año del secundario, escuela “Manuel Belgrano”, de Godoy Cruz, y la profesora María Rosa Gómez nos dio Gustavo Adolfo Bécquer. Y yo veía a las chicas emocionadas y me leí todas sus Rimas, para ver por qué se emocionaban. Y me pareció que estaba bueno, entonces, aprendí algunas de memoria para decirlas. Así empezó la literatura en mí: con el descubrimiento de algo placentero y no de esa cosas horrible que nos dan en las escuelas. Tengo, además, una imagen infantil con mi mamá Marta, que leía mucho y siempre con una sonrisa. Esa sonrisa de placer ante la lectura me quedó grabada. Muchas veces, en el aula, veo que algunos profesores lo que buscan es castigarlos a los alumnos, a través de la lectura. Y se trata de todo lo contrario. No sabemos transmitirles el sentido de placer que hay detrás de la lectura y, por eso, no construimos una alternativa a lo que ellos encuentran en los videojuegos y las redes sociales. ¿Y por qué no sabemos? Porque ni los docentes ni los padres somos buenos lectores. Entonces, si los chicos no ven a sus padres y a sus docentes leyendo y disfrutando, entonces no tienen ejemplos para iniciarse como lectores.

El escritor es, además, librero y febril lector. 

La educación, peor que nunca

- Iniciarse en la lectura y también en la escritura son procesos llenos de intentos, tropiezos y bellezas, ¿de qué modo iniciar a los alumnos en esos procesos, en épocas de sobreinformación, virtualidad, televisión, velocidad y telefonías? 

- En este momento, tenemos un director General de Escuelas que es Licenciado en Letras, Jaime Correas, y también la coordinadora General de Educación Superior, Emma Cunnieti, egresada de la misma carrera. Sin embargo, probablemente nunca hemos estado peor que ahora en el tema de la lectura y la enseñanza de Literatura. Hace un tiempo atrás, estuve dos años haciendo una especialización en la Flacso y presenté mi trabajo final pensando que me aplazarían, después de dos años cursando y pagando el curso. Mis postulación, desafiante, era quitar el área de Lengua de las escuelas secundarias. 

- Ah, bueno… ¿Y querías que te aprobaran? 

- Sí, me iban a echar del gremio. Lo que quise fue cuestionar lo establecido. ¿Y si la escuela secundaria dejaba de enseñar Lengua? ¿Por qué? Porque el área de Lengua es la culpable de la falta de ortografía de los alumnos, es la culpable de los graves problemas de comprensión lectora de los pibes (algo claramente transversal) y es hasta un depósito donde nos hacen escribir glosas de los actos. Entonces, en mi investigación me planteaba para qué sirve enseñar así Lengua. El propósito de los docentes de Lengua y Literatura es enseñar Literatura (y no Historia de la Literatura, sino lectura y análisis de obras). Y todos los profesores ocuparse de la Lengua. Ya con esto, proponía yo, haríamos una revolución en la escuela media. Y si, encima, mejoraran las condiciones de trabajo de los docentes en los colegios, ni hablar. Un chico que no tiene un acercamiento certero a la literatura en la adolescencia, muy difícilmente después lo tenga. 

- Y te aplazaron… 

- Sí, pero igualmente, me dijeron “Esto es una utopía”. Y les dije: “Sí, por eso, lo escribí”. No obstante, consideraron valiosas las 80 páginas de ese trabajo. 

- Ahora te dedicás, en el nivel superior, a la formación de futuros docentes, ¿cuál es la situación de trabajo en General Alvear? 

- Ahora, estamos muy preocupados por los destinos de los Institutos de Educación Superior (IES) y con todo el nivel superior en general, porque hay persecuciones y restricciones habitualmente en este nivel y también, a nivel nacional, con los Institutos Tecnológicos Universitarios (ITUs) y las universidades. Para ellos, la educación significa un despilfarro y tienen la obsesión de limitar ese ‘despilfarro”. Jamás ven la inversión que significa una buena educación. Estamos muy preocupados. 

- ¿Cuál es, para vos, la realidad del docente en el aula..?

- En el nivel superior, también se aprecia la gran precariedad del secundario. Los esfuerzos que hacen algunos alumnos para ir a estudiar, a veces, son conmovedores, por las condiciones en que se imparte la educación. Yo estoy en un IES que ni siquiera tiene sede.

A defender la Ley 7722 

- Sé de tu compromiso con las problemáticas ambientales y no quiero dejar de preguntarte por estos nuevos intentos de afectar la Ley 772 y permitir las acciones de los proyectos megamineros…

- Gracias por preguntarme esto. En estos días, estamos muy preocupados en Alvear con todas las movidas promineras que se están armando. Estos avances del gobierno, de las legislaturas y de empresas, en lugares agrodependientes como General Alvear, configuran una preocupación enorme. Y si sumamos la habilitación por decreto del fracking, se maximiza el horror por todos lados.

- ¿Cuánta agua les llega a los finqueros?

- Esa es una pregunta clave: inicialmente, depende de la finca. Imaginate que tenés una finca pequeña, de diez hectáreas, entonces tenés tres horas de riego semanal o cada diez días…

- ¿Una finca de diez hectáreas sólo recibe sólo tres horas de agua cada siete o diez días? 

- Así como lo escuchás: hay que eficientizar al máximo el sistema para poder cosechar. Este tema lo conozco mucho, porque he sido finquero y mi mujer sigue teniendo una finca. Y resulta que hay tipos que nos quieren quitar esa poquita agua que nos llega, con proyectos mineros río arriba. 

- Realmente, los intereses económicos que hay son enormes y se notan…

- Lo son. Ahora, además, supongamos que el finquero de al lado no planta nada y vos querés comprar las horas de agua que él no usa, bueno, pues no te lo permiten. ¿Por qué? Porque hay tan poca agua que no permiten que tal cosa se haga. Tampoco nos dejan pagar y obtener, al menos, media hora más de agua. Bajo este panorama, a los que hacen fracking, les habilitaron millones de litros de agua río arriba, ¡del mismo río! Esta es la situación del agua en Mendoza. Y esto, independientemente de lo que contaminan, de los miles de litros de veneno que tiran en los pozos que hacen. Toda esa agua que usan es agua robada a los regantes, agua que no la tienen. 

- O sea que si tenés una finca y la optimizás y querés que tu finca produzca más y mejor…

- Te capacitás, te disponés y todo eso y resulta que tu finca no tiene agua. Esta es la situación que vivimos. Recuerdo que hace unos años, mi suegro dejó una hectárea en blanco, la puso a descansar y a mí se me ocurrió poner melones allí y gané una buena platita por eso; otra vez puse ajo y no me fue bien. Bueno, hoy, si en Alvear querés hacer algo así, variando el cultivo, no podés, porque no hay agua. 

- No hay modo así de conciliar agricultura con minería… 

- Me gustaría que lo vieras, cuando vengas a visitarme a Alvear te voy a hacer conocer a varios finqueros para que veas cómo trabajan. La verdad es que el río Atuel, en Alvear, es un meo. Eso es lo que nos llega: un meo. Y a La Pampa no llega nada, creo que desde el año 1978. 

El escritor, durante un acto a favor del cuidado del agua, en Alvear.

- Se entiende así el compromiso de la gente de Alvear con la problemática ambiental y la dimensión del avance del poder económico de las mineras en los ámbitos políticos y comunicacionales, sobre todo… 

- Es así y, por eso, desde Alvear se vive con tanta intensidad. Hay que ir allá y ver todo en el lugar. Llevo 30 años allí y veo con cierta perspectiva la situación: el alvearense siente muchísima frustración respecto del tratamiento de este tema. Se siente cagado y se siente traicionado por las cosas que se tejen desde la ciudad. Ahora, ni siquiera senadores alvearenses hay, sólo algunos diputados. Y jamás un legislador podría votar a favor de cambiar la 7722, porque no podría volver a vivir en Alvear. Este tema de la defensa del agua, te diría, es el único tema que unifica totalmente a nuestro pueblo. Ahora mismo, están muy, muy cerca de cortar la ruta otra vez, igual que la gente de San Carlos, el otro departamento más combativo en cuanto a defensa del agua. Además, con el gobierno que hay ahora, el alvearense sabe que ante cualquier cosa mandarán la Gendarmería y, entonces, el quilombo que se va a armar es uno bien, bien grande. 

- Bueno, vamos terminando. Debe ser raro para vos ser entrevistado… 

- Sí. Y te agradezco tus preguntas. Llevo muchas entrevistas ya repitiendo las mismas respuestas a colegas tuyos, lo cual es lógico, porque la noticia es la novela y el prestigio del premio y, además, en términos generales, los periodistas saben poco de literatura.

- Cierro, entonces, con una pregunta obvia, de cajón: ¿por qué es tan importante el Premio Clarín de Novela? 

- Este premio, en sus 21 ediciones y con jurados de lujo, ha sostenido el género de la novela en la Argentina. Traer de jurado, por ejemplo, a la española Almudena Grandes, tal vez la escritora española viva más importante en este momento, da cuenta del prestigio. 

- Además, dijo algo preciso y hermoso sobre tu novela. Cito: “Una novela desmesurada en el mejor sentido de la palabra. Original, poderosa, feroz y arrolladora como una fuerza de la Naturaleza. Su lectura es una experiencia tan intensa como descender en canoa por una catarata, aunque no faltan los remansos de emoción, y hasta de ternura, en un festín de sensualidad luminoso y oscuro al mismo tiempo”.

- ¡Sí! Yo no lo podía creer. Pensaba que iba a desmayarme, mientras la escuchaba. 

- Y lo primero que dijiste, al recibirlo, fue bastante choto… Uno esperaba tu gran discurso y…

- “Y ahí lo tenés al pelotudo” deben haber pensado muchos. Es que no pensaba ni por asomo que fuera a ganarlo. Cuando llegué a la premiación y me senté, pasaron un video institucional con los ganadores anteriores, gente muy grosa del mundo literario y aparecían hablando… Recién ahí pensé: “Uh, ¿y si llegara a ganar? ¿Qué voy a decir?”. Lo único que me quedó en claro fue agradecerle a mi mamá haberme hecho lector, a mi mujer y mis hijos y a mis alumnos del ciclo superior, por sostener la educación argentina en estos años tan difíciles que estamos viviendo. Esta referencia social fue lo que más aplaudió al gente esa noche.  

Ulises Naranjo

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