Refugiados levantan un muro verde: en qué consiste el proyecto de reforestación

Refugiados levantan un muro verde: en qué consiste el proyecto de reforestación

El Gran Muro Verde construido por personas refugiadas en Camerún es una respuesta al cambio climático que generó la deforestación en esa región. Las personas deben cortar los pocos árboles para obtener leña con el fin de cocinar y no pasar frío.

Giza Almirón

Minawao acoge aproximadamente a 70.000 personas refugiadas que han huido de la violencia a partir de la insurgencia de Boko Haram en Nigeria, desde 2014. Es una región árida muy afectada por el cambio climático y la llegada de personas refugiadas aceleró el proceso de desertificación. Esto se debe a que deben cortar los pocos árboles que están en los alrededores para poder obtener leña.

El precio de la madera ha aumentado, entonces, considerablemente, provocando conflictos con las comunidades de acogida. Para buscar leña, las mujeres se vieron obligadas a adentrarse en el monte, exponiéndose a posibles ataques. Por su parte, a los animales les resultaba cada vez más difícil alimentarse. Además, el impacto que la desaparición del bosque ha tenido en las poblaciones es indescriptible.

A raíz de esta problemática, en 2018 ACNUR y la Federación Luterana Mundial (FLM) pusieron en marcha un programa destinado a revertir la deforestación en el campamento y las aldeas circundantes. Con este objetivo en la mira, se realizaron capacitaciones para los refugiados sobre cómo utilizar la tecnología del capullo, que permite que las semillas germinadas tengan una mejor oportunidad de sobrevivir en el entorno áspero. Esto se hace enterrando un depósito de agua en forma de dona hecho con cartones reciclados, rodeando las raíces de la planta y alimentándola a través de una cuerda que se conecta a la planta joven.

Vegetación en aumento. Parte de la zona vista desde arriba.

“Una vez que la hayas plantado, asegúrate de protegerla de los animales poniendo zarzas alrededor”. Esto le dijo Lydia Yacoubou –una refugiada nigeriana– a una joven –también refugiada–, al  entregarle semillas germinadas de la planta de neem, cultivado en el vivero que dirige en el campo de refugiados de Minawao, en el noreste de Camerún. Docenas de niños y jóvenes se acercan a buscar árboles frutales para plantar alrededor de sus casas. Con el tiempo, estos darán sus frutos, alimento y medicamentos. Lydia comparte su experiencia desde el programa: “Los árboles nos aportan mucho. Primero, proporcionan la sombra necesaria para cultivar alimentos. Luego, las hojas y ramas muertas pueden convertirse en abono para el cultivo. Por último, el bosque atrae y retiene el agua. Las precipitaciones incluso han aumentado”.

El programa forma parte de la iniciativa del Gran Muro Verde de Camerún, que pretende crear una barrera de 8.000 kilómetros en todo el continente para combatir la degradación del suelo, la desertificación y la sequía en la región de Sahel. Financiado por una donación de 2,7 millones de dólares de la Lotería Holandesa del Código Postal, el proyecto es, además, una estrategia de ACNUR para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los campamentos de refugiados y preservar el ambiente local. El enfoque incluye la ampliación de los programas de plantación de árboles, la inversión en sistemas de energía solar y la reducción de los residuos plásticos. En esta tónica, 360.000 semillas germinadas en el vivero se han cultivado desde el comienzo del proyecto y se han plantado en más de 100 hectáreas de este campamento que estaba casi deforestado.

Las grandes extensiones de arena que rodeaban construcciones y alojamientos en Camerún en 2018 están hoy cubiertas de vegetación. No obstante, el progreso sigue siendo frágil, ya que las personas refugiadas y la población local continúan necesitando combustible para cocinar y mantenerse calientes.

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