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Destacan la importancia del tratamiento de la alergia a la leche de vaca

Ante un aumento de la prevalencia de este tipo de alergias, especialistas reunidos en un simposio internacional realizado recientemente en Buenos Aires, recomiendan estar muy atentos a los principales síntomas.

 Especialistas en pediatría y en alergias alimentarias reunidos en la Ciudad de Buenos Aires para participar del ‘5º Simposio Internacional sobre Alergias Alimentarias’, una actividad auspiciada por la Facultad de Medicina de la Universidad del Salvador (USAL), destacaron la importancia de un diagnóstico y tratamiento tempranos de una de las alergias más comunes de la infancia: la alergia a la proteína a la leche de vaca (APLV)[1], una condición que se estima afecta a 1 de cada 40 recién nacidos1 y que se presenta mayoritariamente durante el primer año de vida y luego, con menor frecuencia de aparición, va disminuyendo conforme a la edad de los pacientes.

Pese a su alta prevalencia, la APLV suele debutar con síntomas inmediatos o tardíos, y muchas veces se confunde con otras afecciones, lo que atenta contra la velocidad de su diagnóstico. Generalmente se manifiestan con 2 ó más de los siguientes síntomas: gastrointestinales (vómitos, diarreas, náuseas, cólicos, en el 60% de los casos)[2],3, dermatológicos (erupciones cutáneas, urticaria, 50%)3,4, respiratorios (3 de cada 10)3 y otros síntomas menos frecuentes como rechazo alimentario, llanto inconsolable, anafilaxia, inestabilidad y falla de crecimiento. Se estima que en promedio se demora un año en alcanzar un diagnóstico preciso de la APLV5; este retraso puede impactar desfavorablemente en el crecimiento normal del niño6, con consecuencias como bajo peso (1 de cada 5 chicos)6 o baja talla (14% de los afectados)6.

En opinión del Dr. Christian Boggio Marzet, médico pediatra gastroenterólogo y coordinador del grupo de trabajo de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano, “una reciente encuesta que involucró a médicos pediatras arrojó que el 96% coincide en que la APLV no tratada correctamente puede ocasionar consecuencias a largo plazo en el bebé. Incluso la mayoría de los médicos coincidió en que el fallo en la dieta de exclusión (que consiste en los alimentos que se restringen, tanto en la dieta del niño como de la propia madre) es una de las principales causas del retraso en el diagnóstico de la afección7.

De visita por nuestro país para participar como orador en dicho simposio internacional, el Dr. Mario Vieira, médico pediatra gastroenterólogo del Centro de Gastroenterología Pediátrica del Hospital Pequeño Príncipe de Curitiba, Brasil, subrayó que“la prevalencia de la APLV va en aumento y los casos se presentan cada vez más graves. Sus manifestaciones clínicas son variadas y el diagnóstico diferencial incluye diversas enfermedades. Por lo tanto, la sospecha diagnóstica debe ser siempre considerada para evitar complicaciones como la desnutrición y evitar exámenes y tratamientos innecesarios”.

“Un diagnóstico precoz permite disminuir la posibilidad de utilizar drogas innecesarias y con riesgos potenciales, una menor ansiedad de las mamás y de todo el grupo familiar, una reducción en el riesgo de interrumpir la lactancia materna y una mayor posibilidad de prevenir alteraciones nutricionales y de asegurar un adecuado desarrollo en peso y altura”,reveló el Dr. Vieira.

El diagnóstico de la alergia a la proteína de la leche de vaca se basa en 3 pilares: a) la evaluación clínica y el análisis de la historia clínica del paciente, b) la eliminación inmediata de la leche de vaca en su alimentación (‘dieta de exclusión’), y c) el ‘desafío alimentario’, que consiste en administrarle al niño alimentos ricos en proteína de leche de vaca para confirmar si se produce o no una reacción alérgica al alimento. Paralelamente, el profesional lleva a cabo estudios para detectar anticuerpos IgE en sangre que manifiestan la presencia de la alergia, una prueba cutánea ("prick") y otros tests de alergia. El análisis en conjunto del paciente y de todos estos indicadores le permitirán al médico especialista sospechar y diagnosticar la presencia de un cuadro de APLV.

El Dr. Jorge César Martínez, médico pediatra especialista en alergia e inmunología y docente de Inmunología de la Universidad del Salvador, explicó que “para llegar al diagnóstico de la APLV nuestra primera herramienta es el interrogatorio; debemos estar atentos a los signos y síntomas iniciales de esta enfermedad. En los primeros meses de vida la irritabilidad y los cólicos pueden ser un primer indicio de APLV, pero luego suelen presentarse otros síntomas más característicos como los digestivos (vómitos y sangrado en la materia fecal) o las reacciones cutáneas (erupciones en las mejillas y urticaria en el resto del cuerpo). Luego, disponemos de estudios complementarios que nos ayudan a confirmar o descartar la APLV, como pruebas cutáneas y análisis de sangre que nos permiten medir antígenos específicos para evaluar sensibilidad alérgica. Y finalmente contamos con el test de exclusión y la reintroducción paulatina de alimentos para evaluar la tolerancia”.

El tratamiento se focaliza en evitar el alergeno presente en la lecha de vaca, por lo que se deberá restringir todo derivado de los lácteos y aquellos productos que en su formulación contengan la proteína, como caldos deshidratados, grasa animal, caseína, aditivos espesantes (caseinatos), lactoalbúmina, fosfato de lactoalbúmina, lactoglobulina, lactosa, crema, suero lácteo y turrón. Otros productos que pueden contener de manera ‘oculta’ la PLV son: purés y sopas, fiambres, embutidos, frituras y tortillas no elaboradas en casa, postres, picadillos y patés, productos de panadería, cereales enriquecidos, algunas margarinas, aderezos de ensaladas, mayonesas y pastas rellenas. En contrapartida, el médico le indicará a la mamá su reemplazo mediante fórmulas infantiles hipoalergénicas especiales, tanto en base a aminoácidos o a base de hidrolizados extensos de proteínas, que se indican según el tipo y la severidad de los síntomas que presenta el niño.

El Dr. Martínez, quien también se desempeña como Director del Área de Alergia e Inmunología del Centro de Investigaciones y Educación Perinatal (CEDIEPER), destacó que “el tratamiento consiste en evitar el agente ofensor, en este caso la leche. Se realiza una dieta de exclusión de alimentos que contengan proteínas de leche de vaca. Si el bebé esta siendo amamantado, la madre debe realizar la misma dieta y además complementar esta dieta con aporte de calcio adicional. No obstante -aclaró- si el bebé recibe leche de fórmula, debe ser de una fórmula especial, a base de aminoácidos o que contenga un hidrolizado extensivo. Toda terapia debe incluir la realización de consultas periódicas para guiar y contener a la familia en esta difícil afección y también mantener un estricto control nutricional de su dieta, de su crecimiento y de su desarrollo”.

“Debemos tener en cuenta que las enfermedades alérgicas alimentarias, de las cuales la APLV es una de ellas, han aumentado considerablemente en estas últimas décadas, y su mayor incidencia se da en la niñez: se estima que 1 de cada 4 niños en edad escolar viven con alergia y del 4 al 7% están afectados por alergias alimentarias. Los alimentos causales más frecuentes son la leche, el huevo, el maní, la soja, los pescados y mariscos”, completó el Dr. Martínez.

Un elemento importante que muchas veces se presta a confusión es la diferencia entre la adquisición de tolerancia y la mejoría de los síntomas de la APLV. Al respecto, el Dr. Boggio Marzet aclaró que “la tolerancia es la capacidad que tiene el organismo de poder reconocer al antígeno como propio y digerirlo sin generar reacciones adversas. Generalmente, se produce luego de un tiempo de tratamiento mediante la ‘dieta de exclusión’. Habitualmente vemos que se alcanza al año de vida en 1 de cada 2 bebés y a los 3 años en casi el 90 ó el 95% de los niños. Pero muchas veces el chico mejora clínicamente sin haber adquirido dicha tolerancia, lo cual médicamente es muy distinto e incluye otro tipo de abordaje”.

“Ahora bien -insistió Boggio Marzet-, aunque solemos utilizar la ‘tolerancia clínica’ como sinónimo de curación, técnicamente no es exactamente lo mismo, ya que el desarrollo de tolerancia implica el reconocimiento del sistema inmune hacia la proteína, pero no la curación del cuadro de alergia en sí mismo”.

Otro concepto que suele ofrecer ambigüedad es la relación entre la intolerancia a la lactosa y la alergia a la proteína a la leche de vaca. “Si bien ambas constituyen reacciones adversas a cierto tipo de alimentos, en la intolerancia a la lactosa no existe relación con el sistema inmunológico, sino la presencia de una enzima deficiente (comúnmente llamada lactasa) en la pared del intestino, que compromete la normal tolerancia a la lactosa presente en la leche. Mientras que la APLV está vinculada directamente a una reacción del sistema inmune”, concluyó el Dr. Boggio Marzet.

Oribe Prensa