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Este peluche es el verdadero Winnie the Pooh

El famoso osito era algo real, y existen fotos tanto del niño que fue el motivador de las historias como de los peluches.
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Christopher Robin, un niño de principios del siglo XX, vio cumplido el sueño que muchos niños tienen: sus juguetes dejaron de ser solo juguetes y tuvieron vida propia y vivieron aventuras. Claro que esas aventuras no fueron cuestión de magia, sino más bien de literatura. El padre de Christopher Robin, A. A. Milne, comenzó a escribir historias protagonizadas por su osito de peluche Edward (en el cuento, Winnie), que le había regalado al niño cuando tenía un año.

 Winnie the Pooh apareció en un primer libro de versos en 1924 y poco después se le sumaron otros personajes a sus historias, que eran ni más ni menos que los demás juguetes del niño, sus peluches Tigger, Piglet, Eeyore y Kanga. Y de ese modo nació uno de los grandes clásicos de la literatura infantil del siglo XX.

Winnie the Poo era, por tanto, algo real, y existen fotos tanto del niño que fue el motivador de las historias como de los peluches reales que se convirtieron en personajes de ficción. En Retronaut acaban de dedicarle una fascinante recopilación de imágenes. 

Christopher Robin Milne, por cierto, era bastante feliz con la idea de que sus peluches vivieran historias de ficción, al menos cuando se hicieron esas fotos. A medida que fue creciendo y se fue dando cuenta de que para la gente era el niño del cuento y sus compañeros de clase lo usaron como material para las burlas, la cosas fueron cambiando.

Aún así, y a pesar de que no le gustaba mucho la fama que el cuento le había dado, acabaría usándola para fines concretos (como salvar el bosque en el que se inspiraban también las historias) y conservaría los peluches durante muchos años, hasta que se convirtieron en material de museo literario. Los peluches reales, que están bastante deteriorados (no solo el niño jugaba con ellos, sino que también lo hacía su perro), estuvieron expuestos en los 60 en la sede de la editorial que publicaba los libros en Estados Unidos (en 1947 viajaron desde Reino Unido a Nueva York).

De ahí acabaron en la The New York Public Library, que los recibió en donación y donde se convirtieron en material de exposición en septiembre de 1987. Un año después les dieron tratamiento profesional, según explican en la web de la biblioteca (que consistió en reparaciones), y aunque a finales de los 90 se llevó la cuestión de su lugar residencia al Parlamento británico (con peticiones de repatriación), siguen en la biblioteca de Nueva York.

Fuente: www.libropatas.com