En Argentina hay casi 2 millones de personas que padecen diabetes

El 35% de los pacientes dializados son diabéticos, 13% de los infartos de miocardio ocurren en personas con diabetes y el 7% de los casos de ceguera se deben a esta afección.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

En Argentina hay casi 2 millones de personas que padecen diabetes

En el mundo hay unos 400 millones de diabéticos y se calcula que en el año 2013 murieron más de 5 millones de personas por esta enfermedad (una cada 6 segundos). Se estima que en Argentina hay casi 2.000.000 de personas que padecen diabetes aunque 300.000 de ellas no lo sepan; 35% de los pacientes dializados son diabéticos, 13% de los infartos de miocardio ocurren en personas con diabetes y el 7% de los casos de ceguera se deben a esta afección.

Un poco de historia

Si bien en el Papiro de Ebers (1.500 AC) y en la literatura hindú existen referencias a la diabetes, fue Demetrio de Apamea (año 270 AC) quien acuñó el término (dia: atravesar – vetes: pasar) para definir un estado de debilidad generalizada, caracterizada por sed intensa y micción abundante. De allí el término: atravesar el riñón.

Celso, el gran médico romano, fue quien propuso el primer tratamiento para esta afección: la dieta y el trabajo muscular. Sin embargo, fue Thomas Willis, el neuroanatomista que describió la circulación cerebral, quien describió detalladamente el cuadro clínico de diabetes.

William Cullen y más tarde John Rollo fueron quienes hicieron la distinción entre diabetes mellitus y diabetes insípida. En esta última la orina era abundante y sin gusto (por falta de hormona antidiurética, se orina de tal forma que en horas mata por deshidratación) y en la otra era dulce y por lo tanto, atraía a las moscas (un signo clínico del que se valían los médicos para diagnosticar la enfermedad, cuando no había otro método más que probarla para confirmar la impresión diagnóstica).

Uno de cada tres diabéticos verá comprometida su retina. De todos ellos, una tercera parte tendrá una retinopatía no proliferante y uno de cada diez tendrá la forma proliferativa (que es la forma clínica más severa). La diabetes es responsable del 7% de los casos de ceguera en el mundo, pero muchos más pueden sufrir distintos tipos de discapacidad.

El ausentismo que ocasionan las afecciones oculares por la diabetes ocasiona pérdidas por más de 500.000.000 dólares al año en Estados Unidos.

Terapéutica

Frederick Banting era un médico canadiense que al volver de la Primera Guerra Mundial – donde se lo dio por muerto debido a un traumatismo craneano – decidió investigar sobre el origen de la diabetes, asistido por un joven estudiante de medicina llamado Charles Best. Cuando por los resultados de sus estudios se descubrió la insulina (hormona que falta en la diabetes), a Banting se le concedió el premio Nobel, pero el investigador laureado insistió que su joven colaborador (excluido en la primera consideración) compartiese con él los méritos del descubrimiento

Así comenzó la era terapéutica de la diabetes. Sin la insulina, la muerte era el final inevitable. El aumento en la sobrevida de los pacientes se acompañó de un incremento en el porcentaje de complicaciones del riñón, el corazón, el cerebro y los ojos.

Justamente, los problemas oculares de la diabetes eran los que (a veces) hacían el diagnóstico de la enfermedad. Gracias al oftalmoscopio de Helmhotz, en 1860, se abrió un nuevo horizonte en la medicina. Un instrumento que requería un entrenamiento especial, condujo al largo camino de la especialización. La oftalmología fue la primera especialidad que se separó de la clínica médica.

¿Qué es lo que podemos ver en el fondo de ojo? ¿Qué cambios tiene la retina que son tan específicos como para hacer un diagnóstico y tan devastadores como para alterar profundamente la visión?

La microangiopatía es la razón del deterioro ocasionado por la diabetes en todo el organismo y muy especialmente en el ojo. Los capilares pierden su capa interna (endotelio) y se hacen incontinentes permitiendo la extravasación de sangre y plasma. Si continúan los cambios en estos capilares, se ocluyen y conducen a la falta de circulación con el consiguiente infarto o isquemia de la retina.

La retinopatía diabética se establece por dos mecanismos. El primero es la extravasación del contenido sanguíneo que es más frecuente en la diabetes del adulto (tipo II). Al estar los vasos incontinentes, derraman sangre o plasma rico en colesterol. Estas sustancias se acumulan en la parte central de la retina, con el lógico deterioro de la visión central o macular.

El otro mecanismo, es el de la isquemia o falta de circulación. Este se da predominantemente en los diabéticos juveniles (tipo I). Aquí se tapan los vasos y se genera una sustancia que intenta “cicatrizar” las zonas de isquemia, estimulando la formación de neovasos (nuevos vasos que son más frágiles) y por lo tanto más proclives a las hemorragias, no solo en la retina sino sobre la retina y especialmente en la cavidad dentro del ojo, llamada vítreo.

Dejados a su evolución natural, estas hemorragias terminan con desprendimiento de retina, glaucoma y puede evolucionar a la ceguera si no se trata en tiempo y forma. Estos problemas son previsibles, no en un 100%, pero si en proporciones importantes ¿Y cómo prevenirlo? Primero, con un control estricto de los niveles de glucemia y, si esto no es suficiente, se usará laser, antiangiogénicos y corticoides.

El láser no actúa mágicamente. Debe tener indicaciones precisas de cuándo y cómo hacerlo. El láser tiene como función a cerrar los vasos que filtran o a quemar las áreas de isquemia, donde por la falta de circulación se liberan factores tóxicos que hacen crecer nuevos vasos (neovasos) en la superficie de la retina.

En la década del 50, el Dr. Bernardo Houssay observó que en perros diabéticos, a los que les extirpaban la hipófisis, no desarrollaban retinopatía. Así abrió el camino al tratamiento de las lesiones diabéticas en la retina y lo hizo merecedor del Premio Nobel (el primero en ser recibido por un latinoamericano).

Posteriormente, el médico alemán Meyer Schinkerer, detectó que en aquellos pacientes donde había cicatrices corioretinales por Toxoplasmosis no evolucionaban las lesiones diabéticas. Esto lo llevó a realizar cicatrices en la retina por medio del láser para eliminar las zonas de falta de circulación, y así disminuir la producción de sustancias que generan dichos vasos de neoformación.

Actualmente, los antiangiogénicos son sustancias que inhiben la proliferación de estos vasos al ser inyectados dentro del ojo, solos o asociados a corticoides que reducen la inflamación del proceso.

Muchos de los casos que nos llegan, son pacientes que no se cuidaron o no fueron derivados oportunamente al tratamiento para evitar las complicaciones más graves como desprendimiento de retina tradicional o glaucoma neovascular. En los casos más avanzados debemos recurrir a terapéuticas quirúrgicas, que son del resorte del especialista, y no siempre llegan a la recuperación deseada, porque la evolución de la enfermedad puede haber deteriorado las delicadas estructuras oculares.

Por la diabetes no hay que preocuparse, sino ocuparse. Es necesario que todos los días se realicen las rutinas indicadas para su control y no caer en excesos, ni autoindulgencias, ni licencias que solo perjudican la evolución de la enfermedad.


Por Omar López Mato.

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