Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Un viejo planteo se rejuvenece con las nuevas tendencias igualitarias. El hombre poderoso por su erección, la mujer sometida. Un libro y un artículo.
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Gabriel Conte

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Un huaco inca. Expresivo.

Un huaco inca. Expresivo.

El más alardeado que practicado Kamasutra. Hay más imágenes, pero queremos que leas el artículo.

El más alardeado que practicado Kamasutra. Hay más imágenes, pero queremos que leas el artículo.

Cronos castrando a su padre Urano, de Giorgio Vasari.

Cronos castrando a su padre Urano, de Giorgio Vasari.

Una escena de amor en el Antiguo Egipto.

Una escena de amor en el Antiguo Egipto.

Algo más de Egipto.

Algo más de Egipto.

Y todavía más expresivos los egipcios.

Y todavía más expresivos los egipcios.

Francisco de Goya, ‘Saturno devorando a su hijo', 1820-23, Prado, Madrid. No viene al caso. O sí: si en vez de su hijo fuera una mujer, sería una gran ilustración de esta nota.

Francisco de Goya, ‘Saturno devorando a su hijo', 1820-23, Prado, Madrid. No viene al caso. O sí: si en vez de su hijo fuera una mujer, sería una gran ilustración de esta nota.

Uno de los frescos del "lupanar" de Ponpeya que sobrevivieron a la destrucción por el volcán Vesubio.

Uno de los frescos del "lupanar" de Ponpeya que sobrevivieron a la destrucción por el volcán Vesubio.

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

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Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo(The Huffington Post)

Importa un pito: un mundo sin erecciones como futuro del sexo | The Huffington Post

"Quien compara tu talle con la rama fresca,
mala y falaz comparación hacía:
La rama más hermosa es aquella
que se encuentra revestida por las flores;
tu, en cambio,
eres más hermosa cuanto más desnuda."

Anónimo árabe

Leer e invitar a opinar, en base a esas lecturas, sobre el futuro de los humanos es una tarea muchas veces aterrradora o esperanzadora, según qué pronóstico, calculo o proyección se haga. Pero siempre es edificante, porque invita a diagnosticarnos. Hablar de nosotros en el futuro, aunque estemos presentes solo a través de nuestra descendencia, si la tenemos, pone en jaque siempre una frase remanida y refutable con facilidad, aunque con aristas distintas para su consideración. Es aquella que dice que "todo tiempo pasado fue mejor", que atenta contra la evolución y el progreso, individual o colectivo y que contrasta, muchas veces, cosas incontrastables.

Algunas lecturas nos han llevado, en notas anteriores, a un futuro cercano de robots y ciborgs en donde nos hemos planteado qué será de los humanos. Pero reflexionar sobre lo que vendrá, lejos de los planteos místicos y mágicos, es hablar de ciencia y de política, pero fundamentalmente en nosotros.

En este punto entra a tallar el tema sexual. Quien crea que no es un tema de "política" se equivocará, porque no se trata de redundar y caminar alrededor de los problemas de los políticos, sus acciones y consecuencias. Hablar de ello, del transcurrir diario de la vida y sobre todo, del futuro, está relacionado con las políticas que se impongan por mayoría, aunque las minorías se queden protestando. Cada cosa de nuestro día está regulado -en general- por normas. Y si no están escritas en las leyes, están habladas en el barrio: violarlas te llevan a una condena, sino en la cárcel, en la comunidad en donde vivís.

Es Stephen Marche quien plantea el "problema" del sexo en la sociedad y sus implicancias políticas, y admite un futuro sin erecciones para los hombres que haría "más igualitaria" la relación con las mujeres. El escritor canadiense se retrotrae en teorías de los años hippies, pero se sube a la hedionda columna de los casos de acoso en Hollywood que brotan cuál géiser en los últimos tiempos. Escribió un libro que se llama The Unmade Bed: The Messy Truth about Men and Women in the 21st Century, algo así como "La cama deshecha: la sucia verdad sobre hombres y mujeres en el siglo XXI", en inglés, aunque hay artículos en diversos idiomas que lo reseñan bastante bien.

Marche.

Uno de ellos fue su columna en The Ney York Times (disponible en español) en el que, de entrada, que "el sexo es un impedimento para cualquier idealismo", por lo cual analiza que en los tiempos posteriores a las denuncias de abuso contra el productor de cine Harvey Weinstein "será una era de pesimismo de género".

Marche, el autor, a todas luces un conocedor y analista de las relaciones humanas que se dan en la cama como escenario, lanza una siempre motivadora saga de preguntas, que luego retomaremos aquí cuando hablamos con un prestigioso sexólogo, José Luis Rodríguez, en torno a estos planteos. "¿Qué sucede si no hay una posible reconciliación entre los ideales relucientemente limpios de la igualdad de género y los mecanismos del deseo humano?", dice. Y agrega luego: "Mientras tanto, la moralidad sexual, a la que tanto se han resistido los liberales, ha regresado con fuerza, aunque bajo términos progresistas. La sensación de ser alguien, que en las redes sociales se reparte en dosis de dopamina cada vez menores, impulsa el debate, pero también lo limita. Incapaces de encontrar justicia, o siquiera imaginarla, estamos regresando a la vergüenza como nuestra forma primaria de control sexual".

Un futuro con sexo sin erecciones 

El artículo.

A lo que refiere el autor es a un tiempo en que temas que se intentaba instalar solo desde la radicalidad militante, ahora están a mano para ser discutidos y adoptados con la rapidez democrática que otorgan las redes. Tragicómicamente podríamos jugar con que será el momento de reivindicación de los impotentes, porque las mujeres los elegirán. Pero es solo un juego, ya lo hablaremos con un especialista al final de la nota.

Le costó mucho a la militante feminista de los años 60/ 70, Andrea Dworkin, quien dijo que el único sexo entre un hombre y una mujer que podría llevarse a cabo sin violencia era el sexo con un pene flácido: "Pienso que los hombres tendrán que renunciar a sus preciosas erecciones", escribió. Stephen Marche agregó al respecto que "es una creencia ampliamente difundida que en el siglo III d. C., el gran teólogo católico Orígenes -quien analizó más o menos el mismo principio- se castró a sí mismo".

El planteo no es menor. Sostiene que esa desigualdad (la de tener un pene erecto y agresivo que permite tanto placer como dominación o dolor, reproducción como angustia) es básica. Hay toda una tendencia en puja por instalarse en torno a una nueva forma de amor sexual, posiblemente fláccido pero duradero. "Parejas más parejas", sería.

Dworkin.

La citada Dworkin es una conocida opositora a la pornografía. En su tiempo se la consideró una "extremista". Pero las nuevas tendencias reflexivas están acercándola al lugar de gurú. En contra de ella enumera una serie de observaciones que, a los fines de esta nota, hay que traducir cambiando el término "pornografía" al de "erección":

La pornografía es un tema fundamental porque la pornografía afirma que a las mujeres les gusta que las maltraten, que las fuercen y que abusen de ellas; la pornografía afirma que a las mujeres les gusta que las violen, que las peguen, que las secuestren, que las mutilen; la pornografía dice que a las mujeres les gusta ser humilladas, avergonzadas, calumniadas; la pornografía enseña que las mujeres dicen NO pero quieren decir SÍ - Sí a la violencia, Sí al dolor.

- "La pornografía dice que las mujeres son objetos; la pornografía dice que el ser utilizada como objeto satisface la naturaleza erótica de las mujeres; la pornografía dice que las mujeres son las cosas que los hombres usan".

- "En la pornografía las mujeres son utilizadas como objetos; en la pornografía la fuerza es empleada en contra de las mujeres; en la pornografía las mujeres son utilizadas".

- "La pornografía dice que las mujeres son putas, coños; la pornografía dice que los pornógrafos definen a las mujeres; la pornografía dice que los hombres definen a las mujeres; la pornografía dice que las mujeres son lo que los hombres quieren que sean".

- "La pornografía muestra a las mujeres como trozos del cuerpo, como genitales, como aperturas vaginales, como pezones, como nalgas, como labios, como heridas abiertas, como pedazos. Además: la pornografía emplea a mujeres reales, la pornografía es una industria que compra y vende a las mujeres".

- "La pornografía fija el estándar en la sexualidad femenina, en los valores sexuales femeninos, en las niñas y los niños que están creciendo, y cada vez más en los campos de la publicidad, en las películas, en los vídeos, en las artes visuales, en el arte y en la literatura, en la música en sus letras.

Ese monstruo Es de "La monstruosa naturaleza sexual de los hombres" de lo habla el canadiense en un artículo publicado por The New York Time en referencia a los escándalos del cine que salen a la luz con décadas de retraso. "La libido masculina, así como las fuerzas y patologías que la acompañan, impulsa la cultura y la economía, mientras permanece más o menos sin analizar tanto en los círculos intelectuales como en la vida privada", y cita a nuestra amiga Dworkin, cuyas convicciones ya leímos más arriba.

Concluye en que los hombres no hablamos de nuestra naturaleza sexual y que sí, que nuestro nivel de líbido y, por qué no, de conformidad sexual con nosotros mismos en función del aprendizaje de que "la erección es poder", hace fluctuar la economía y el ánimo social. "Así es como llegamos a al lugar donde estamos hoy: teniendo una conversación pública sobre la mala conducta masculina en materia sexual sin discutir también la naturaleza de los hombres y el sexo. Los (muy pocos) hombres prominentes que están hablando al respecto ahora insisten en que los hombres necesitan ser mejores feministas, como si las últimas semanas no hubiesen demostrado suficientemente que la ideología de los hombres es irrelevante".

¿Nos animamos a hablar de esto o lo dejamos para después? 

Rodríguez.

MDZ consultó sobre este tema a feministas, funcionarias y a muchas otras personas, de todo tipo de género, que pudieran opinar sobre la lectura del artículo que impulsó esta nota. Pero no. No les sedujo a la mayoría dejar impresa en ríos de bytes su posición. ¿Desconocimiento? ¿Miedo al "qué dirán"? ¿Abulia? No lo sabremos, porque no se engancharon en tan interesante tertulia.

Si lo hizo el sexólogo José Luis Rodríguez, quien acompañó a MDZ no solo con sus opiniones sino con datos que aportan a la disucsión de nuestro futuro como humanos. Explicó entonces que "desde 1948, gracias a las investigaciones de Alfred Kinsey, tenemos información confiable acerca de la sexualidad humana. Cabe aclarar que el trabajo de Kinsey se realizó desde una perspectiva sociológica, pero constituyó en primer intento de explicar lo que nos pasa a los seres humanos cuando tenemos relaciones sexuales".

"No me digás qué sos, decime qué haces"

"En 1998 -prosiguió Rodriguez- el Instituto Kinsey, celebró sus 50 años de investigación y publicó un voluminoso libro. Uno de los aportes más interesantes, desde el punto de vista de las encuestas, fue el comenzar a analizar las conductas planteando ´no me digas qué sos, decime qué hacés´. Con este concepto, ya comienzo a cuestionar el artículo de NYT desde su primer párrafo, ya sabemos que las opiniones con frecuencia no se reflejan en las conductas.  A partir de ahí, las generalizaciones abundan. Y, con la peligrosidad propia de las generalizaciones, se me resaltan tres frases: ´Casi a ninguno le interesa ni está dispuesto a tratar de resolver el problema de fondo: la usualmente fea y peligrosa naturaleza de la libido masculina´; ´durante la mayor parte de la historia hemos dado por sentada la brutalidad implícita de la sexualidad masculina´; y finalmente la referencia a Orígenes, ´quien analizó más o menos el mismo principio´."

Mito o ciencia, literalidad o metáfora

Aquí es donde Rodríguez retoma un punto que considera pivoteador de su nota el autor canadiense citado desde el comienzo, Stephen Marche, quien arrojó al estanque del debate todavía en ciernes una piedra bíblica.

Rodríguez sostiene que parte de una información errónea para construir una idea equivocada. "Orígenes se castró a sí mismo, pero por la interpretación literal de la frase bíblica ´si tu ojo es ocasión de pecado, arráncalo....´. Nada más, se castró porque la sexualidad para él representaba el pecado y quería evitarlo". En indica que "la mayor parte de la historia, contradice al autor. La confusión está en creer que como seres humanos, nuestra historia comienza hace 8000 años, con las primeras civilizaciones".

Madres, sí. Pero padres también

Para el sexólogo Rodríguez, "nuestra historia comienza hace decenas de miles de años, y nuestras maneras de relación también. Desde este punto de vista, si el varón no resignaba la violencia no tenía posibilidades de perpetuarse. De perpetuar su genética, de tener hijos. Evolucionamos realizando un gran cambio, somos de las pocas especies de mamíferos que ejercen la paternidad. Los machos preñan a las hembras y no les interesan ni el embarazo ni el parto ni la crianza".

Agrega su punto de vista no menor en torno a que "en la especie humana la inversión es grande y exige cuidado. Desarrollamos el apego a nuestra pareja y a nuestra cría para lograr el esfuerzo cooperativo de la supervivencia".

¿Hacia donde vamos? "¿Un mundo sin erecciones?"

José Luis Rodríguez está convencido que "el modelo hacia el que vamos, coincido con Helen Fisher, probablemente sea el de la vuelta a la cooperación".

Y analiza ese término en su contexto: "Cuando aparecen las estructuras sociales y las comunidades grandes, cuando aparece la cultura, es cuando se generan las desigualdades. Desigualdad de género que está sostenida solamente por una diferencia, la mujer queda embarazada. Sobre esa única diferencia, se establece una desigualdad". 

En este punto, coincide con el canadiense Marche que nos metió en este embrollo con su libro: "La educación entonces es la manera de cambiar una estructura de pensamiento que está incrustada en la mayoría de las sociedades occidentales".

El "pito" en el futuro: ¿monstruos erectos?

"En cuanto a la especie de necesidad de represión de la sexualidad masculina, para muestra basta la de la iglesia católica sobre su clero. Reprimir las manifestaciones de la sexualidad, desequilibra la psiquis", opina Rodríguez en forma tajante.La realidad lo acompaña con noticias terroríficas al respecto de las consecuencias de aquello.

"Somos dice- seres emocionales que razonan, se dice. O sea que primero nos inundan las emociones y luego las racionalizamos. Una sexualidad masculina sana, probablemente sea la que comprenda esto y actúe en consecuencia. No hay monstruosidad que aceptar, hay humanidad que descubrir", concluye.

No conclusión

Lo tratado en esta nota es un tema de política humana, de acuerdos (o desacuerdos, o propuestas, o cuestionamientos) sobre nosotros mismos. No hay conclusiones porque es un debate abierto y al que, como vemos, no se suben fácilmente siquiera los "expertos".

En la capital del tabú, como es Mendoza, no resultaria malo un sacudón mental como el propuesto para hablar sobre estos temas. Y acompañarlos con lecturas que vayan más allá, inclusive por fuera de los límites de los cánones personales: leer lo que nos da miedo leer. Así evolucionamos. Si no, nos reafirmamos en donde estamos cómodos, aunque posiblemente equivocados.