Démosle dignidad a cada padre, démosle trabajo y no jodamos

Hoy recuerdo a mi padre porque me enseñó que las condiciones económicas pueden ser buenas, regulares o malas, pero con un empleo es posible arreglárselas. ¿Pero qué pasa cuando no hay trabajo? No jodamos con un laburo, aunque le cueste a los actores políticos.
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Edu Gajardo

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Démosle dignidad a cada padre, démosle trabajo y no jodamos(@edugajardo)

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Un día 18, como hoy, pero hace cinco meses, cuando faltaba poco para terminar mi turno en MDZ recibí un llamado que cambió mi forma de mirar el mundo. Mi hermana me avisaba que mi papá había muerto. Nadie está preparado para ese momento, menos si no arrastraba una enfermedad que hiciera presagiar que le quedaba poco tiempo. En ese instante se te pasan mil cosas por la cabeza y puteas porque no te despediste y porque quizás no pudimos compartir todo el tiempo que hubiese querido.

Mi viejo no tenía mucho tiempo libre porque su trabajo era muy importante para él y laburó desde pequeño porque en su casa nada sobraba. No tuvo acceso a mucha educación, pero logró todo lo que se propuso y nos dio buena vida y educación. A veces lo criticaba por no tomarse vacaciones o trabajar feriados y hasta en Navidad y Año Nuevo, pero al mirar atrás entendí que el trabajo para él no era sólo el sustento, sino que era dignidad. Era la posibilidad de mirarnos a los ojos y sentirse en paz, porque teniendo más o menos recursos, nos daba una vida decente que nos permitía pensar en un futuro mejor.

Quizás esa fue su mejor enseñanza. El trabajo permite lograr objetivos, cumplir sueños y te hace digno.

Por eso cuando veo que 19.000 mendocinos no tienen un empleo trato de imaginar lo duro que debe ser un hogar donde falta algo esencial como el trabajo, algo que no sólo da sustento, sino que te permite soñar. Sí, porque sin eso ni siquiera podés soñar con algo mejor, se pierde el horizonte y entramos en una carrera de sobrevivencia.

Por eso también me indigna cuando algunos actores de la clase política (mucho de ellos vagos de nacimiento), utilizan el número de desempleados para decir que sus cifras eran mejores que la administración actual y que ahora todo es un desastre. Indignan porque no les interesaron antes los empleos y tampoco les interesan ahora, sino que buscan réditos para poder volver a instalarse en sus cargos y vivir de la teta del Estado con cientos de ñoquis y apostando al populismo por encima de la generación de empleo genuino.

Pero también generan bronca los que hoy tienen el poder y le echan la culpa a la pesada herencia, pero en cuanto pudieron instalaron a sus hijos, primos y amigos en cargos que sustentamos entre todos, que cuestan muy caros y que son vagos que no le trabajan un día a nadie.

Entendamos que detrás de esas 19.000 personas hay 19.000 dramas y no son sólo cifras que nos permitirán llegar mejor o peor a las elecciones. Tampoco es la oportunidad para crear perfiles falsos en las redes sociales e inventar casos de desempleados o pobreza para fustigar al Gobierno de turno.

No me creía la historia de que teníamos menos pobres que Alemania y tampoco me creo la pobreza cero por arte de magia, pero valoro que (en pleno período electoral) un organismo del Estado que carecía de veracidad, como el Indec, sea capaz de darnos números duros, pero reales y que podamos reconocer que las cosas con el empleo no están bien.

Por eso la clase política tiene que entender -por ejemplo- que no está bien aumentarse $30.000 pesos los gastos de representación si hay argentinos que no tienen la posibilidad de ganarse una décima parte de eso porque no hay empleo. Por mencionar un sólo caso.

Entonces, hoy que en los hogares se celebra el Día del Padre, recuerde usted (que vive del Estado), que hay muchos mendocinos y argentinos que no pueden mirar a los ojos a sus hijos porque no tienen trabajo. Reflexione si en sus cuatro, ocho, doce años o más en algún cargo, hizo algo para que en el país y la provincia estén dadas las condiciones de generación de puestos de trabajo y no haya personas que no tengan la posibilidad de tener un empleo. Si usted lo hizo le pido me disculpe y lo invito a dedicarme un insulto por generalizar, pero también dedíquele uno a sus colegas que usted sabe que "les cayó de arriba" y se ganan miles de pesos sin un sólo mérito.

Feliz día Papá

Vi a mi padre levantarse la mayoría de los días de sus 62 años a las 4.30 y trabajar hasta que se escondía el sol, cansado pero con la frente en alto y con una palabra para saber cómo estaba. Por eso insisto, con el trabajo no se jode, porque detrás de cada número hay una realidad, hay proyectos y sueños.

Hoy es el primer Día del Padre que no lo puedo saludar y tampoco puedo ir al cementerio porque mis deberes me lo impiden. Ahora lo entiendo cuando me decía que no podía salir de vacaciones y venir a Mendoza porque el trabajo estaba complicado. Durante mucho tiempo se lo pedí, y pensé que nunca quería. Sin embargo, el día que lo sepultamos, sin siquiera consultarle, la secretaría del campo donde trabajaba me contó que había reservado la primera quincena de febrero para tomarse vacaciones y venir a visitarme. Nunca me lo contó, él quería que fuera una sorpresa, pero la vida quiso que se fuera antes. 

Se fue de repente, cuando ni siquiera él lo pensaba, porque su pala quedó enterrada en la huerta a la espera de la cosecha, como cada tarde cuando volvía a casa.

Ojalá todos los padres tengan hoy la posibilidad de tener una forma de darle lo mejor a sus hijos, no importa cuánto sea, pero que les permita enseñarles que el trabajo y el esfuerzo es la forma para surgir y ser más, la misma forma en que se puede sacar adelante a una provincia y a un país.

¡Felíz día para vos viejo! Porque quién más que tú con una pala y un sombrero, merece el cielo, para sembrarlo entero.