El "efecto Mozart" y nuestro cerebro

Su vasta obra perduró y ha sido objeto de múltiples investigaciones. ¿Tiene la música de Mozart un efecto especial en nuestras neuronas? Te lo contamos.
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Cecilia Ortiz

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El "efecto Mozart" y nuestro cerebro

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El "efecto Mozart" y nuestro cerebro

El "efecto Mozart" y nuestro cerebro

"Elijo las notas que se aman", Wolfang Amadeus Mozart.

Que fue niño prodigio no es un secreto. Wolfang Amadeus Mozart nació en 1756 y murió en 1791, a la edad de 35 años, dejando la cantidad de 626 composiciones, para ser exactos, 17 óperas, 41 sinfonías, 27 conciertos para piano, 18 sonatas para piano y música para órgano, clarinete y otros instrumentos. A los 5 años compuso su primera obra. Fue pianista, violinista, director. Un genio.

Qué pasaba en su cerebro. Es desconocido. Pero hoy se estudia el efecto que su música tiene en los cerebros de los demás. Corría el año 1991, Alfred Tomatis, reconocido otorrinolaringólogo publicó los estudios de una extensa investigación que llevó a cabo. Durante sus sesiones utilizó música de Mozart y descubrió que resultaba sumamente útil para curar, entre otros padeceres, la depresión. Denominó a su terapia "método Tomatis" y publicó el libro "Pourquoi Mozart" (por qué Mozart) en el que sostiene que "el milagro de Mozart es colocar al ser humano al unísono con la armonía del Universo".

Gracias a los estudios en neurociencias, se sabe que en nuestro cerebro hay zonas dedicadas a procesar música y sus elementos, como tono, vibración, armonía, ritmo. Los estudios neuroanatómicos han demostrado que cuando escuchamos música una gran cantidad de neuronas conectadas a lo largo del cerebro se activan. Esto significa que nuestro órgano superior se comporta como una compleja máquina de interpretación musical.

En el año 1993, una psicóloga de la Universidad de California, realizó un estudio con 36 alumnos, los resultados fueron publicados en la revista Nature. Allí ella concluyó que escuchar Mozart (especialmente la sonata para dos pianos en re mayor) mejoraba el razonamiento espacial.

En 1997 Don Campbell, músico y compositor, publicó, basado en las enseñanzas de Tomatis, "El efecto Mozart" y en el 2000 "El efecto Mozart para niños", best sellers que divulgaron el tema.

En el 2001, el doctor J. S. Jenkins publicó en una revista sobre medicina que el "efecto Mozart" existe, pero que no afecta la inteligencia en general. Además, apuntó los beneficios que la música del gran compositor aporta a las personas con epilepsia.

En 2013, Nicholas Spitzer, biólogo de la Universidad de California sentenció que el tal efecto Mozart no tenía ningún efecto sobre la capacidad cerebral de las personas. Obviamente, los Vieneses le saltaron a la yugular. Y condujeron un estudio con 3000 personas. Llevaron un minucioso registro encefalográfico mientras se escuchaban distintos tipos de música. Utilizaron 22 canciones de variados géneros musicales y con diferentes amplitudes. Encontraron que la música clásica (y la de Mozart, en especial) oscila en amplitudes hasta 0,0013 unidades, mientras que el reggaetón, por ejemplo, lo hace en 0,023. Las bajas amplitudes originan actividad eléctrica cerebral de tipo alfa (ondas de 8 a 12 HZ), que ayudan a la coordinación mental y la calma, ayudando al cerebro a relajarse, lo que provoca mejor procesamiento de la información y, por lo tanto, mayor asimilación. Así, determinaron que la música de Mozart provoca aumento en la capacidad de atención y memoria, mejora la habilidad para resolver problemas matemáticos y estimula la creatividad y la imaginación.

Usted se preguntará ¿por qué la música de Mozart? Lo que se sabe hasta ahora es que no solamente cuenta la amplitud, sino que además la claridad y simplicidad de sus composiciones, la combinación exquisita de notas y la ausencia de carga de "dramatismo", conformarían un "combo" especial.

En realidad, la música en general tiene efecto estimulante en nuestro cerebro. Sobre todo si nos gusta. El hecho de movernos al ritmo de una canción, de recordar la letra, de entonar, de rememorar momentos en los que la escuchamos, implica un sinnúmero de conexiones neuronales. Ni mencionar el plano emocional y afectivo. No podemos negar que hay melodías que, por su tonalidad, nos ponen alegres o tristes. De hecho, hay música que reduce la ansiedad, el dolor y hasta las náuseas.

De hecho, un estudio realizado en Toronto comprobó que la música clásica, así como tocar un instrumento, ayuda a disminuir los niveles de presión arterial, reduciendo el estrés.

Y es que escuchar música hace que nuestro cerebro libere dopamina, un neurotransmisor responsable de aportar sensaciones de placer. Está demostrado que en el momento más emotivo para nosotros de una canción o durante el estribillo, es cuando más cantidad de dopamina se libera.

A través de mi trabajo he comprobado que las personas adultas mejoran su rendimiento, y, sobre todo su ánimo, cuando escuchan música, sobre todo clásica.

Doscientos veintisiete años después de su muerte, su música sigue vigente y avivando hipótesis y controversias. Al escuchar cualquiera de sus composiciones, como las de tantos otros autores clásicos, uno no puede resistirse a dejarse llevar tranquilamente por la sucesión armónica de notas.

La ciencia seguirá investigando. Los científicos refutando teorías. Yo le propongo algo: luz tenue, Mozart, cierre los ojos... y después me cuenta.

"Los patrones de la música y de todas las artes son la clave del aprendizaje", Platón.

Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296 / [email protected]