La microficción de Mendoza suma una nueva voz

La microficción de Mendoza suma una nueva voz

"Lo que no se dice" es el debut literario de Jorge Aguiar. Según lo define Leonardo Dolengiewich en el prólogo que aquí compartimos, "su color particular está en lo que propone: textos condensadísimos, textos que son sólidos edificios lógicos".

MDZ Sociedad

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¿Qué es este libro?, ¿qué propone?, ¿qué novedad aporta?

Lo primero que hay que decir es que es una ópera prima, que es la eclosión de un autor, que, más allá de que ya ha sido publicado en numerosos sitios web y antologías, nos trae hoy un libro, una obra concebida como una totalidad, un conjunto de textos que es un producto de elite: ingredientes cuidadosamente seleccionados, madurados en los tiempos que corresponde, manipulados con experticia y presentados con meticuloso criterio. Nada al azar y un toque de sabor especial en cada ficción.

Hace poco, Eduardo Vardé se preguntaba y nos preguntaba en las redes sociales qué es una nueva voz. Creo que nadie supo responderle inequívocamente y entiendo que él mismo buscaba más abrir que cerrar. Yo ni siquiera intenté una respuesta. Aun así, sin saber exactamente qué es, me atrevo a decir que la de Jorge Aguiar es una voz nueva en la microficción.

Y lo es por lo siguiente: lo primero que hay que decir es que está casi indemne de las fórmulas en las que solemos caer les microficcionistas; pero, mucho más que en lo que no propone, su color particular está en lo que propone: el tipo crea textos condensadísimos, textos que son sólidos edificios lógicos, que imponen la necesidad de desandarlos en diferentes sentidos para abarcar toda la profundidad que contienen. Y aun así, por muchas vueltas que les demos, muchos de ellos terminan siendo inasibles, inabarcables en su extensión. Esa es una característica que sólo la había detectado en las micros de un enorme como Raúl Brasca, mi autor favorito en este género, quien comparte profesión con el demiurgo de Lo que no se dice. Y no creo que sea casualidad, intuyo que alguna relación hay entre esos sólidos e inasibles edificios lógicos y la complejidad que puede contener la cabeza de un ingeniero. Encuentro entre ellos dos muchos temas en común, muchas preguntas similares como disparadores de sus creaciones.

Al respecto, creo que es un libro de preguntas: preguntas por la existencia de Dios, por su poder, por su bondad; por los límites del poder creador y destructor de la mente humana; por la bondad de les niñes; por el instinto materno o el de conservación en les humanes; por la esencia de la verdad, del bien, de la libertad, de la felicidad… es un libro que nace de preguntas y es un libro que nos inocula preguntas, que nos deja sensaciones inefables dando vueltas, hasta que podemos materializar eso en forma de interrogaciones.

Es este un libro que, a pesar de la fría lógica que contiene, no deja de cachetearnos con provocaciones hechas desde el más furioso ateísmo o con textos durísimos que plasman las realidades más crudas que generan el patriarcado y el machismo en los que vivimos inmersos.

Tampoco faltan la ternura, la calentura, el odio, el amor, el despecho, el desprecio, la indiferencia, la inocencia… toda una gama de sentimientos, sensaciones, actitudes, que tiñen a esas estructuras perfectas que son los textos y a nosotres, sus lectores, de diferentes tonalidades.

Un buen muestrario de todo lo que puede ser denominado como “lo humano” está contenido también en esta obra.

He aquí un libro denso, que contiene mucho más de lo que aparenta, que no se deja leer con facilidad. He aquí un conjunto de textos esquivos, inasibles, inabarcables, que me recuerdan a aquella sentencia de Lacan: si creen haber comprendido, seguramente se equivocan. He aquí una obra que se pregunta y nos pregunta, un insecto que desova en nuestra piel: nos deja larvas que crecerán en nosotres.

He aquí un libro en el que el foco está puesto en lo que no se dice.

Leonardo Dolengiewich

Ficha técnica

Título: Lo que no se dice

Autor: Jorge Aguiar

Editorial: Macedonia

Páginas: 93

Precio: $300

Ilustraciones: Mariano Mari

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Algunos textos de "Lo que no se dice"

 

Ser madre

Nunca se imaginó que sería tan duro ser madre. Todas las mañanas, ordena los juguetes desparramados de la habitación. Luego, le lava la ropa. A media mañana, comienza a preparar la comida favorita de su hijo. Al mediodía, lo espera en la vereda a que vuelva del colegio. Por la tarde, organiza el resto de la casa. A la noche, ensucia la ropa y desordena meticulosamente los juguetes, poniéndolos exactamente donde él los había dejado la noche del accidente.

Los pájaros de Berkeley City

Los pájaros empiezan a volverse transparentes, a desvanecerse, y, en un intento desesperado por seguir existiendo, aprenden a silbar canciones con la esperanza de que algún transeúnte se saque los auriculares y repare en ellos.

La trama

No era un día cualquiera, era el más importante de su vida. Lo comenzó rezando. Pidió perdón por los errores del pasado y solicitó sabiduría para llevar a cabo su labor. Luego, se abocó a su tarea: buscó barro, moldeó un muñeco y sopló aliento de vida en él.

Hacerse el vivo

El niño empieza a sentirse solo y sabe que será peor. Entonces, se asoma desde el cajón y, en medio del velorio, le saca la lengua a su abuela. En ese instante, los dos se desploman para siempre.

Prisión infinita

Emprendió su viaje. En Los Andes, aprendió a sobrevivir. En el Amazonas, aprendió a respetar la naturaleza. En París, conoció el amor. En el Sahara, conoció la muerte. En la India, se autodescubrió. En el Tíbet, recordó cómo volar. Abandonó la Tierra. En el espacio, disfrutó de la soledad. Surcó las galaxias. Visitó numerosos planetas. Conoció formas de vidas diferentes. Se hizo de amigos y enemigos. Experimentó el desengaño. Siguió su búsqueda. Luego de varios siglos de viaje, detrás de una estrella, encontró a su carcelero y le exigió la libertad.

Deducciones

Ve, al lado del café, una galleta partida en dos. Observa que cada parte de la galleta es un poquito más grande que la mitad. Deduce que deben ser mitades de galletas distintas. Bebe un sorbo de café y el sabor amargo le invade la boca. Toma el azúcar de la mesa y le pone dos sobrecitos al tiempo que deduce que debe estar en una especie de cafetería. Levanta la vista de la mesa y sigue escuchando a la mujer que lo acompaña. Ella le cuenta sobre las buenas nuevas de sus hermanos. Él no los conoce y la charla no le interesa, pero le sigue prestando atención. Hace la deducción obvia cuando ella le dice papá e inmediatamente infiere que los extraños de los que le estaba hablando son también sus hijos. Recapitula la conversación en su mente y le pone un rostro a cada buena noticia que acaba de escuchar. Se alegra, realmente se alegra por ellos. En ese momento, bebe nuevamente café y al hacerlo cierra los ojos y degusta con placer el sabor dulzón. Se pregunta cómo algo tan simple como el café le puede causar tanto bienestar. Baja la taza y la deposita al lado de la galleta partida. Inmediatamente deduce que deben ser mitades de galletas distintas.

 

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