¿De verdad todavía creés que hay emociones que son negativas?

¿De verdad todavía creés que hay emociones que son negativas?

¿Por qué nos empecinamos en creer que hay emociones que es mejor evitar, esconder o hacer de cuenta que no están?

María José Puebla

Lo anterior es tan notorio que incluso hemos designado una valencia positiva o negativa para ellas. Claramente las positivas son las estrellas de la película, las que se llevan todos los laureles y que todos queremos tener. Sin embargo, aunque no lo creas, las llamadas negativas no tienen nada de negativo sino todo lo contrario: nos ayudan a proteger y a protegernos.

Qué dices ¿sentirme triste o enfadado me protege? Sí, porque cada emoción tiene un mensaje que darnos, aparecen para decirnos algo como: “mirá a ver, porque a lo mejor…”. A veces son falsa alarma, como cuando el viento mueve una rama que toca los sensores de tu casa y se dispara el sistema de alerta. Pero es que la función que tienen es la de alertarnos, por eso es que se sienten de una forma que no pasan desapercibidas.

En occidente no somos muy fan de las emociones negativas, quizá porque no son bien vistas socialmente o porque no nos hemos entrenado en tolerarlas. Esto es como lo del huevo y la gallina; qué va primero.

El caso es que esconderlas bajo la alfombra o hacer de cuenta que no pasa nada no va de la mano con todos los beneficios que te reporta el saber escucharlas y usarlas.

Primero lo primero: las emociones son una reacción, no podemos elegir sentir una u otra de forma deliberada. Y, como son algo que no elegimos, entonces no estaría bueno que las juzguemos. Es como cuando tenés sueño o hambre, dos sensaciones que experimentas en el cuerpo y que te hacen pensar de determinada manera (dónde consigo comida rápida y barata, por ejemplo) ¿Te parecería adecuado reprochar a otra persona por tener hambre? ¿Juzgarte o juzgar las ganas de hacer pis?

Sin embrago, lo anterior NO quiere decir que entonces estas autorizado a hacer lo que sentís cuándo y dónde lo sentís. No, de ninguna manera. Lo anterior nos ayuda a entender que es bueno que tengas esas emociones, que para algo están y que tenés un margen de elección sobre la forma en la que vas a actuar. Pero eso que suena tan bonito solo es posible cuando elegís entrenarte en eso, cuando elegís darle bola a tus emociones, a todas: positivas y negativas. No obstante, aún así, si te parece mejor meterlas en el freezer, o disfrazarlas de otra cosa, lo que te va a pasar es que van a venir en malón y te van a llevan puesto. Es la clásica situación del “acumulo hasta que exploto”.

Cosas que te pueden ayudar a poner en perspectiva el asunto y no tener tanto miedo: no somos nuestras emociones, no somos malos por los pensamientos que aparecen cuando estamos enojados, no somos locos por los pensamientos que aparecen cuando lloramos y no somos unos genios por los pensamientos que vienen cuando estamos hipercontentos. Y, algo no menor: ¿sabías que los investigadores del tema han descubierto que el tiempo de una emoción es de 90 segundos?

No somos las emociones que sentimos, pero no elegimos las emociones que sentimos. Medio trabalenguas, pero no tanto.

Las emociones son la puerta que se abre para investigar todo aquello que estamos sintiendo y pensando. Es la motivación que necesitamos para ponernos a escudriñar en nosotros mismos y en el entorno. La culpa nos avisa que no estamos actuando de acuerdo con nuestros principios, o que alguien está sufriendo por algo que dijimos o hicimos. La ira nos avisa que algo bloquea el alcance de nuestras metas, la vergüenza nos dice que nuestra identidad o valoración pública está en juego. Y así con cada emoción.

Uno de los mitos más comunes es el de creer que “si me doy permiso” para sentir tristeza, miedo, ira o cualquiera de las emociones llamadas negativas, entonces me voy a hundir en un mar infinito de miedo del que nunca voy a poder salir porque no lo voy a poder controlar. Bueno pues, todo lo contrario: si no te entrenas en eso, entonces eso te va a pasar factura ¿cómo? Explotando por cosas que no tienen que ver, llorando por todo, miedo a todo,sin saber lo que te gusta y lo que no, etc. etc, etc.

Acordate: las emociones nos hacen sentir y pensar determinadas cosas y “es normal que sientes y pienses eso” pero, de ninguna manera, nos obligan a actuar. Me doy por satisfecha con haber explicado esta idea con claridad.

Por María José Puebla, neuropsicologa.

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