Intolerancia a la lactosa: la importancia de seguir consumiendo lácteos

Muchas personas con síntomas gastrointestinales creen padecer intolerancia a la lactosa y evitan o limitan el consumo de lácteos. Pero ello podría conducir a una ingesta de calcio por debajo de la cantidad diaria recomendada.
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Intolerancia a la lactosa: la importancia de seguir consumiendo lácteos

Intolerancia a la lactosa: la importancia de seguir consumiendo lácteos

Intolerancia a la lactosa: la importancia de seguir consumiendo lácteos

Muchas personas con síntomas gastrointestinales como hinchazón, malestar y diarrea creen que tienen intolerancia a la lactosa y evitan o limitan el consumo de productos lácteos. Sin embargo, esta restricción podría conducir a una ingesta de calcio por debajo de la cantidad diaria recomendada.

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La lactosa es el principal azúcar natural (carbohidrato) que se encuentra en la leche. Durante la digestión, ésta se descompone en dos azúcares simples - glucosa y galactosa - gracias a la enzima lactasa del intestino delgado.

La malabsorción de la lactosa ocurre cuando no hay suficiente lactasa para descomponer toda la lactosa. La aparición de síntomas gastrointestinales (por ejemplo: diarrea, malestar abdominal, flatulencia e hinchazón) después de su ingesta en personas con malabsorción se define como intolerancia a la lactosa.

La intolerancia a la lactosa puede ser:

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- Primaria: la reducción de lactasa se da gradualmente en los primeros años de vida. La persona tiene cada vez más síntomas al consumir leche y la única forma de tratarlo es eliminando la lactosa de la alimentación. Esta es la causa más frecuente y es irreversible.

- Secundaria: es temporal y se da, por ejemplo, como consecuencia de una enteropatía. Cuando esta se cura, desaparece la intolerancia.

- Congénita: es muy poco común y se detecta en los bebés luego de las primeras exposiciones a la lactosa de la leche materna.

También puede ocurrir que la intolerancia a la lactosa sea una cuestión de percepción. Sin embargo, independientemente de si la intolerancia a la lactosa es fisiológicamente basada o únicamente percibida, la educación alimentaria es fundamental para asegurar que el perfil nutricional de la alimentación no se vea comprometido.

Después de que se diagnostica la intolerancia a la lactosa, reducir la exposición a la lactosa constituye la línea principal de tratamiento. Inicialmente, se recomienda evitar temporalmente la leche y derivados para obtener la remisión de los síntomas. Debe evitarse la eliminación total y definitiva de la leche en la alimentación, ya que podría conducir a una pérdida nutricional de calcio, fósforo y vitaminas, asociándose con una disminución de la densidad mineral ósea y un mayor riesgo de fracturas. La osteoporosis y las fracturas generadas a partir de un consumo de calcio inadecuado son el principal problema de salud asociado con la intolerancia real o asumida a la lactosa. Las recomendaciones nutricionales actuales sugieren consumir tres porciones por día de leche o productos lácteos equivalentes.

Para evitar una deficiencia nutricional es importante conocer que hay leches sin lactosa (0% lactosa) que permiten, a quienes tienen baja tolerancia a la lactosa, cubrir los requerimientos nutricionales de aquellos nutrientes que provienen mayormente de los lácteos. Leyendo las etiquetas se puede identificar la composición del producto y así elegir el que más se adecua a las necesidades de cada persona.

Por Martina I. Murmis, Nutricionista Corporativa de Nestlé®.