“Merda d´artista” y otras delicadezas del mercado de arte

“Merda d´artista” y otras delicadezas del mercado de arte

"Merda d´artista" se convirtió en un hecho trascendente por la ironía que escondía. La historia de una tendencia y la diferencia entre los artistas conceptuales y los "vivillos".

María Teresa Andrés

María Teresa Andrés

Hoy traigo a un artista, Piero Manzoni (1933), de la nobleza italiana y de formación clásica, que pintaba paisajes hasta que un día los destruyó, y en los sesenta adhirió a otras tendencias de su época.

Adquirió una postura irónica, para burlarse del mercado de arte satirizándolo en su apetencia desmedida al dinero. Hizo latitas con treinta gramos de sus propios excrementos, los serió y los firmó como si fueran obras de arte y los tituló “Merda d´artista”, escrito en el lateral de cada una de ellas en diversos idiomas (inglés: Artist's Shit, francés: Merde d’artiste, italiano: Merda d’artista, y alemán: Künstlerscheiße). Todas están además numeradas y firmadas en la parte superior. Enfatizando la idea de que cualquier cosa con la firma de un artista se convertía en algo valioso, sin importar su contenido. Al poco tiempo murió.

La caca de Manzoni se vendió como pan caliente aunque ya estaba fría. Se pusieron a la venta al mismo valor que entonces tenían treinta gramos de oro. Hoy en día su precio alcanza cifras de cuatro y cinco dígitos en euros, una de ellas llegó a los  275.000 en una subasta en Milán. Aplausos para el artista que demostró la veracidad de su postulado. Convengamos que se trata hoy de objetos de culto.

Recientemente Manzoni ha vuelto a escandalizar al establishment, parece ser que estas latas no conservan tan preciada materia (infidencia de uno de sus amigos), sino que contienen únicamente un poco de yeso. Como consecuencia de este descubrimiento “atroz” el mercado de arte se siente estafado, y no puede abrir una latita porque la constatación de que no es lo que se suponía que era, anularía el precio de la “obra” y les arruinaría el “negocio”. Si a esta altura de la soirée usted piensa que el verdadero excremento está en la cabeza de los que manejan el mercado de arte, no le quepa la menor duda de que está en lo cierto.

El padre de la criatura (1917)

Esta idea fue lanzada por Duchamp, exponiendo la obra "La fuente" (un mingitorio) en 1917. Dijo que un objeto cualquiera podía ser arte si se lo sacaba de contexto es decir en este caso no en el baño sino en una galería o museo. Pero lo importante para destacar es que puso en manos del receptor, es decir del desprevenido visitante la decisión de considerar esa experiencia como algo estéticamente serio o como una boutade: tomen esto como una broma o una verdad, de ustedes depende. Es decir usted o yo podemos creer que es arte o que es una joda. Tiró la piedra y escondió la mano.

"La fuente", de Duchamp.

Con el tiempo se convirtió en una bola de nieve que nunca parece derretirse. No sé si llegó a imaginar la olla que destapó con sucesivos adeptos, acólitos, vivillos etc.

Tratemos de aclarar esperando no oscurecer

En el “Arte conceptual” no parece imprescindible ver la obra, basta con su descripción. Lo que sería impensable en el paradigma estético tradicional.

En los años 60 el arte conceptual y la supuesta libertad que supuso, se basó en la tentativa de demostrar que se podía hacer arte sin necesidad de ejecutar la “cosa artística”. Que existe experiencia estética sin estar mediada necesariamente por la objetualidad (es decir la obra no está). Esto es aceptable como idea y de hecho se hicieron y seguirán haciendo buenas obras con este principio. También abrió la caja de Pandora de la cual salieron y siguen saliendo cosas inenarrables.

En esos años podemos citar la “Escultura invisible” del Claes Oldenburg: era una cavidad del tamaño de una tumba, públicamente excavada en 1967 (hace unos añitos nomás) detrás del Metropolitan neoyorquino. Inmediatamente volvió a ser cubierta de tierra. En ese tiempo no fueron tan vivos y no la subastaron como hace poco sucedió con la “original” escultura invisible de Garau el que redescubrió la pólvora.

"La escultura invisible", de Claes Oldenburg.

Hay revoluciones que huelen a naftalina y se siguen vendiendo hoy muy caras. Pero los precios son tema aparte y nada tienen que ver con el arte sino más bien con el movimiento de capitales que el arte permite, a buen entendedor…Y en las ligas mayores mueve una millonada de dólares, algo bastante parecido al fútbol con sus jugadores, solo cambie las figuritas y ponga artistas.

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