El infierno que vivió una turista argentina en Ecuador

Andrea Carenzo, de 31 años, sufrió un violento asalto en su visita al cerro Mandando. Dos delincuentes la golpearon, la apuñalaron y la tiraron por un barranco para robarle.
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MDZ Sociedad

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El infierno que vivió una turista argentina en Ecuador

Una joven argentina vivió un infierno durante sus vacaciones en Ecuador, donde la asaltaron, la golpearon, la apuñalaron y la tiraron por un barranco. Andrea Carenzo pasó las Fiestas con un derrame y una severa inflamación en el ojo, los dos tobillos esguinzados, una fuerte lesión en la pierna derecha y otra en el brazo derecho, dos cortes y dos puntazos. Ese fue el resultado del violento asalto del que fue víctima hace unos días en Ecuador, mientras visitaba el cerro Mandango. "Gracias a Dios no me violaron", escribió la víctima en su Facebook personal.

La joven pensó que iban a matarla pero, aunque el martes pasado pudo celebrar su cumpleaños número 31, todavía espera que se haga justicia. Es por eso que decidió publicar su historia en las redes sociales.

"El jueves 07/12/2017, en el pueblo de Vilcabamba, provincia de Loja, al sur de Ecuador, subí sola al cerro Mandango. Al llegar al mirador, me encontré con dos jóvenes, quienes me atacaron por la espalda", así empezó el relato en su perfil de Facebook y siguió: "Uno de ellos me puso una cuchilla en el cuello y me tapó la nariz y la boca mientras me gritaba: dame la mochila porque te mato, hija de puta".

Ella intentó defenderse, forcejearon y la apuñalaron ocho veces. No podía entregarles la mochila porque la tenía atada a su espalda y los delincuentes no dejaban que se moviera. Entonces, como no podían robarle, la tiraron por el barranco. 

Cuando dejó de caer, Andrea empezó a correr y tocar el silbato que llevaba guardado en su equipaje para pedir ayuda. Los ladrones tardaron apenas segundos en alcanzarla y seguirla golpeando. "Me sometieron presionando mi pecho, mi pierna derecha, mis brazos y mi cabeza contra el suelo, nuevamente amordazándome, impidiéndome respirar o hablar, y pegándome más de 6 piñas en la cara (en la sexta paré de contar y empecé a pedir a Dios que si me iban a violar, me mataran)".

Una vez que entendieron que tenían que soltar las correas de la mochila, lo hicieron y huyeron con las pertenencias de la joven, dejándola abandonada. Media hora tardó en cruzarse con una pareja, que llamó a su novio y a la policía. Ese mismo día, después de haber hecho la denuncia, la contactó una empleada del Ministerio de Turismo de ese país para pedirle que no llevara el hecho a los medios. Unos días después, según su relato, dejó de responderle los mensajes el fiscal a cargo de la investigación y tampoco recibió la ayuda esperada en el Consulado Argentino en Guayaquil.

"No hicieron nada por mí, ni presionaron a la justicia ecuatoriana para que actúe, o al menos así parece, ya que sigo esperando respuestas. La respuesta del Consulado ante mi pedido de ayuda fue que 'tengo que tener paciencia'", sostuvo la joven y afirmó: "Para mí tener paciencia significa esperar a que los delincuentes vendan todo lo que me robaron, así cuando allanan no encuentran nada y pueden seguir libres".