Ítem changa: los docentes tienen su propia Saladita

Sus magros sueldos impulsan a muchos a aguzar el ingenio para capear la crisis. Mientras tanto, la recomposición salarial del sector no figura en ninguna agenda.
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Rubén Valle

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Ítem changa: los docentes tienen su propia Saladita

Experimentados pilotos de tormentas, sin necesidad de coachs ni capacitaciones ad hoc, a esta altura de la soireé los docentes argentinos han desarrollado un instinto de supervivencia debido a sus magros sueldos que difícilmente haya uno que hoy no cuente con un bonus track salarial. Sea este un trabajo extra, una profesión que no ejercía y recuperó a la fuerza o, la más común y frecuente, apelar a la venta de algún producto. Cualquier recurso paralelo es válido para capear crisis, pero sobre todo para alcanzar la línea de flotación de los gastos coyunturales.

Con pequeñas variantes, la siguiente escena se replica en la mayoría de las escuelas. En los recreos, a la entrada o a la salida, circula por los espacios en común de profesores, administrativos y directivos, una amplia oferta para ellas y ellos de cosméticos, ropa, aceite de oliva, especias, artículos de limpieza, lencería, macetas, plantas, mix de cereales, accesorios para celulares, seguros de autos, rifas, animaciones infantiles... 

Sin posnet, factura ni tickets de por medio, las transacciones se realizan, en su mayoría, "a medida" del cliente. Por lo general, se pactan pagos en varias y flexibles cuotas, o, según la altura del mes, se escuchará cual contraseña un "te pago cuando cobremos".

Este año no sólo quedaron fuera del acuerdo paritario (el SUTE no aceptó la propuesta oficial) sino que tampoco podrán valerse de la cláusula gatillo para menguar el impacto de la indomable inflación. 

Así, el 15,7% que suscribieron los otros gremios se terminó concretando por decreto y, como todos, mes a mes ven cómo ese porcentaje resulta cada vez más lejano.

Al forzado perfil comercial que desarrollan en "mondo changa", le deben sumar las escasas oportunidades que surgen en su propio ámbito. Por ejemplo, con el Plan estímulo que anunció el gobernador en su discurso del 1 de mayo, quienes estén contemplados en las áreas apuntadas para aggiornar sus conocimientos podrán cobrar $10.500 en tres cuotas. Para ello se capacitarán en el segundo semestre, pero únicamente lo podrán capitalizar docentes de lengua, matemática, ciencias naturales, ciencias sociales e inglés. Quienes no estén en este lote o pertenezcan solo al sector privado tendrán que seguir apelando al ingenio para equilibrar sus cuentas.

Mientras tanto, en el país del revés hay legisladores que cobran cerca de $100.000, concejales que cobran más de $70 mil y otros que proponen -cual gesto heroico de desprendimiento- que deberían como un docente, no que el sueldo docente sea significativamente mejorado e incluso supere esas dietas generosas en calorías. ¿Se entiende?

En aquellos días de pulseada salarial con el gremio docente, el propio gobernador Cornejo reconocía que "es bajo el salario docente. Es así y tienen razón. El punto es que se viene de malas administraciones". Ordenar el déficit fiscal y recortar el gasto político, tal como se anunció desde el Ejecutivo nacional, ¿no sería el contexto ideal para poner en valor el sueldo docente frente a tantos gastos innecesarios, sobre todo en asesores y cargos dibujados?

Debería extrañar, preocuparnos genuinamente, que nos importe tan poco el destrato salarial de los docentes. En un país donde todo se debate, desde quién debe ser el 5 de la Selección, la desafortunada elección del vestido de Sol Pérez para el Martín Fierro o por qué no va una mujer a la Suprema Corte, no está en ninguna agenda poner en discusión el sueldo de quienes forman a nuestros hijos, a los futuros científicos, a los profesionales de la salud, a la materia gris de la Argentina; en definitiva, a quienes van a conducirnos en el futuro. ¿Debería entonces sorprendernos el nivel dirigencial que tenemos, la falta de un proyecto nacional en serio?

No tener claro el orden de las prioridades, no hacer foco en lo básico, sigue siendo uno de los karmas argentinos. Como Sísifo, seguimos a ciegas subiendo una y otra vez la piedra sin poder lograr el objetivo. Todos los días arrancamos de abajo con la misma piedra. En el pecado, la penitencia, diría mi abuela.