Tan cortos como intensos, los amores de verano
“Apasionados, intensos, inolvidables pero tan efímeros”, así describen a los amores de verano los protagonistas de estas historias, similares a los de las películas.
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¿Quién no recuerda haberse enamorado en unas vacaciones? ¿El mar, el calor, el sol, el ambiente distendido tienen algo que ver? ¿Por qué nos enamoramos, tan solo en unos días?
“Los amores de verano se acaban por toda clase de razones. Pero al fin de cuentas tienen una cosa en común: son estrellas fugaces, un instante grandioso de la luz de los cielos, una visión momentánea de la eternidad, y en un abrir y cerrar de ojos se van”, dice un fragmento de la película “Diario de una pasión”, una verdadera historia de amor que nació en la las vacaciones de dos adolescentes.
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Por lo general, en nuestras vacaciones estamos más relejados, disponemos de más tiempo libre, tenemos la oportunidad de integramos a un ambiente liberador y desinhibido que nos permite estar más en contacto con nuestro cuerpo y sus necesidades. Relajados, contentos, efervescentes y predispuestos nos entregamos a ese flechazo que nos paraliza y nos hace pensar en el “aquí” y en el “ahora”.
“Es cierto que en nuestras vacaciones estamos en la búsqueda permanente de cosas nuevas. El objetivo es liberarnos de las cuestiones cotidianas y volcarnos en el placer absoluto”, aclara la psicóloga mendocina Estela Hom.
Y agrega: “Hasta existen lugares determinados donde todo está permitido. Siempre hay una cuota de romanticismo en cada cosa que hacemos”.
Es por eso que, la profesional, destaca la importancia de plantearnos: “¿Con esta persona queremos compartir más que una simple puesta del sol?”.
Una explicación científica
Algunos especialistas atribuyen el fenómeno a una sola causa: una hormona llamada testosterona, la cual aumenta cuando el día es más largo, es decir en verano.
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Es por ello que "los amores de verano" tienen una base científica y así lo han demostrado investigadores como Cindy Hazan, de la Universidad de Cornell de Nueva York y Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, al descifrar de una manera concluyente que el enamoramiento tiene un fundamento biológico.
Por su parte aseguran que "cuando hay más luz se segregan más hormonas" y la del amor, la testosterona, "aumenta cuando el día es más largo".
Con el buen tiempo se multiplica además la serotonina, un neurotransmisor que afecta al estado de ánimo, "dándonos una sensación de placer, relajación y de euforia".
"En verano, por las circunstancias, somos más aptos para recibir estímulos sexuales y aquí influyen también las famosas feromonas, sustancias químicas que despide la piel y que están mucho más descubiertas en época de calor", argumentan.
Aunque en estas fechas se registra una mayor actividad sexual, la psicóloga ha hecho hincapié en que "no somos solo producto de la química, ni mucho menos".
En el caso del amor, ha sentenciado, el "órgano clave es el cerebro". Los científicos también aclaran por qué muchos amores de verano se desvanecen cuando acaba el estío, al ser como "un espejismo", con el consiguiente riesgo de que uno de los dos se quede "colgado".
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Nicole Praschak-Rieder y Matthaeus Willeit, del Centro de Adicción y Salud Mental de la Universidad de Toronto, comprobaron con tep, tomografía por emisión de positrones, la existencia de mayores cantidades del transportador de serotonina en época estival prácticamente en todas las áreas cerebrales.
Por el contrario, los resultados de las pruebas realizadas en la fase otoño-invierno mostraban un importante descenso, algo asociado con un estado de ánimo "más negativo y apagado".
"Los individuos se sienten más felices y enérgicos en días soleados."
¿En qué momento de la vida estamos y qué estamos buscando?
Son las dos preguntas que debemos hacernos cada vez que nos enfrentamos con este estado emocional surcado por la alegría, intensamente atraídos por otra persona que le da la satisfacción a nuestras vidas en unos pocos días.
Algunos amores de veranos ya son parte de la historia pero muchos otros fructificaron. “A pesar de la química que va a existir entre dos personas, los sujetos no dejan de ver la realidad y asumen la relación de entrada como algo efímero o no”, analiza la Licenciada Hom.
A pesar de las promesas de amor a orillas del mar, los protagonistas saben que el amorío solo durará lo que dura un suspiro, pero ¿qué pasa cuándo alguno de ellos “quiere más”?
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Según la consejera Paloma Corredor, “la clave para saber si se trató de un romance fugaz o una historia con futuro es dejar pasar un poco de tiempo. Aunque cueste mucho esfuerzo porque estás en plena efervescencia amorosa, e incluso te deprima, es importante distanciarte un poco de tus propios sentimientos para ponerlos en claro”.
Si ambos coinciden en que esa relación tan intensa es lo que buscan para sus vidas, lo más probable es que perdure en el tiempo a pesar de las diferencias, las distancias y los riesgos. Sino solo será una historia más de esas que muchos solemos contar.
Por eso. ¿Quién no recuerda con una sonrisa una aventura bajo el sol? Los amores de verano valen la pena, siempre y cuando sepamos decir adiós a la hora acordada.





