El legado alemán

Mónica Müller reconstruye en "Mi papá alemán" la figura de su padre inmigrante, su adaptación al ambiente argentino y la metamorfosis que experimentó tras su retorno a Baviera cincuenta años después.
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Nicolás Munilla

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El legado alemán(Alejandro López/Editorial Planeta)

El legado alemán | Alejandro López/Editorial Planeta

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El legado alemán | Alejandro López/Editorial Planeta

El legado alemán(Editorial Planeta)

El legado alemán | Editorial Planeta

Millones de personas arribaron a la Argentina entre fines del siglo XIX y principios del XX, escapando de la pobreza y la desesperación, para rearmar sus vidas en una nación que exudaba ilusión y progreso. Aunque algunos inmigrantes intentaron arrancar sus raíces del suelo que los vio nacer, la mayoría siguió aferrándose al legado de su tierra mientras luchaba incansablemente por sobrevivir en un ambiente absolutamente nuevo, arrastrando e intentando conservar sus historias, con mayor o menor éxito, en la memoria de sus hijos.

La escritora y médica argentina Mónica Müller buceó en los recuerdos de su infancia y juventud para narrar su historia familiar en Mi papá alemán. Una vida argentina (Seix Barral), donde reconstruye las andanzas de su padre Karl, que llegó a Buenos Aires junto con su familia tras la Primera Guerra Mundial y regresó a su pueblo natal cincuenta años después, y cómo su imponente influencia se impregnó en ella misma.

Dividida en ocho capítulos y en un tono marcadamente novelesco, ésta memoir refleja la visión fascinante y orgullosa de una niña por su padre, un hombre comprensivo y sacrificado a su trabajo, que ama navegar en las islas del Delta y dibujar de manera autodidacta, que respeta y fomenta la libertad de sus hijos. "Los padres tienen que ser como un tutor, como un palito de esos que se atan a la planta cuando todavía no puede mantenerse firme. Un palito más fuerte que la planta para que no se doble ni se quiebre, pero que no altera la dirección que por naturaleza quiere tomar", repetía Karl en clave metafórica.

La elaboración de una identidad propia hibernó sus rastros de 'alemanidad' y acentuó lo 'criollo': toma mate, come asados, se expresa con terminología lunfarda y no le trasmite a sus descendientes el legado germano. "A pesar de la insistencia de sus amigos y de mi mamá, no quiso enseñarnos ni una palabra en su idioma [...] y no nos mandó a colegios alemanes sino a simples colegios públicos argentinos; desobedeció el llamado de su patria por lo menos dos veces y nunca lo vi leer un diario que no fuera argentino. Se rebeló contra todas las normas del buen alemán [...]".

Pero el retorno de Karl Müller a Alemania en la década de 1970 despertó en él ciertas características más rígidas y simplistas. Asentado en su natal Helmbrechts con un buen empleo, nueva esposa y una vida provechosa, el señor Müller comenzó a expresar pensamientos discriminatorios, de tintes xenófobos y antisemitas, con ideas rudimentarias, que se sumaban a un desgaste físico y psicológico cada vez más perturbador ante los ojos de una hija que lo visitaba e intentaba comprender dicha metamorfosis.

Karl Müller falleció hace unos años producto de un agravamiento de su diabetes a causa de la tuberculosis que anidó en él toda su vida, enfermedad que heredaría su hija. De hecho, Mi papá alemán comienza cuando Mónica recibe dos cartas desde Alemania que le anuncian la muerte de su progenitor. "Usé deliberadamente el término 'papá' en lugar de 'padre' para expresar la cualidad amorosa y cálida de mi relación con él", explica Müller a MDZ.

- ¿Cómo fue el proceso de elaboración de esta memoir familiar? ¿Qué despertó en usted esta construcción de la historia suya y la de su padre?

- Siempre me interesó conocer el pasado. Siento que estar en el presente sin conocer las circunstancias que lo precedieron es como andar a ciegas por la vida. Tal vez por eso siempre me impresionaron las historias de los inmigrantes que se ven forzados a dejar su país y su familia por razones políticas o económicas. En ese sentido, la Argentina es un experimento único: casi todos somos descendientes de extranjeros, que mezclados con los pobladores originarios, creamos una cultura poderosa y desafiante con características muy peculiares, que van mutando a medida que se suman nuevas oleadas de migrantes. Los padres de mi padre se fueron de Alemania después de la Primera Guerra, cuando la miseria y la enfermedad los obligaron a buscar un mejor lugar donde asentarse. Siempre quise analizar y relatar esos cincuenta años que mi padre pasó en la Argentina, en los que fue transformándose en lo que él llamaba "un criollo", sin abandonar jamás la cultura alemana que había abandonado a los seis años.

- ¿Considera que volcar sus recuerdos en palabras y transformarlos en un relato, es una forma de explorar su mundo interior y encontrar respuestas a interrogantes muy profundos?

- Sin duda, investigar los hechos y reflexionar sobre su causa y su sentido es una forma de comprender la propia historia. Y tener la posibilidad de transmitirlos a los otros completa ese proceso de elaboración imprescindible para intuir algunas respuestas.

- Se sostiene que en la etapa de la niñez, la relación con los padres marca buena parte de la personalidad y los hábitos de la persona. ¿Qué le transmitió su padre y qué considera que heredó de él en carácter y cualidades?

- Mi padre fue una figura muy fuerte, un ídolo para mí durante toda mi infancia. Luego, por el inevitable paso a una visión objetiva que suele sobrevenir con la madurez, comencé a interpretar sus palabras y sus actos bajo una luz más cruda. Y ahora, pasados los años, y gracias al psicoanálisis, a la maternidad y a la abuelidad, puedo bucear en aguas más profundas y ver claro donde antes sólo había confusión. Ahora puedo decir que mi padre me enseñó a ser fuerte, frontal, honesta e independiente, pero también intolerante, terminante y dogmática. Lucho permanentemente contra esas características mías que aborrezco, y no siempre con éxito.

- ¿Qué fue lo que más le sorprendió de su padre cuando lo visitó en Alemania?

- Me impresionaron mucho los cambios que había sufrido, no sólo en lo físico, por efecto de la edad y la diabetes, sino también, y sobre todo, en lo psíquico. El hombre alegre, hedonista y poco prejuicioso se había transformado en una persona rígida gobernada por principios caducos. Por primera vez en esos años lo oí referirse cínicamente a las relaciones amorosas y hablar despectivamente de los extranjeros (aunque él había vivido como extranjero durante tantos años en la Argentina).

- En "Mi papá alemán" habla de sus viajes a Baviera, que fueron muy espaciados en tiempo, y llama poderosamente la atención que se repitan conductas de los habitantes del pueblo de su padre. ¿El silencio es una herramienta que allí usan para no condicionar el progreso?

- No creo que el fenómeno de la complicidad del silencio sea exclusiva del pueblo de Baviera donde él nació y ni siquiera de los alemanes. Todas las sociedades que han vivido experiencias traumáticas reaccionan al principio negando o eludiendo hablar de los hechos. En el caso de la sociedad argentina, la posibilidad de romper el código del silencio surgió por el trabajo de los grupos y organizaciones que se formaron espontáneamente con el objetivo de investigar y denunciar las violaciones a los derechos humanos. Este no es un fenómeno universal. No ha ocurrido en Chile, en Brasil ni en el Uruguay, países que han sufrido circunstancias parecidas en forma contemporánea. Y tampoco en Austria, aunque han pasado más de setenta años del fin del régimen nazi.

- ¿La discriminación, especialmente el racismo, es algo que cuesta erradicar sobretodo en las comunidades pequeñas como Helmbrechts?

- No lo creo. El racismo y la xenofobia son inherentes a la especie humana. Los humanos somos animales crueles, indiferentes a la suerte de los otros, egoístas para cuidar lo propio, feroces para defender nuestras propiedades y nuestro territorio. La solidaridad y el respeto por el prójimo son cualidades que se aprenden o que se actúan impostadamente por efecto de las religiones o de la ley. Curiosamente, otros animales, como los monos bonobos, parecen tener en forma natural el instinto de proteger a los cachorros y a los individuos vulnerables. Helmbrechts es un caso más, que no se diferencia del resto de las comunidades pequeñas o grandes del resto del mundo.

- ¿Ha vuelto o piensa volver algún día a Alemania después de la publicación del libro?

- Me encantaría hacerlo. Sé que a muchos alemanes les va a interesar la historia de Mi papá alemán y me gustaría mucho cambiar impresiones y opiniones con ellos.

Nicolás Munilla