A Messi, las mascotas y al mercado financiero los une una misma palabra

Vale más que el bitcoin y que cualquier moneda en circulación. Ganarla cuesta tanto como fácil es perderla. Una encuesta reciente muestra cuánto impacta en el humor y las acciones de los argentinos.
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Rubén Valle

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A Messi, las mascotas y al mercado financiero los une una misma palabra

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A Messi, las mascotas y al mercado financiero los une una misma palabra

A Messi, las mascotas y al mercado financiero los une una misma palabra

Aunque algunos las bastardeen impunemente, las palabras siguen siendo la herramienta más poderosa -y gratuita- que tenemos a mano. Con ellas puede arrancar una guerra, pero también una declaración de paz. Y no son inocentes ni inocuas, claro.

Por estos días en que el Mundial de Rusia lo copa todo, una misma palabra atraviesa varios escenarios de la política, el deporte y la economía de la Argentina. Esa palabra es confianza. Esa que la RAE define como "esperanza firme que se tiene de algo o alguien", "ánimo, aliento, vigor para obrar", "seguridad que alguien tiene en sí mismo".

Confianza es ese punto en común entre el inquietante presente de la Selección Argentina, el futuro electoral de Mauricio Macri (y varios de sus caciques), los mercados bursátiles en plena ebullición y el contrato social con buena parte de nuestros representantes políticos.

¿Desconfiado yo?

Tan cuestionadas como útiles para saber hacia dónde corre o correrá el viento, las encuestas de los últimos meses se repiten en sus consignas y sus respuestas más obvias. Entre tantas, rescato la de la consultora Taquion Research & Strategy , que realizó un estudio nacional en base a 2.270 casos donde destaca el bajísimo nivel de credibilidad y confianza de los consultados.

Números elocuentes de cuán desconfiados somos: casi el 70% de los consultados asegura que el país no es confiable. Tan es así que el 66,7% piensa que merecen más confianza los animales que las personas.

En este contexto, los políticos "cobran" parejo. Mientras el nivel de credibilidad de Macri llega al 34,4% y el rechazo al 52,5%, la que mejor mide sigue siendo la gobernadora María Eugenia Vidal, con el 39,4%, sin embargo los que no confían en ella representan el 50,6%. En segundo lugar aparece Lilita Carrió, con una credibilidad del 38,2% y un rechazo del 52,5%.

A un no político -pero que tiene intenciones de serlo- como Marcelo Tinelli el 23,5% de sondeados sentenció que no le cree cuando opina. A la Chiqui Legrand le ponen alguna ficha: el 35,3% dice confiar en sus observaciones.

La oposición también integra el lote del descrédito: el 66% no les cree cuando sostienen que les importa "el futuro de todos los argentinos".

A los empresarios no le va mucho mejor. El 55,7% de los consultados no les cree cuando se refieren a sus estrategias a las que apelan para capear la crisis. En cambio, a uno de los pocos que algo de crédito todavía les dan (44,3%) es a los comerciantes que argumentan que como a ellos les aumentan los productos tienen que hacer lo propio para menguar el impacto.

La psicología del inversor

Otro ámbito donde la palabra clave es confianza es la Bolsa porteña. Ayer el índice Merval registró una histórica caída del 9% y un alza proporcional de la ola de rumores. Hay operadores que sotto voce interpretan que ante un escenario donde Macri no fuera reelegido en 2019 y Cristina Fernández podría volver al ruedo, la apuesta al mercado argentino no ofrece garantías.

El especialista Fernando Camusso lo sintetiza así: "La psicología del inversor es clave en estos casos. Índices globales negativos, más venta de emergentes y flujos de ingreso de capitales en forma masiva que aún no se materializan puede generar percepción negativa y venta masiva". En criollo, la falta de confianza es la que mueve una vez más el ajedrez financiero.

De la depresión a la euforia

El caso del equipo de Sampaoli es emblemático para graficar cómo la confianza tanto como su falta están marcando un antes y un después. La sobrevivencia misma en Rusia 2018. En el partido que se perdió ante Croacia fue evidente el shock psicológico, los rostros demudados, los brazos caídos. La imagen lapidaria de la derrota. Y cómo, con el cambio de actitud y el resultado a favor, la confianza volvió, sobre todo encarnada en Lionel Messi, el crack que demoraba en aparecer y marcar la diferencia. 

De cara al partido con Francia, el combustible anímico está de nuevo en su nivel más alto. Una metáfora de esa Argentina bipolar que hoy ama y mañana odia con el mismo fervor.