El Sauce y las mujeres que sostienen el merendero del fin del mundo

El Sauce y las mujeres que sostienen el merendero del fin del mundo

Un rincón aislado donde viven un par de cientos de mendocinos está ahora más aislado que nunca. Sin institución alguna que los asista, nos necesitan. El coronavirus, a ellos, los ha puesto cara a cara con la experiencia del hambre, que jamás es asintomático.

Ulises Naranjo

Ulises Naranjo

Eligieron un nombre que es, más bien, un anhelo: Corazones Felices. Es como llamarse Esperanza, Felicidad, Armonía, Dios o una imposibilidad semejante. Mejor digámoslo de otro modo.

Alguna vez, sabios sentenciaron que el mundo era sostenido por una tortuga. Otros pensaron que el mundo flotaba, pero no había agua que desplazar y equilibrio que conseguir. Otros, hace poco, sostuvieron que no era sostenido por nada y que no cae, porque no hay dónde caer ni dónde subir. Apenas somos esclavos de fuerzas gravitatorias absurdas y el Sol tiene la culpa de todo.

Todos tenían razón, supongo, no sé; no soy astrónomo y no sé cómo llegué a este punto, si quería hablar de mujeres. Ah, sí, hablaba de cómo se sostiene el mundo.

Soledad, con barbijo: hoy habrá tarta con ensalada y una sopita.

Yo digo que al mundo lo sostienen las mujeres y que ha sido siempre así. Los hombres, a lo sumo, entablamos estúpidas épicas atraídos por el equilibrio orbital cebados por la humedad del campo gravitatorio de lo femenino. Todo tránsito vital tiene como único objetivo retornar al útero de las cosas, pero no es de esto que quería hablar.

Hablo, entonces, de las mujeres del merendero del fin del mundo.

Es una hermosa mañana del invierno más extraordinario de todos. Bajo de mi auto con mi amiga Tuti Petrich, empresaria, productora artística y alma madre de un estudio de grabación, Fader Récords, que, si hablara, cantaría. Voy a cometer una infidencia: entre muchas cosas, Tuti es una persona muy generosa y, desde hace años, junto a su familia,         ayuda al merendero Corazones Felices (no le pedí permiso para decir esto, porque si lo hacía, no me lo daría).

Niñas de Rincón del Sauce

Hemos conducido hasta un breve paraje del universo llamado El Sauce, en Guaymallén, Mendoza, Argentina, Sudamérica. Bueno, no es El Sauce, que ya de por sí es parábola de algo lejano y oculto (hace décadas, millenials, los mendocinos construyeron un loquero y, para que no jodiera a nadie, lo llevaron al que, entonces, era el fin del mundo, El Sauce), sino la parte de atrás, a la que dieron en llamar Rincón del Sauce.

Aquí, hay un cacerío pobre y, en los alrededores, hay casas muy pobres. Hay mucha dificultad para conseguir trabajo y, ahora, además, dicen por ahí que anda dando vueltas un bicho con coronita, una minúscula forma de vida matando gente, primero rubia y, después, morocha también.

El antídoto que, hasta ahora, ha protegido al cacerío es el natural aislamiento en el que viven desde hace unos 20 años, por lo menos. Fue natural que algunas de estas mujeres se unieran y conformaron una especie de tribu de amazonas proletarias y escribieron un cartel y comenzaron a cocinar en una misma olla para todos. Así, nació el merendero al que llamaron Corazones Felices; parece un chiste, pero no.

Las nuevas tecnologías

Ante la devastación de los días que vive el mundo, más que nunca necesitan de una mano para parar la olla, bueno, ahora son tres ollas, porque alimentan a 160 niños y a 70 adultos.

Aunque aislados, crearon un sistema preventivo: sólo un grupo de ellas –las que viven más juntas–se hace cargo de las tareas del merendero y no permiten, hasta que pase la pandemia, que otros se acerquen. Igualmente, estas mujeres y sus niños son, en sí mismo, un gran grupo, una gran familia y, como tal, se comportan.

Ahora mismo, todas y todos juegan al fútbol como si nada pasara, mientras las mujeres echan palos bajo las ollas para que la comida tome su punto y comparten sus ausencias con azúcar, en un mate de plástico verde. Mírenlas: se llaman Soledad, Roxana, Ariadna, Silvia, Rosa, Paula, Jazmín, Jésica, Gisel y Paola, la que manda, la que pone la cara, pero que ahora no está.

Fútbol, el gran igualador.

Soledad nos recibe y nos cuenta que preparan almuerzo y merienda de lunes a viernes. Y que muchas familias les agradecen con lágrimas: “esto que nos dan es lo que comemos al mediodía y cenamos a la noche; sin ustedes no sé qué haríamos para dar de comer a los chicos”, les dicen. Y es cierto: esos ojos que cuentan tales eventos irrigándose, dicen la verdad.

No sólo hay morfi. Ellas hacen pan y lo venden, si alguien lo compra, y reciben ropa y calzados y los arreglan y reparten todo en la barriada. Hay muchas mujeres solas que sobreviven con la Asignación Universal y muchos hombres intentando vivir del changuerío. La hermana de Soledad tiene suerte: trabaja 8 horas por día en un gallinero y le pagan 200 pesos por día (sí, leíste bien, así es con los pobres y con la pobreza).

- No es que no tengamos, ayuda. Por suerte, hay gente que se acerca y nos colabora, pero no alcanza. Ahora, necesitamos un salón multiuso para dar de comer a los niños y no conseguimos que ninguna institución pública o privada nos ayude. ¿Puede poner en la nota que nos donen los materiales y nosotras mismas construimos en salón con nuestros maridos?

Soledad no sabe qué hacer con sus manos cuando está quieta. Le decimos que sí, que sería muy lindo que los lectores de este diario donaran materiales o plata para la construcción, pero que no podemos garantizarle nada.

- Antes, teníamos una máquina de coser y fabricábamos almohadones los vendíamos. También cortinas y manteles y algo de ropa, pero se rompió. Y antes de la cuarentena, además, salíamos a vender empanadas, pero todo eso se cayó. Nosotros nos cuidamos del coronavirus, pero si no nos movemos, nos morimos de hambre

En fin, ahí se quedan, las abandonadas a la buena de Dios. Dentro de un rato, se armará una cola de gente con recipientes plásticos, que ellas llenaran hasta bien arribita, mientras se dirán que, al fin y al cabo, hoy día, al menos, sus corazones son corazones felices.

Ulises Naranjo (texto y fotos)

Información importante

Qué necesitan 

- Máquinas de coser para el emprendimiento

- Máquina de amasar

- Materiales de construcción para salón multiuso: chapas, machimbre, ladrillos, aberturas, hierro, cemento

- Heladeras, freezer, armarios, colchones, frazadas y acolchados, mesas y sillas

- Alimentos: harina, legumbres, fideos, arroz, huevos y leche; carne ya sería lujo.

Cómo ayudar

Llevar las donaciones a la estación de servicio “Delta” (esquina de Rioja y Brasil) de 11 a 18 horas. O comunicarse con Tuti Petrich -2615390261- o Ulises Naranjo -2616273100- para coordinar la búsqueda por domicilios.  

Teléfonos de mujeres del merendero

Paola 2616787807

Soledad 26136498224 

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