El desafío de ser emprendedor
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.
Buscando el significado del término emprender descubrí que no solo significa iniciar algo –una obra, trabajo, acción o viaje–, sino que además está asociado a un cierto peligro. Esto me hizo pensar que, tal vez por ese motivo, muchas personas que podrían ser muy buenas emprendiendo distinto tipo de acciones, aventuras, proyectos o empresas, no lo hacen por la cuota de riesgo que implica.
Si pensamos en lo que comúnmente denominamos “nuestros sueños”, en general ocupan en la imaginación el lugar que corresponde a las cosas imposibles y no el rincón de los proyectos. Si todo lo que hacemos, primero lo imaginamos, podríamos decir que hay un lugar en nuestra mente para los bocetos de futuras acciones. No obstante, hay muchas ideas que, por ser vistas desde una óptica de “ensueño”, en el sentido de algo muy lejano, simplemente parecería que quedan en otro rincón de la mente: el de las cosas inalcanzables.
Hay un vínculo estrecho entre aquellos deseos que se nos presentan subjetivamente como irrealizables y el miedo generado por la inseguridad asociada al hecho de emprender algo. En efecto, para alcanzar lo que consideramos increíble tenemos que ser atrevidos, activos, audaces, resueltos…, todas características de un emprendedor.
¿Significa esto que quien no tiene esas características no llega a cumplir sus sueños? No necesariamente, pero sí podemos concluir que tiene menos probabilidad de hacerlo.
Por ejemplo, muchos sueñan con no cumplir más un horario de trabajo, o no tener más jefe. ¿Qué les impide concretarlo? Todo lo que en teoría proporciona el hecho de tener esa rutina: seguridad, comodidad, certeza. Lo mismo pasa con otro tipo de sueños: viajes, aventuras, cambios, relaciones, etc. Simplemente nos acomodamos a lo conocido porque sentimos que es más seguro, pero… ¿realmente es lo que nos hace felices?
Ser emprendedor no es sinónimo de menos trabajo. Usualmente se trata de un proyecto propio de algo que amamos, al que dedicamos muchas más horas que si fuéramos empleados. La diferencia es que seguramente nos dará más satisfacción y mejores resultados.
Lo contrario a emprender es terminar y en relación con los sueños podríamos pensar que si no los emprendemos, entonces, terminamos con ellos. Para quien no nació con las características de un emprendedor, la buena noticia es que estas se pueden desarrollar de a poco, comenzando con pequeños desafíos y entrenándose paulatinamente en ser más atrevido. Decidiendo que los sueños pasen a la categoría de hechos posibles.


