“Los halcones de la noche”: la historia de nuestra eterna soledad

“Los halcones de la noche”: la historia de nuestra eterna soledad

La pandemia, el aislamiento y la soledad pusieron en valor la obra de Edward Hopper, un artista que supo retratar esos sentimientos, pero hace más de 60 años.

María Teresa Andrés

María Teresa Andrés

De la noche a la mañana todos nos vimos envueltos en algo inimaginable, ya no eran solo los temas habituales que nos desvelaban, ahora debíamos agregar temer el aire que respiráramos. Alejarnos los unos de los otros, no tocarnos, no reunirnos, la pandemia se apoderó de todos nosotros, porque como le escuchara declarar a un psiquiatra no hace mucho: “Todos saldremos mal de esto y muchos más muy mal”.

Entre otros males tenemos que vivir estoicamente el aislamiento y la soledad. Este sentimiento me hizo recordar una obra de Edward Hopper (1882-1967) pintado en 1942, presa de la depresión al igual que todo el pueblo de EE. UU. después de la entrada de su país en la segunda guerra mundial a raíz del ataque a Pearl Harbor. La obra en cuestión lleva como título “Nighthawks” (los halcones de la noche). La escena es en el barrio natal de Hopper Greenwich Village en Manhattan, en un bar típico de la época que llaman diner.

Como en todas la obras de Hopper es muy interesante como juega con las luces y sombras, el interior está iluminado por lo que en esa época había comenzado a imponerse que eran las luces fluorescentes, las que proyectan su luz a la calle desierta, y bajo las cuales solo hay cuatro personajes en la escena, cada uno absorto en sí mismo: una pareja en la que el hombre fuma y ella (se dice que la esposa de Hopper es la figura femenina) distraída observando algo , solo cierta proximidad entre sus manos hace suponer que están juntos, hay un hombre de espaldas y el camarero ensimismado en alguna tarea. No hablan, no se miran, no se comunican. Algo parecido a nuestros días cuando todos están pendientes de sus celulares, que se convirtieron en apéndices de nuestro cuerpo.

Una vida cotidiana de soledad y compañías distante, retratada por Hopper.

Hopper creaba puntos de vista diferentes, donde los espacios se aprecian aislados unos de otros. La esquina desvinculada del interior,  o de un ángulo de una calle. Aislando al mismo tiempo las figuras y dando al espectador también la sensación de ser excluido de la escena. No se ven puertas, pareciera que la barra del bar también es una barrera sin salida. Todo está presentado como un confinamiento. Los espacios están sutilmente alterados. Sin embargo, el cambio es a menudo tan leve que se siente instintivamente en lugar de percibirlo visualmente. Utiliza pocos elementos pero crea con ellos un ambiente del que es imposible sustraerse, o no sentir cierta identificación con el sentimiento expresado en la pintura.

Hopper pinta la soledad de una gran ciudad. Son imágenes estáticas no hay un relato o bien para decirlo de otra manera el relato sería la visión muda de la soledad y el vacío de la existencia humana  en un tiempo determinado.

Es imposible quedar indiferente a la obra de Hopper porque pinta la soledad del hombre contemporáneo, aquel de 1942 que no se diferencia demasiado con el de hoy de 2021. Siento que como sociedad en algunos aspectos seguimos fracasando en forma reiterada, a pesar de guerras y pandemias.

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