Sociedad En la tierra desechada

El barrio del Este que vive de la basura

La cooperativa El Humito nació en 2008 como un proyecto de vecinos de San Martín no que buscaron transformar el vertedero donde se encontraban en una fuente de trabajo para todos. Hoy su lucha sigue cercada por el olvido y el apoyo tardío.
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Nacho de Villafañe

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El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

El barrio del Este que vive de la basura | Pachy Reynoso/MDZ

El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

El barrio del Este que vive de la basura | Pachy Reynoso/MDZ

El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

El barrio del Este que vive de la basura | Pachy Reynoso/MDZ

El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

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El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

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El barrio del Este que vive de la basura | Pachy Reynoso/MDZ

El barrio del Este que vive de la basura(Pachy Reynoso/MDZ)

El barrio del Este que vive de la basura | Pachy Reynoso/MDZ

Para llegar hace falta preguntar y perderse al menos una vez. La cooperativa del basural municipal de Alto Salvador, en San Martín, llamada El Humito en referencia a la postal característica que se produce con la quema de residuos, queda al final de una calle desierta que se desprende del carril Chimbas, toma calle Cereceto y desemboca en un caserío al borde de los desechos.

Las instalaciones de la cooperativa son precarias. Un galpón casi vacío, de construcción reciente, y un amplio predio con montañas de basura en el centro y desechos clasificados por su material a lo largo del perímetro.

El Humito es un proyecto que nació en 2008 a raíz de la necesidad de un grupo de gente que se encontraba sin trabajo. En ese entonces contaba con 10 personas, casi todas mujeres. Hoy los socios son 23, y trabajan día a día reciclando los desperdicios de otros.

El trabajo es arduo y los resultados magros. "Nosotros no ganamos mucho", dice Jesica Jofre, tesorera de El Humito. "Lo básico que estamos ganando, por semana, son mil pesos por socio", agrega.

Jesica tiene 28 años y está casada con el "Gringo", otro de los integrantes de la cooperativa. Juntos construyeron un hogar a metros del basural. Pero el reciclado, sin embargo, no alcanza. El "Gringo" tiene la suerte de contar con otros tres trabajos que le permiten sostener una vida con mínimas comodidades.

El Humito es un capítulo más dentro de la larga novela de anuncios gubernamentales que prometieron, alguna vez, solucionar los problemas originados por los basurales mendocinos. Hoy sus 23 socios viven con la expectativa de contar con una mano ajena para salir adelante. 

Lo que ahora más necesitan los cooperativistas de Alto Salvador es una cinta transportadora que conecte el vertedero con el galpón que construyeron para poder trabajar con mayor eficiencia. 

Para Jesica, esa es la primera carencia a cubrir: "Nosotros necesitamos la cinta y que se fijen un poco más en la necesidad que tenemos de herramientas", dice y aclara, como algo obvio, que "el sueldo no da" para hacerlo sin ayuda.

En rigor, lo que se hace en la cooperativa es recuperar los residuos para clasificarlos y luego venderlos. Todo el material que llega hasta el predio de El Humito se separa entre vidrio, plásticos, papel y metal, y se subdividen de acuerdo a su tipo.

La asistencia social no falta. El galpón, por ejemplo, se alzó gracias a fondos girados por la provincia y el municipio. Pero lo cierto es que en muchas ocasiones o bien no alcanza, o bien llega tarde. 

Sin ir más lejos, la cinta transportadora que algún día unirá el vertedero con el edificio techado es un proyecto postergado desde hace al menos un año. Sin ella, el trabajo de los cooperativistas se vuelve más riesgoso, más difícil y menos redituable. Los días de lluvia vuelven la tarea un tormento y la imposibilidad de trabajar en las condiciones adecuadas tornan imposible el sueño que tienen de librarse de los intermediarios y vender todo el material recuperado de forma directa.

Otras herramientas que hacen falta en El Humito son amoladoras para separar el cobre de los transformadores y desechos similares. La diferencia entre lo que se paga por un kilo "sucio" y uno "limpio" es considerable, puede pasar de los $3 a los $70, aunque requiere más trabajo y más material también.

Entre tanto, el tiempo corre. Y los recuperadores de Alto Salvador continúan revolviendo cada día la basura creciente sin perder la ilusión de que, aunque lentamente, la situación se perfila en aras de mejorar.