El recuerdo de Bayer: "No le gustaba llamarse anarquista"

Así lo recordó su biógrafo, Germán Ferarri. "Trataba de reivindicar el anarquismo desde el pacifismo, o encontrando matices en figuras como el "Che" Guevara", remarcó.

REDACCIÓN MDZ ONLINE

El recuerdo de Bayer: "No le gustaba llamarse anarquista"

Reconocido historiador, escritor, periodista y referente en la defensa de los derechos humanos y de las minorías, el argentino Osvaldo Jorge Bayer falleció ayer por la mañana a los 91 años, dejando tras de sí el legado de un compromiso político permanente con el humanismo, el revisionismo histórico y el combate pacífico a las injusticias, con el anhelo de construir una democracia efectiva y no de forma.

Vinculado desde joven al socialismo del diputado Alfredo Palacios, por influencia de su padre, Bayer mutó su postura ideológica hasta abrazar el anarquismo, a mediados de los años 60, luego de verse influenciado por sus trabajos de investigación periodística.

"A él no le gustaba llamarse anarquista, sino socialista libertario", explicó a Télam Germán Ferrari, periodista y biógrafo de Bayer, autor del libro "Osvaldo Bayer: el rebelde esperanzado", publicado este año.
"Trataba de reivindicar el anarquismo desde el pacifismo, o encontrando matices en figuras como el "Che" Guevara, o en fenómenos como la revolución cubana, algo muy altisonante para el anarquismo tradicional", afirmó.

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Hijo de una familia de clase media, Bayer comenzó a trabajar como periodista de adolescente, oficio con el que se costeó el viaje y la estadía en Alemania, donde estudió Historia en la Universidad de Hamburgo. Allí se afilió al partido socialdemócrata, en el que se relacionó con los partidos más de izquierda y coincidentes con el anarquismo.

Bayer regresó a la Argentina en 1956 y trabajó en el diario Noticias Gráficas, en el que cubrió los últimos movimientos anarquistas que aún resistían en el gremialismo argentino, dominado por la ortodoxia peronista.

"Cerca de mediados de los '60 hace el click ideológico hacia el anarquismo y deja de votar. No sólo por su vínculo con los sindicalistas, sino fundamentalmente a raíz de las investigaciones que había hecho para escribir la biografía de Severino Di Giovanni y su desencanto con la política en general", explicó Ferrari.

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Con los años, Bayer inicia la investigación y redacción de uno de sus trabajos más conocidos: los cuatro tomos del libro "Los vengadores de la Patagonia trágica", inmortalizados en la película La Patagonia Rebelde, que narraban la historia de los fusilamientos de cientos de obreros anarquistas en Santa Cruz durante una revuelta popular entre 1921 y 1922.

La exhibición de aquella película lo obligó a exiliarse en Alemania, luego de que la prohibiera la entonces presidenta María Estela Martínez de Perón, donde permanecería casi sin interrupciones hasta 1983, cuando regresa al país con la vuelta de la democracia.

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"Estaba políticamente muy comprometido durante la última dictadura militar (1976-1983). Buscaba cualquier lugar donde participar de charlas o conferencias para hacer públicas las atrocidades cometidas por la dictadura", apuntó Ferrari.

Tras su regreso, si bien en un principio puso cierta esperanza en el proceso de democratización del país, comenzó a cuestionar muy fuertemente al gobierno de Raul Alfonsín por sus políticas sobre los derechos humanos y también por la situación económica y social.

Según Ferrari, Bayer entendía que la democracia que se estaba construyendo era muy endeble: "La configuración de sociedad que se estaba armando se hacía sin revisar el vínculo con los factores de poder (fuerzas armadas, medios de comunicación, Justicia, Iglesia católica, etc.), aunque su principal crítica pasaba por la falta de depuración de las Fuerzas Armadas y una oposición férrea a las leyes de Obediencia debida y Punto Final".

Con la asunción de Carlos Menem (1989), Bayer renueva sus críticas acorde a su visión militante, muy cercana a la de las Madres de Plaza de Mayo y profundiza su relación con los pueblos originarios, que venía de lejos; su rechazo a la figura del general Julio A. Roca, responsable central de la Campaña del Desierto, era total.

La llegada a la Casa Rosada de Néstor Kirchner fue tomada "con desconfianza en un primer momento" ya que él fue "un antiperonista histórico y lo veía como una continuidad de Duhalde" pero, a medida que se avanzaba en algunas políticas como las de derechos humanos, "encuentra un espacio de coincidencia", completó Ferrari.

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