El antes y el después del cerro Aconcagua

Antes, era aventura; ahora, es un deporte. Marcelo Straniero, por caso, fue médico del coloso durante 15 años y miles de andinistas pasaron ante sus ojos. Ahora, los tiempos modernos lo obligaron a renunciar.
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Ulises Naranjo

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El antes y el después del cerro Aconcagua(Gentileza Matías Sindoni.)

El antes y el después del cerro Aconcagua | Gentileza Matías Sindoni.

El antes y el después del cerro Aconcagua(Ulises Naranjo.)

El antes y el después del cerro Aconcagua | Ulises Naranjo.

El antes y el después del cerro Aconcagua(Ulises Naranjo / MDZ.)

El antes y el después del cerro Aconcagua | Ulises Naranjo / MDZ.

El antes y el después del cerro Aconcagua

El antes y el después del cerro Aconcagua

El antes y el después del cerro Aconcagua

El antes y el después del cerro Aconcagua

El antes y el después del cerro Aconcagua(Ulises Naranjo / MDZ.)

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El antes y el después del cerro Aconcagua(Gentileza Matías Sindoni.)

El antes y el después del cerro Aconcagua | Gentileza Matías Sindoni.

También en el Aconcagua y sus ascensiones, hay un antes y un después.

Hace unos 25 años, este que escribe fue por primera vez al cerro, cuando no había grandes empresas concentrando el negocio, ni servicios especiales, ni adelantos tecnológicos satelitales, ni Internet con wi fi, bares y duchas calientes y tampoco guías de montaña titulados.

Era otro Aconcagua: uno, tal vez, con mayores riesgos, pero también con mayores aventuras, menos personas y mayor espíritu deportivo. Entre otras cosas, no había médicos.

Los años han pasado y el Aconcagua fue creciendo exponencialmente como negocio; las empresas ganaron envergadura y comenzaron a competir por ofrecer más y mejores servicios a los visitantes, hasta límites antes impensados e, incluso, no deseados. Es cierto que, antes, también había porteadores, guías y empresas, pero no era lo mismo; ahora, de hecho, se vuelve muy difícil plantearse una expedición sin la contratación de una compañía, sus comodidades y seguridades, pero también sus manejos de los tiempos, para que no se junten en los campamentos base expediciones distintas.

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Hoy, podés ir hasta la cumbre del cerro sin cargar mayor peso en tu mochila, porque podés contratar porteadores y podés tocar la cima sin tomar ninguna decisión durante el trayecto, pues hay en Mendoza excelente guías de montaña, que conocen de memoria cada ruta y saben si podés llegar o no, si las condiciones son las debidas para intentar cumbre y también están preparados para bajarte a un campamento base en caso de problemas.

Ahora, de hecho, también hay médicos especializados en los campamentos base (Confluencia, Plaza de Mulas y Plaza Argentina), con equipamiento que te pueden salvar la vida.

Respecto de estos servicios, a principios de la década del ‘90, sabrán los memoriosos, hubo un médico que hizo historia en el Aconcagua, Jorge Ibarra. "El iba gratis, era oncólogo y fue como un maestro para todos los que fuimos después; todos nos identificamos como montañistas por naturaleza", comenta Marcelo Straniero, quien, hasta la temporada pasada, prestó servicios en el cerro durante 15 años. 

Marcelo Straniero.

Por sus manos y sus juicios, han pasado decenas de miles de andinistas con el sueño de la cumbre palpitándoles, a veces con exceso, en sus pechos.

"Toda la especialización la fuimos haciendo en el terreno; todo fue experiencia propia. Luego de tantos años, ahora noto un cambio de paradigma: antes había más convivencia en la montaña, había historias de vida; ahora, parece que lo importante es hacer cumbre en el menor tiempo posible. Las empresas de montaña contratan guías para llevar turistas a la cumbre. En líneas generales, se ha perdido mucho de lo que el montañismo tenía", opina Straniero.

Siguiendo esta mirada ‘empresarial', el panorama impacta en los servicios de salud: "Se están perdiendo la consulta médica-humana extendida y parece que hay menos tiempo para todo; las consultas son más impersonales y, básicamente, no se puede constatar el estado de salud previo de los andinistas".

Al respecto, el médico recuerda un episodio que vivió con un andinista de fama mundial, el español Fernando Garrido: "Yo soy cardiólogo y siempre he llevado mi electrocardiógrafo al Aconcagua. A este deportista, le detecté una arritmia por electrocardiograma. Lo encontré claramente limitado y él se enojó mucho conmigo cuando se lo hice saber. Venía con diez españoles que querían hacer cumbre y, para él, fue más importante llevarlos que su salud. Finalmente, subió medicado y yo me di cuenta de que ya no tenía fuerzas para continuar así con ese trabajo. Esta temporada, hubo dos decesos por muerte súbita".

De este modo, al encontrarse "en desacuerdo con las nuevas pautas sociales," es que Marcelo Straniero decidió renunciar a su trabajo en el Aconcagua.

Todo es más rápido en el cerro. Es evidente: los equipos, por ejemplo, ahora son mucho más livianos; las botas, las camperas, las carpas, las botas, las comidas, incluso... Esto hace que se suba de modo más veloz, sin cumplir con los encantadores procesos de ir acercándose a una cumbre, una cumbre que no es llegar a la cima del Aconcagua, sino llegar, sano y salvo, a casa.

El cerro y sus apuros ha perdido ahora al médico Marcelo Straniero, quien, claramente, prefiere afrontar el desafío de ver crecer a sus hijos Daniela, Sofía y Vicente y a su nieto Valentino. Se está tomando el debido tiempo para hacerlo, asegura, por lo cual, está claro, tiene la cumbre asegurada.

Ulises Naranjo.