Derechos humanos: una deuda pendiente

La declaración universal de los derechos humanos tiene 30 artículos referidos a los derechos humanos considerados básicos, a partir de la llamada carta de San Francisco del 26 de junio de 1945, que también coincide con la primera declaración de los derechos del hombre en la Revolución francesa. Casi 70 años después de su firma, todavía quedan países asediados por la guerra, la pobreza y el autoritarismo.

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Redacción MDZ Online

Derechos humanos: una deuda pendiente

Derechos humanos: una deuda pendiente

La vigencia de los derechos humanos constituye aún una deuda pendiente para muchos países asediados por la guerra, el autoritarismo y la pobreza, al cumplirse 70 años de la declaración universal firmada en París el 10 de diciembre de 1948.
Este documento, adoptado por las Naciones Unidas en su resolución 217, fue suscripto después del fin de la Segunda Guerra Mundial y de los juicios de lesa humanidad de Nüremberg en Alemania.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) fue redactada por un grupo de mujeres, entre las que se encontraba la escritora Eleanor Roosevelt, esposa del presidente estadounidense, Franklin Delano Roosevelt.

El documento tiene 30 artículos referidos a los derechos humanos considerados básicos, a partir de la llamada carta de San Francisco del 26 de junio de 1945 que también coincide con la primera declaración de los derechos del hombre en la Revolución francesa.

Si bien la Declaración constituye un documento orientativo, los pactos son tratados internacionales que obligan a los Estados firmantes a cumplirlos, aunque esto no sucede muchas veces en la practica. "Fue el instrumento fundacional de los derechos humanos. El tiempo y la historia transformaron la Declaración en una suerte de constitución universal. Todo lo que se hizo después fue un derivado del contenido de esa declaración", dijo a la agencia de noticias Télam Leandro Despouy, ex Relator de las Naciones Unidas para la independencia de la justicia y las leyes. Despouy señaló, además, que la Declaración "fijó los cimientos de un mundo multilateral de cooperación entre los Estados, el reconocimiento de los individuos y una nueva construcción de la paz".

El documento proclamó los derechos inalienables de todos los seres humanos, sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, propiedades, lugar de nacimientos. Aunque aún queda un largo camino que recorrer, gracias a este documento -traducido a 500 idiomas- se han sentado las bases para un mundo más justo e igualitario.

"En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestros entornos, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano", dijo Roosevelt.

La primera dama de Estados Unidos entre 1933 y 1945 fue nombra delegada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1946 por el presidente estadounidense, Harry S. Truman. Su papel fue vital en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en un momento de grandes tensiones entre la ex Unión Soviética y Occidente, a tal punto que en 1968 se le concedió de manera póstuma el Premio de las Naciones Unidas en la Esfera de los Derechos Humanos.

Pero, además, hubo otras mujeres que colaboraron en la redacción de este documento como la india Hansa Mehta, defensora de los derechos de la mujer. A Mehta, precisamente, se le atribuye el mérito de cambiar la frase de "Todos los hombres nacen libres e iguales" por "Todos los seres humanos nacen libres e iguales" en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. 

A 70 años de la firma del documento, todavía hay países asediados por la guerra.

La francesa Marie-Helene Lefaucheux, presidenta de la Comisión de la Condición Jurídica y social de la mujer en 1948, defendió la inclusión de una mención a la no discriminación sexual en el artículo 2 de la Declaración. Por su intervención, el texto dice: "Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición".

Otra mujer que tuvo cierta influencia fue Minerva Bernardino, diplomática y líder feminista de la República Dominicana, quien en las deliberaciones incluyó "la igualdad de los derechos de hombres y mujeres" en el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Bernardino, junto con la brasileña Bertha Lutz y la uruguaya Isabel de Vidal, desempeñó una función especial en la defensa de la inclusión de los derechos de la mujer y la no discriminación sexual en la Carta de la ONU.

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