Comodidad: peligrosa zona de confort

La zona de confort está compuesta por hábitos, rutinas, conocimientos, habilidades, actitudes, comportamientos conocidos y acostumbrados.
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M. Girolamo y C. Saracco

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Comodidad: peligrosa zona de confort(publicada por bossagro.tk)

Comodidad: peligrosa zona de confort | publicada por bossagro.tk

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Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

A menudo se escucha hablar de la llamada "zona de confort", entendida como ese espacio mental donde prevalece el equilibrio, la comodidad y seguridad de lo conocido, despojada del sentido de riesgo. De alguna manera todos buscan ese lugar cómodo y agradable de vivir la vida. Intentando encontrar el ideal en esa comodidad. La panacea y gloria de ese estado. Una sensación supuestamente inmejorable. Y se le adjudica el mote de una vida perfecta, inalcanzable o prodigiosa. Sin embargo, podría no ser tan así. Aunque existen numerosos ejemplos que mostrarían que la comodidad es algo bueno, permanecer en ella de forma rígida, puede convertirse en un obstáculo y tornarse patológico. El lugar más cómodo que un ser humano haya estado, es el útero materno. Ese único lugar durante el embarazo, tiene la particularidad de brindar situaciones de extrema comodidad: temperatura óptima y sin esfuerzo para respirar ni para deglutir alimentos, entre otras cosas. Un nido protector que mantiene indemne a la criatura que allí crece. Pero llegado un momento clave del desarrollo, ese lugar puede resultar asfixiante. Este ejemplo de la biología, muestra cómo los lugares de extrema comodidad se transforman, a mediano o largo plazo, en lugares que oprimen o paralizan el crecimiento.

La mente pondera el equilibrio, y construye patrones conductuales estables. Los patrones de conducta se establecen mediante la repetición de un cierto tipo de comportamiento. La zona de confort está compuesta por hábitos, rutinas, conocimientos, habilidades, actitudes, comportamientos conocidos y acostumbrados. Los patrones de conducta generalmente están sustentados por determinados mapas mentales que se van construyendo a lo largo de la vida a través de la educación, la familia, las experiencias, la sociedad. Y pensarse fuera de ese marco, muchas veces se convierte en un desafío, pero otras tantas, en un gran temor a salir en búsqueda de lo desconocido, por más que sea en dirección hacia algo "bueno por conocer". No seguir el camino trazado por esos mapas mentales es asumir el riesgo de equivocarse, atreverse a hacer algo distinto, yendo más allá de uno mismo e incluso algunas veces del propio entorno.

Los cambios son difíciles de llevar a cabo, porque la mente se aferra a sus propias ideas, para sostener y no abandonar el equilibrio alcanzado. El problema sobreviene cuando esos equilibrios se tornan insatisfactorios, y ahí es donde generalmente la persona realiza la consulta psicológica o bien cuando comienza a incomodarse con su vida e inicia un recorrido que muchas veces desemboca en crisis. La crisis entendida como el momento en que las reglas con las que contaba y daban el equilibrio satisfactorio, se convierten en algo que ya genera displacer, anunciando el momento de optar, por mantener lo viejo conocido pero ya insatisfactorio, o priorizar la búsqueda de satisfacción, aunque esto implique poner en riesgo, al menos temporalmente, el equilibrio anteriormente alcanzado.

Somos seres constituidos en base a una cuota de insatisfacción, la que nos lleva a buscar nuevos horizontes, nuevos desafíos y nuevas conquistas, en una suerte de espiral ascendente sin final. El ser humano es un ser productivo y necesita crear, hacer, generar. Elementos necesarios para sentirse útil, capaz, gustoso y satisfecho por lo alcanzado. Necesita metas, objetivos, desafíos y logros. La comodidad en su extremo, implica paralización, inactividad y por consiguiente una pérdida del sentido del placer, del gusto y del bienestar. La vida posee matices, aventura, pasión y riesgos. Hay que saber transitar entre el crecimiento medido, no ambicioso o imparable, y la estancada paralización del conformismo mediocre. Un arte de saber disfrutar los logros, como mesetas en las que se descansa de los esfuerzos, seguidas por nuevos objetivos que implican una nueva instancia de esfuerzo dirigido hacia la próxima meta a conseguir.

La fantasía es creer que el placer esta en mantenerse indefinidamente en las zonas de confort alcanzadas, viviendo exactamente la misma vida siempre. Pero permanecer en ese lugar es mantenerse en un nivel por debajo del potencial que se pueda alcanzar. Para salir de la zona de confort se necesita de mucha voluntad, seguir un plan de acción, que generalmente va en contra de los hábitos y costumbres. El cerebro va a resistirse, al menos en un primer momento, porque le implicará mayor esfuerzo y además encenderá luces de alerta, ante el miedo a lo desconocido, generando inseguridad. La incertidumbre y el temor al fracaso impedirán ver la oportunidad que siempre ofrece el cambio. Las aventuras o las nuevas experiencias se dan en la "zona de aprendizaje". Enfrentarse a los distintos acontecimientos de forma decidida, sirve para comprobar cómo en muchos casos se es capaz de superarlos de forma novedosa, eso incrementa la seguridad en uno mismo.

Es importante considerar que no es necesario salir eyectados de la zona de confort cuando esta se alcanza, no está mal sentirse a gusto y cómodo con la vida que uno lleva, no debería existir una sobre exigencia permanente por estar generando grandes cambios de manera constante en la vida, es saludable saber disfrutar de las mesetas que ofrecen las zonas de confort cuando se trata de momentos de equilibrio satisfactorio en la vida. Sólo en esos momentos en los que sobreviene la insatisfacción, es importante dar el primer paso y prepararse para cambiar y ampliar la mirada. Quizás el desafío se concentre en un movimiento de aproximaciones sucesivas a los límites interpuestos por la vida, las experiencias o la crianza. Una forma de "correr la estaca de nuestro territorio". Y posteriormente, disfrutar el tiempo suficiente del terreno ganado, sintiendo que nos adaptamos a un nuevo espacio, con nuevas formas y características. La dificultad de lo desconocido, serán más tarde la seguridad de lo aprendido. Y esa es una tarea que no deberíamos abandonar jamás. Ir por más, nuevos proyectos, nuevos horizontes, nuevas etapas y así sentir que la comodidad es sólo un momento de descanso y disfrute de lo logrado, para luego salir de ella a navegar nuevos mares, a transitar nuevas rutas y construir nuevas metas.