Y al final, lo único que vas a dejar es cómo nos hiciste sentir Diego

Y al final, lo único que vas a dejar es cómo nos hiciste sentir Diego

Son horas tristes. Llegó el día que los que amamos a Maradona creíamos que nunca llegaría. Estas palabras intentan explicar por qué lo amamos. Si no las entienden no importa, si me vieran a los ojos entenderían todo.

Pablo Villarruel

Pablo Villarruel

No tengo idea qué voy a escribir, pero estas palabras van por y para vos Diego.

Siempre digo que Maradona es el fútbol encarnado. Que vos Diego con tu valentía, con tu picardía, con tu talento y con tu inteligencia eras todo lo que el fútbol necesita para ser el arte que en mis 33 años de vida me emociona más que ninguno.

Otra de las frases que me gusta repetir es " Y al final, lo único que vas a dejar es cómo los hiciste sentir". Creo que no hace falta explicar la relación que esta frase tiene entre Diego y todos nosotros.

Jamás juzgué al hombre. Tal vez porque jamás viví en una casa donde llovía más adentro que afuera, porque jamás mi vieja me dijo que le le dolía la panza porque la comida no alcanzaba para todos o simplemente porque nunca fui de Fiorito a Europa de una patada en el culo.

Por favor tengamos en cuenta el "mareo" que eso puede representar y tengamos la honestidad de responder a esta pregunta: ¿Qué hubiese hecho yo si hubiese tenido la vida de Maradona?

Diego y el "Chufi" Sosa. Boca y mi querido Guaymallén jugaron en el Malvinas en 1981.

Amo a Maradona porque amo el fútbol, porque si algo te gusta tanto no se puede no amar a su mejor intérprete, pero también lo amo porque Maradona nos une, nos iguala, nos hermana. Algo tan difícil en este bendito país.

Con intermitencias, he estado llorando todo el día. Cada video, cada anécdota, cada saludo en las redes es enterrar más el puñal en este corazón maradoneano que tuvo el privilegio de latir en el estadio San Paolo de Nápoli.

Se que familiares y amigos no lo entienden y se que hay otros que se burlan de los que andamos con los ojos rojos y se nos anuda la garganta ante cada homenaje que vemos. Si lloraba viendo un compilado de su fútbol cuando Diego estaba vivo, imaginensé por estas horas.

Diego Maradona no puede morir. Y no es una expresión de deseo. Es una realidad. No puede morir un tipo que nos hizo salir a la calle de felicidad, que nos hizo abrazarnos con desconocidos, que nos hizo sentir que de alguna forma nos estábamos vengando de esa guerra tan dolorosa. Ese tipo es inmortal.

Yo, feliz en el estadio del Nápoli en 2015. 

Siempre digo que Maradona es el fútbol encarnado. Bueno, este miércoles el fútbol desencarnó. Pero Maradona no murió. No se puede morir alguien que ya era eterno en vida.

Gracias por todo Diego, con toda mi alma. Gracias por las emociones que me hiciste sentir a través del fútbol, gracias por hacerme saber que tengo un corazón dispuesto a amar, a apasionarse, a reír, a llorar y a entregarse sin la necesidad de la cercanía, el interés o el contacto físico.

Nunca te conocí ni estuve cerca tuyo más allá de ir al estadio del Nápoli, de ir a verte al Malvinas desde lo más cerca que pude cuando viniste con Gimnasia o de haberte dedicado un cuento. En realidad nada de eso importa, porque al final lo único que importa es cómo me hiciste sentir. 
 

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