Cambiar o destruir: cómo será la vida en la tierra luego del coronavirus

Cambiar o destruir: cómo será la vida en la tierra luego del coronavirus

En este aislamiento social obligatorio, es el interrogante que muchos se plantean. ¿Habrá una reflexión integral, de las personas y de los Estados, que lleven a un cambio como sociedad global? ¿Qué debería ser diferente? ¿Hay en esto una oportunidad para ser mejores?

Federico Croce

Federico Croce

Tenemos preocupación. Tenemos miedo. Queremos que pase. Nos parece una película de ciencia ficción. 

Somos millones de personas en el mundo los que hemos debido encerrarnos en nuestro hogares para derrotar al Covid-19.

No aguantamos. Queremos salir. 

No tengo dudas de que, tarde o temprano, aparecerá el tratamiento, descubrirán la vacuna, y venceremos la enfermedad. Pero… ¿Cómo vamos a volver a la vida cotidiana luego del coronavirus? ¿Vamos a ser los mismos?

Los más pesimistas dicen que sí. Que no vamos a cambiar. Que los seres humanos ya estamos en esencia formados con este individualismo y este egoísmo y que a los pocos meses ni recordaremos el susto que pasamos.

Otros dicen que cambiaremos algunas costumbres que sobre todo se van a notar en los argentinos, como la forma de saludarnos: seremos más distantes, no nos abrazaremos tanto. Chau a los besos. Nos pondremos más higiénicos. 

Pero en estos días en los que hay que soportar la soledad, en los que hay que acompañarse a uno mismo, quizás por esto de ser nieto de inmigrantes y haber escuchado tantas historias de privaciones y sacrificios por las guerras mundiales, hay una palabra que me ha resonado mucho en la cabeza: resiliencia

Confieso que si algo yo nunca tuve en mi ser, es la capacidad de ser resiliente. Es una virtud que nunca necesité desarrollar, porque la suerte ha hecho que no haya tenido que hacer frente a adversidades de la vida ni he debido transformar el dolor en fuerza motora para superarme y salir fortalecido.

Sin embargo ahora pienso... ¿Qué nos toca aprender de esta situación sin precedentes?

Charlando con Patricia Bordas, profesora de yoga, amiga, y una mujer que vive en otro ritmo la vida, plena de momentos de reflexión y meditación; ella me decía que “todos estos grandes movimientos que generaron situaciones fuertes, como las guerras y las pandemias en el pasado, fueron puntos de inflexión, ‘un antes y un después’ en la vida de los seres humanos”. 

“Creo que esto va a desembocar en una reorganización de las escalas de valores que veníamos sosteniendo. Esta es una etapa que recién está comenzando, porque ahora estamos -o debemos estar- guardados en nuestras casas, pero luego llegará la crisis económica. Me parece que habrá grandes caídas de focos en donde habitualmente nos centrábamos; como el consumo, por ejemplo. Es una crisis que nos atraviesa como planeta, y una de las cosas que destaco es que se ha plantado la semilla de una forma de trabajo diferente, más cooperativa: es todo un signo que en la parte política muchas diferencias que existen se hayan minimizado”, seguía Pato. 

Es que esto que está viviendo la humanidad nos pone en igualdad de condiciones a todos. Creo que la primera enseñanza que traerá esta situación será que debemos empezar a escucharnos de verdad. Si algo ha producido esta situación, es que nos ha igualado y no hay muros ni grietas que nos separen frente a ella. Esta soledad que nos toca vivir para vencer a este virus -ya sea que lo hagamos acompañados con nuestra familia, que es todo un desafío, o verdaderamente solos- debe servir para que entendamos que estamos viviendo en la común condición de personas humanas. Aquí no hay camisetas. Sería muy triste que luego de esta prueba, de estos miedos, de estas muertes… sigamos igual. 

Fernando Valladares, un investigador español, expresó en un diálogo de expertos: "Hay gente que nos dice que vamos a volver a la normalidad. ¿A cuál? Yo no quiero volver a la normalidad que ha provocado esto".

No deberíamos volver a ser los mismos. La omnipotencia con la que vivimos está recibiendo un cachetazo importante, y me parece que el futuro que hay que construir debe dejar atrás un poco a la ambición para dar paso a la sostenibilidad, a lo inclusivo, pero de verdad: con sociedades menos desiguales, que no se apoyan en nacionalismos autoritarios. Con ecosistemas más sanos. Con personas que entiendan que son parte del medio ambiente y no piensen que es algo ajeno a ellas. Con la importancia crucial que tiene un sistema de salud serio al que no debe recortársele presupuesto. Con economías que frente al más mínimo problema no hagan más pobre al más pobre. 

Eso sí: esta convicción de cambiar nuestra forma de movernos, de actuar y de vivir luego de esta experiencia, además de ser una decisión de los gobiernos, debe ser muy íntima, muy personal de cada ciudadano del mundo. Nadie de afuera debe imponerla, sino que debe partir de una certeza, de un proceso honesto e interno que nos convence de estas determinaciones. En la incertidumbre y el caos, vemos actitudes heroicas y de fraternidad ciudadana que son buenas semillas. Para salir de esto mejores, tenemos que comprender que:

1- Los modos de producir, comerciar y consumir deben ser puestos bajo la lupa urgente, pues son alarmantes en cuanto a la lucha contra el cambio climático.

2- La salud pública mundial es tema primordial.

3- El trabajo digno es el mejor integrador en la comunidad y es básico para el éxito de cualquier plan económico y social. Es importante el científico, el médico, el cajero de supermercado, el almacenero, el verdulero, el periodista, el maestro y el recolector de residuos. La precariedad laboral siempre será destructiva.

4- La solidaridad entre habitantes del mundo y con la naturaleza ya no es una opción: es una premisa.

5- La condición humana no puede ser medida por lo que tengo, por bienes o por títulos; sino que el valor de cada persona es el mismo, sea quien sea. 

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