Corina sobrevivió a un feminicidio y hoy lucha para que otras mujeres no sufran violencia de género

Corina sobrevivió a un feminicidio y hoy lucha para que otras mujeres no sufran violencia de género

En el Día de la Eliminación de la violencia contra las Mujeres hablamos con Corina Fernández, una mujer que sobrevivió a un intento de feminicidio: en el 2010 su expareja le disparo seis veces, tres tiros la alcanzaron, pero continuó con vida para poder contar su historia.

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Corina Fernández había realizado 80 denuncias contra su expareja Javier Weber pero no fueron suficientes para impedir que un 2 de agosto de 2010 la increpara en la puerta del colegio de sus hijas y con un calibre 32 le vaciara un cargador. De milagro, ella sobrevivió a su propio feminicidio y hoy trabaja día a día para erradicar la violencia de género.

En una realidad social donde cada vez más mujeres mueren por feminicidios -al menos 229 en lo que va de 2021- Corina, apenada, solo rescata un aspecto que mejoró desde su caso hace 11 años hasta el día de hoy: "Cada vez tenemos más casos y la pandemia potenció los casos de violencia interfamiliar. Desde el 2010, que es cuando me paso a mi hubo cambios de conciencia social, principalmente desde 2015 con Ni Una Menos. Si bien la sociedad se moviliza cada vez más por esta causa la justicia no acompaña y ese es el gran problema porque el proceso queda en el reclamo, pero las mujeres siguen muriendo”.

Corina cuenta que, con la esperanza perdida en la justicia, cada vez incentiva menos a que las mujeres denuncien casos de violencia de género y recomienda fervientemente poder analizar todas las alternativas a afrontar antes de hacerlo: “No en el 100% de los casos es viable un Plan B, si estás siendo atacada, ahí hay que llamar al 911, al 144, al 137 o cualquiera de los programas para pedir ayuda inmediata. Lo ideal es que previamente a hacer una denuncia pidan ayuda en cualquiera de los centros, como la comisaria de la mujer o distintas ONG, para que la mujer pueda tomar conciencia de lo que está pasando y que pasos a seguir va a tomar. Hay un montón de aspectos a los que hay que estar preparada para afrontar, desde tener dinero disponible, un lugar para dormir y refugiarse, qué hacer con los hijos si es que tenés y demás. Toda acción tiene una reacción, y ese es el peligro de una denuncia sin un Plan B porque la mujer queda en una situación de vulnerabilidad total”.

Corina vive con dos balas dentro de ella.

El caso de Corina Fernández representa un caso extremo, pero no para de resaltar que existen cientos de matices en torno a la violencia. Resalta que la psicológica tan dañina como la física y que es un daño constante a la autoestima del ser humano.

Ante una realidad que la preocupaba, Corina decidió crear una ONG para luchar contra la violencia de género. “Con ´Hay Una Salida´ tenemos dos proyectos. El primero es la asistencia directa a mujeres y por el otro lado la película ´No Me Mates´, en la que hacemos prevención y concientización de la violencia con la proyección de la película y el cine debate posterior”, afirma.

Resalta un aspecto fundamental para esta lucha en la que trabaja día a día: incluir a los hombres en el proceso. “Trabajo en conjunto con la Asociación Argentina de Prevención de la Violencia Familiar, donde Graciela Ferreira, su presidenta que es de quien aprendí todo, da cursos de violencia interdisciplinaria desde la neurociencia, y también otros enfocados para los hombres violentos, en los que se busca poder controlar la ira para poder combatir el problema de raíz. Es importante saber que la violencia no es una enfermedad, sino una conducta aprendida que se puede desaprender”, cuenta Corina.

Mientras el estaba vivo no pude estar tranquila.

Ella está convencida de que sobrevivió a su propio feminicidio para poder contar su historia y trabajar para ayudar a otras mujeres que atraviesen por esta situación. Sin embargo, y a más de 20 años del ataque, reconoce que su vida cambió para siempre: “hoy no tengo miedo y vivo tranquila pero solo porque él se murió en la cárcel. Si no hubiera fallecido no viviría en paz y con miedo de que recupere la libertad”, reflexiona Corina.

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