Su vida era muy difícil hasta que se acercó a San Cayetano y todo cambió

Su vida era muy difícil hasta que se acercó a San Cayetano y todo cambió

La vida de Ramona se había visto complicada desde que era niña y encontró en San Cayetano un camino que le abrió muchas más oportunidades.

Gonzalo Barrera

En la historia de vida de Ramona nada parecía indicar que llegara a donde llegó. Mucho menos que pudiera superar los obstáculos impuestos. Tampoco era imaginable que ella al menos pisara una iglesia. Su mundo estaba en cualquier otro lado y muy distinto a donde está ahora.

Nacida hace casi 70 años, debió acostumbrarse a vivir sin una madre que la abandonó cuando ella tenía un año. Hecho que arrastró a su padre a su propio abandono y una vida que se transformó en un callejón sin salida. Ramona se quedó sola desde antes de tener memoria.

La fe popular llena cada año el barrio de Liniers con pedidos y agradecimientos. (Foto: Julián Volpe)

Así apareció una familia que la adoptó y la llevó a un colegio y pudo estudiar en primaria. No era la familia que a ella le hubiera gustado y se daban lugar para no convertirse nunca en ella: le impidieron a Ramona hacer su educación secundaria.

No era falta de dinero. No era cuestiones de algún peligro político que podía existir en los sesenta. Simplemente entendían que no debía hacerlo por ser mujer. Ramona no encontraba la suerte, hasta que se fue de su hogar adoptivo.

Fue entonces cuando empezó a limpiar casas y conoció a quien se transformó en su esposo. Igualmente aún faltaba para llegar al casamiento, todavía falta su encuentro en Liniers.

Ramona quedó embarazada a los 28 años de su primer hijo. No estaba casada, pues no le interesaba. Vale recordar que la Iglesia le era absolutamente ajena.

Con el niño en su vientre, a los tres meses de gestación, comenzaron el miedo y las preguntas: "¿Podré ser madre?, ¿podré darle lo que necesita?", se preguntaba internamente. Ella escuchó sobre un tal San Cayetano de Liniers. Un lugar donde la gente iba a pedir cosas. El miedo de Ramona era tal que gastó hasta el último cartucho de tanta gente: ir a una iglesia a rezar.

Ramona no sabía rezar. No sabía cómo hacerlo ni qué pedir. Entendía que uno podía pedir e iba a recibir. Así se acercó a la imagen y le dijo: "Cuídamelo".

Mural con la oración del santo en la iglesia del barrio de Liniers. (Foto: Julián Volpe)

Se acercó entonces a la imagen de San Cayetano y le pidió por su hijo, para que lo cuide y le enseñe a ella a ser madre. A no ser como su madre ni a ser como su familia adoptiva. Ella quería cortar con ese pasado y que no fuera una carga para cuidar a su hijo.

Con el tiempo empezó a ir a misa. Conoció la Iglesia desde adentro y en ella a tantas personas que la ayudaron. Recibió los sacramentos iniciales y luego pudo casarse. En la Iglesia, también, fue que la empujaron para terminar el colegio, cosa que pudo hacer en 2013 y luego empezó la carrera de Psicología Social.

La historia de Ramona cuenta un camino de redención. No por la Iglesia y la fe, sino porque supo construir un camino para llegar a donde está hoy. Supo reponerse del abandono de sus padres cuando era niña y del hogar donde le tocó criarse; y es difícil creer que todo eso pasara si ella no hubiera tenido miedo, no se hubiera desesperado y si no se hubiera acercado a San Cayetano.

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