Fantasías: no sólo en la cama

La fantasía podría entenderse como una huida de la realidad pero también como un acto de creatividad.
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Fantasías. No sólo en la cama

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

La fantasía es una facultad humana propia y única. Se cataloga como un proceso psicológico superior, ya que requiere la manipulación de información creada por el propio cerebro. Muchas veces se suele reducir la fantasía sólo al terreno de la sexualidad, cuando en realidad se trata de un proceso mucho más abarcador. Pues contempla la capacidad para representar ideas y sensaciones sin necesidad de percibirlas por los sentidos, sino de manera imaginaria: pensamientos racionales o irracionales sobre sucesos, hechos y acontecimientos; tanto como sensaciones, percepciones o gustos sobre situaciones que no son parte del momento presente, ya sea que se trate de experiencias pasadas, circunstancias que no han sucedido aún o sucesos que no pertenecen al ámbito de la realidad. El cerebro con el mero hecho de lograr esa representación, genera una descarga química que termina por desplegar todo tipo de respuestas tanto en el ánimo como el cuerpo mismo.

La fantasía podría entenderse como una huida de la realidad pero también como un acto de creatividad. Así es como esta capacidad de la mente para "pensar en imágenes", se puede utilizar a favor (para reflexionar, planificar, entender problemas, recordar, resolver cuestiones prácticas) o en contra de uno mismo (inventando realidades fingidas, provocando un falso bienestar temporal, o casos donde no se diferencia fantasía de realidad y no se es consciente de ello), estas funcionan como "satisfacciones sustitutas" y son sanas en tanto no se viva permanentemente en "pseudo realidades".

Para el cerebro es muy importante fantasear, por eso lo hace cuantas veces puede. Es una herramienta que se implementa para incorporar lecciones aprendidas en el pasado, apoyada en la memoria, disponiendo sus datos en nuevas combinaciones, mecanismo necesario para la construcción de planes futuros. Su ubicación anatómica se centra en el hipocampo, pero por los estudios realizados, se ha podido observar que tiende a desarrollarse a través de una combinación e interconexión con amplias redes neuronales de diferentes areas del cerebro, mostrando así la complejidad necesaria para su creación. La fantasía en su más amplio sentido funciona como un trampolín, un disparador y un precipitante de químicos que se agolparán en el torrente sanguíneo, para generar emociones y sentimientos.

La fantasía tiene un poder algo desconocido o al menos subestimado. Fantasear no es otra cosa que establecer un contacto con uno mismo y con aquello que a cada uno en lo particular, lo moviliza. Así como una persona fantasea sobre la conquista de un trabajo y se ve allí desplegando sus posibilidades, de la misma manera la fantasía sexual se convierte en un mapa que más tarde se transformará en la ruta a llevar a cabo en la fusión de los cuerpos. Sin embargo, no necesariamente la fantasía se restringe a los hechos imaginados sobre la realidad de una cama. Con esto no se quiere menospreciar la fantasía puramente sexual. Sino que hablamos de la posibilidad, que trae dentro de la relación de pareja, de ampliarla mucho más allá del consabido gusto final del encuentro. La fantasía, es algo que nos diferencia de los animales también en el área sexual, alejando lo instintivo de la sexualidad.

La fantasía permite hacer un despliegue amplio del propio vuelo, sin límites que la condicionen. El conocimiento es limitado, la fantasía no. De esta manera, fantasear es una manera de construir en el aire, para luego intentar recrearlo en la realidad. Lo que se piensa se vuelve "nuestra" realidad y el cuerpo reaccionará a estos pensamientos. Pero como el amor a uno mismo es condición esencial para amar a otro, de la misma manera la fantasía es una manera de conocerse a uno mismo y armar la película que cada uno dirija. En la fantasía, la persona se descubre a sí misma, como observando su propia desnudez psíquica. Quizás un entrenamiento mental que los adultos tienden, erróneamente, a dejar de realizar y que tiene que ver con "jugar". Un ejercicio tan importante y crucial, en el desarrollo de los más pequeños.

En la infancia cuando los niños juegan, pueden recrear acontecimientos que los han asustado o confundido como una manera de dar sentido a esas experiencias, por medio de situaciones hipotéticas o fantaseadas que aparecen en los relatos y que ellos reproducen cuando juegan, ayudando a los niños a ser más felices, creativos y sociales. De niños la imaginación y la fantasía constituyen grandes elementos que serán el preámbulo de la creatividad y del autoconocimiento, abriendo puertas a mundos infinitos, con gran apoyo en si mismo y propiciador de seguridad y confianza interna. Yendo más allá de lo que se puede observar, escuchar, tocar, oler, degustar o algo más allá de lo que se ve, atreviéndose a lo invisible, a lo ausente para crearlo.

Por tanto la conclusión es sencilla. La vida práctica, rutinaria y maratónica de éste presente, nos aleja considerablemente de una práctica con la que venimos dotados desde el nacimiento. Ser adultos y responsables, no exige la amputación absurda de fantasear en todos los escenarios posibles. Podemos conectarnos con los diferentes momentos de nuestras vidas y volver a desplegar esas capacidades. De ésta manera, la fantasía tiene el poder de un viaje mágico y místico. Pero a la vez tiene el poder de traducirse en sueños, los que nos llevan de las narices, en ocasiones, a las concreciones más drásticas o a los hechos más inesperados. Fantasear es soñar despiertos. Y soñar es desear, anhelar. Todo ello conforma el camino hacia la posibilidad de hacer realidad, lo que alguna vez se construyó en el aire, en las nubes, en las más efímeras y fugaces fantasías.