Entrevista MDZ a Dalila Tahan: "Trato de no perder el tiempo conmigo"
Dalila Tahan es una diseñadora de indumentaria que no necesita presentación. Seguramente, todos los mendocinos escucharon hablar alguna vez de ella y el que no, es probable que haya pasado por la puerta de su atelier en Martínez de Rosas y Arístides Villanueva y se haya parado a mirar su atractiva vidriera.
Allí, en su taller recibió al equipo de MDZ Online y lo primero que comentó fue que está trabajando arduamente para presentarse a la licitación para realizarle los vestidos a las reinas de la Vendimia de Capital, para el Acto Central y los atuendos que usarán las reinas electas a nivel nacional durante todo el 2013.
La charla tuvo muchos vaivenes, pasó de la alegría por los logros de su trayectoria, al enojo por la licitación de los vestidos vendimiales del año pasado, para terminar con el llanto por el fallecimiento del empresario Armando Genco, a quien Dalila quería mucho.
Aquí un diálogo sin desperdicio y a fondo con una trabajadora de pura cepa.
-¿Qué es lo que te atrae que hace que te presentes todos los años? ¿Pagan bien?
-No pagan bien. Creo que tiene que ver con el trabajo.
-De adolescente, ¿te hubiese gustado ser reina vendimial?
-No, no. Una vez me eligieron reina del curso en la secundaria…
-¿Pero te gusta la Vendimia?
-Siempre me gustó. Amo Vendimia porque amo Mendoza. Tuve muchísimas posibilidades de trabajar afuera. Afuera, es decir, al lado: en San Juan, San Luis, Buenos Aires, Chile… Tengo cuatro hijos, una vida muy sana y ordenada. A mi me cura cualquier cosa que pueda pasarme. Me cura pensar que si estoy en mi casa con problemas voy a venir acá (a su atelier) y me voy a encontrar con un cuento de cosas lindas, creativas y con un equipo de gente que es incondicional. Hace muchos, muchos años que trabajo con Julia, Alejandra y Claudia. Somos las cuatro modistas. Yo corto y pruebo todo y las chicas cosen. Ellas son las que arman toda la ropa y le dan un toque. Acá tenemos códigos y un entendimiento de muchos años de trabajo. Son más de 25 años de prestar un servicio al público. De las que están quedando en Mendoza, creo que soy la más viejita.
-¿Es cierto que dijiste que los vestidos que hizo, en 2012, Alejandro Ferraro parecían de cotillón?
-Para ser honesta, el año pasado cuando hubo apertura de sobres yo estaba de vacaciones. Pero dejé 20 días antes mi sobre y dio la casualidad que en los 10 ítems en los que a vos te ofrecen hacer cada prenda, mi presupuesto era exactamente igual al que presentó Ferraro. Fue casualmente desleal. ¿Qué pasó? No te digo nada, ya te contesté. Yo a Ferraro le respeto el oficio porque es el mismo que el mío, pero hay maneras y maneras de competir. Soy una persona competitiva pero también soy competente. Yo quiero ganar, pero quiero hacerlo con diseño y calidad. No quiero que me ganen sin diseño y sin calidad. Yo dije que hizo vestidos de cotillón y eran vestidos de cotillón… Me importa cero ganar, pero detrás de mi ropa está mi nombre y quiero quedar muy bien. Y él no quedó muy bien porque sus vestidos no eran lindos… Se notó demasiado que vieron mi presupuesto, se notó demasiado que vieron mi sobre…
-¿Eso lo denunciaste?
-No lo denuncié el año pasado, pero este año sí lo avisé. Cuando yo me enteré por qué había ganado, fui y puse en conocimiento lo que había sucedido porque los presupuestos eran iguales…
-Pero en el caso de que dos personas presenten presupuestos iguales, ¿no deberían convocarlos a ambos?
-No, ahí gana el que es amigo…
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-¿Recordás cuándo hiciste tu primer diseño?
-La primera vez que hice una camisola con lienzo y la teñí a modo de batik, tenía 12 años y la vendía en el colegio. Iba al San Pedro Nolasco y no era buena alumna. Pero me gustaba el trabajo y tener mis cosas. Me crié en una familia que le costó pasarla. Vivíamos en la casa de mi abuela y esa parte mía de vivir en el barrio, en Guaymallén, y tener mis abuelos maternos y paternos uno a media cuadra del otro me dio una niñez y una infancia muy plena familiarmente. Creo que esa es la base de un montón de cosas que hoy me dan ganas de seguir desde el árbol de donde vengo, de estar en casa, tener mis hijos y cuidar mi trabajo que me ha dado tantas alegrías.
-¿Cómo lograste convertirte en una marca registrada?
-Es un camino. Vos arrancás de cero todo en la vida. Yo al principio necesitaba, hoy los chicos no sé si sienten esa necesidad de la inquietud interna. Pero va más allá de esa etiqueta que tiene mi nombre. Si me ves como soy y en mi estilo de vida, yo no soy lo que hago. No soy el vestido glamoroso, soy un jeans y zapatillas. Pero siento que me tengo a mi misma para seguir cursando este camino que elegí que es el del trabajo, el de la familia, el de los amigos, el del deporte. Hay un conjunto de cosas que vos elegís para seguir. Yo no soy la vidriera ni el referente del vestido de Dalila. Soy muy personal.
Tengo 48 pero ya digo que tengo 50. A mí me da igual el tema de la edad, quiero sentirme bien yo. Trato de levantarme muy temprano, salgo a correr en la mañana ahora que hace calor y te sentís bien después de que hiciste una hora de deporte, ya sea correr, caminar, ir al gimnasio… hacer algo para uno y sentirte bien.
-¿Las mendocinas siguen siendo clásicas para vestir?
-Nos hemos quedado con esa definición de que la mendocina es clásica. Pero se viste muy bien. Tenemos un segmento bueno, estéticamente hablando, de mujeres que se arreglan muy bien. Creo que sí tienen buen gusto. Lo bueno es saber qué te vas a poner a la hora de salir y dependiendo de la edad que tengas. Cuando yo era adolescente no me ponía la ropa de mi mamá, porque ella se vestía en otros lugares… Era otro el estilo de ropa que usaban nuestras mamás, pero hoy vamos a comprar ropa la mamá y la hija al mismo lugar. Hoy la hija se pone la misma ropa de gimnasia que la madre, porque la mamá con 40 o 50 años sale a correr, va al gimnasio… Nuestras mamás no iban al gimnasio, se ha cambiado un estilo de vida. Entonces, lo bueno es saber que por más que tu cuerpo te de para ponerte un short muy corto y una remera, sos la mamá de una cría de 20. ¡Ya no da!
-¿Vos no te lo ponés?
-Sí me lo pongo, pero con un par de zapatillas y no mostrando el traste.
-¿Te hacés tu ropa?
-Cuando viajo compro cosas afuera. Trato de no perder el tiempo conmigo. Me encariño mucho con mi ropa y me reciclo lo que tengo. Me he reciclado las remeras de mi hijo varón. Son estilos, son estilos… Pero el estilo tiene que ver con la identidad, vos te vestís de vos. No te vestís de lo que se usa. Lo que se usa es una elección, si querés te la ponés o no y ahí es donde uno no tiene que rayar en la equivocación.
-¿Qué te parecen los jóvenes diseñadores como Leo Peralta o las marcas Avelinas y Anónimo Diseño Sin Autor, por nombrarte algunos de los que se destacan en ferias de diseños? ¿Vas a este tipo de eventos?
-Me encantaría ir pero no tengo tiempo. No los conozco, pero no por falta de interés. Los respeto a todos los que hacen trabajos desde cualquier lugar que tenga que ver con el arte, pero no los conozco. Si te digo que esto es un camino que se pone cada vez más difícil y que hay que persistir con ideas y con convicciones fijas, no dejarse caer. ¡No es fácil! No es lo mismo diseñar, hacer un vestido, presentarse en un desfile y no responderle a la gente. Quien verdaderamente te convoca es el público. Hay un todo. No es sólo hacer ropa linda, hay una prestación de servicio y hay una vocación de servicio que va detrás de la que se va de tu casa y habla de vos. Uno no puede comprar ni vender confianza, eso está en el aire.
Hacerte conocido es fácil, el tema es perdurar, mantenerse, sostenerse y ver cuántas cosas ha ido logrando uno en el camino y no quedarse chato detrás de un garage oscuro, cosiendo y manteniendo una mentira. Acá somos muchos los que estamos expuestos en la calle, pero legalmente no somos muchos. Somos muy pocos.
-Si hablamos de las conductoras de programas y de noticieros mendocinos, ¿quién te gusta más y a quién vestirías?
-Me encanta como se visten todas porque cada una tiene su identidad. Son estilos casi parecidos porque las chicas son hasta del mismo porte, pero todas me parecen muy simpáticas. Yo siempre soy crítica y les vivo buscando el defecto, pero en esta ocasión me gustan todas.
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Armando Genco, Verónica Cangemi y Dalila Tahan.
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-Tu último desfile fue en el encuentro solidario que organizó por el fallecido Armando Genco...
-(Llora y no puede hablar). Sí… (se le entrecorta la voz). Él no me decía Dalila, me decía “mi hermana”. Yo nunca fui amiga de salir con él ni con su familia, pero a él lo conocía por el trabajo. Siempre fue un tipo muy generoso. Venía de pasar tres años laborales muy duros y ahora estaba mucho mejor y quería a modo de gratitud hacer un evento que pagó todo él. Tenía pensado hacer otro en marzo… Yo le dije que no estaba con tiempo para hacer una colección y que era una locura. Así me llamó por teléfono y me dijo: “Dejate de mandarme mensajes ridículos, porque cuento con vos”. (Sigue llorando). Fue un evento maravilloso y una noche hermosa. ¡Estoy muy enojada! (Vuelve a llorar) Estoy enojada con él porque dejó muchas cosas… Tenemos que tener conciencia. ¿Te das cuenta? Vos me preguntas si una trabaja afuera… Y uno elige… Yo tengo cuatro hijos y la verdad que todavía los quiero mimar haciéndoles cosas ricas para comer. Soy muy buena cocinera y me gusta tenerlos en una mesa bonita y eso es lo que hay que disfrutar.
-¿Estás muy espiritual?
-Sí, deberíamos vivir desde lo espiritual. Este año voy a licitar para Vendimia. Acabo de hablar con Fundavita, que es la fundación que asiste a la Casita de Ronald Mc Donald's, para que la ganancia de la ropa vaya para ellos. No se cobra mucho por estas licitaciones. Si vos querés ganar, no cobrás tanto. Yo quiero competir con diseño y calidad y para mi es un premio hacerlo. Y ni hablar si tengo la posibilidad de regalar algo o de donar algo que está a mi alcance. A mi la vida me dio más de lo que esperaba, entonces creo que si aprendiéramos a vivir en gratitud sería distinto. Por supuesto que siempre te exigís y tenés tus baches, pero creo que hay que vivir en gratitud. Estoy arrancando el 2013 con mucho trabajo, tengo muchas novias… Esta cultura no ha cambiado todavía ya que las mujeres nos queremos casar todavía. Voy a escribir un libro, cuando deje de trabajar, que se va a llamar Las mujeres nos queremos casar. Nosotros creemos que la institución familiar son el esposo y los chicos y no que la institución familiar son nuestros padres, nuestros tíos, nuestros primos. El árbol (genealógico) de donde venimos. Hoy, cada vez da más la sensación de que se van perdiendo ciertas costumbres familiares. Los domingos los chicos no comen porque se acostaron tarde o porque nos relajamos ya que están en su habitación jugando con la computadora. Esta globalización no sé hasta dónde nos ha perjudicado. Nos ha vuelto muy individualistas y eso nos hace ponernos un rótulo o un título a la hora de formar una familia. Creo que la mujer ha cambiado más y no me parece tan bueno esto de querer igualarse y de trabajar competitiva y competentemente. Es como que nos ha enrollado en un cuento muy pesado porque culturalmente no podés despreocuparte de la casa. La reina de la casa es la mujer y bueno, nos olvidamos de eso. Si queremos laburar, me encanta, pero tampoco fallemos en la casa. Entonces nos quejamos porque todo nos cuesta el doble, pero es lo que elegimos.
-¿Qué te parecen las mujeres presidentas: Cristina Fernández, Dilma Rousseff, Laura Chinchilla Miranda y Michelle Bachelet, en su momento?
-Les admiro la capacidad de lo que hacen desde todo punto de vista. Pero por algún lugar perdemos aceite. Algún bache deben tener porque cuánta vida familiar puede hacer una presidente. Son elecciones y es respetable. No juzgo a nadie, pero no nos quejemos.
Con el tema de la industria nacional y su protección, me encanta. Yo proclamo la industria nacional pero que exista materia prima para trabajar sobre una industria digna. Porque hace 20 años venimos consumiendo la exportada que tiene excelencia y necesitamos materia para competir y trabajar la nacional. Es un cuento redondo.
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-¿Tenés problemas para conseguir telas importadas?
-Sinceramente te confieso, cuando voy de viaje, me compro cuatro o cinco pedazos de tela. Yo no importo, pero me voy haciendo una caja de ahorro con telitas que me gustan. Yo me regalo comprar telas de dónde vengo. Lamentablemente hay telas que la industria nacional está muy lejos de poder hacer. El que importó hoy paga casi el 60 por ciento de arancel. Entonces, mientras una gasa de seda natural afuera cuesta 16 dólares, acá cuesta 100 y no hay manera de que no vaya a costar esto porque el que importa tiene que pagar los aranceles, distribuirla a las casas y estas ponerle su ganancias… Lamentablemente es así. Está bueno el cambio, provoca malestar… Pero que no nos falten las herramientas para trabajar. Hay mucha gente que quiere trabajar. Hay muchos talleres que tuvieron que cerrar.
Cuando yo tenía 20 años atendía nueve talleres para dos marcas de ropa de Mendoza. Fabricaba 45 mil prendas por temporada y era una locura. Cada taller no tenía menos de 20 máquinas que fabricaban entre 300 y 500 prendas por día. Hoy eso no existe porque entro mucha importación. Pero si queremos ponerle un cepo y que exista la industria nacional, también necesitamos herramientas.
-¿Te interesa exportar?
-Me llamaron, el año pasado, de ProMendoza para a una expo en Ecuador. Al principio dije ‘¡qué bueno!’. Pero después no fui porque ni loca dejaba mi atelier cinco días. Qué iba a hacer en un hotel preparando 10 o 15 vestidos con muchísima excelencia… A esta altura de mi vida no tengo ganas de exportar. Tal vez a algunos les parezca limitada mi cabeza, pero nunca me importó exportar porque me basta y sobra con lo que hago acá en mi provincia. Viene gente de afuera y me compra, pero yo no me quiero mover de acá. Tengo cuatro hijos y un hogar y no me interesa descuidar a la gente que tengo a mi lado.
Mirá el video y descubrí de la boca de Tahan lo que se viene en moda para este año y su nuevo proyecto:
Radiografía de una laburante
- Dalila nació en Mendoza el 29 de junio de 1964
- Es de cáncer y en el horóscopo chino es Dragón de Madera.
- Tiene cuatro hijos: Hasan, Mora, Alma y César.
- Sus hermanos se llaman María del Carmen y Jorge.
- Ha vestido a muchas mujeres de cónsules y reinas de la Vendimia para sus casamientos.
- Está preparando el vestuario para una película que se firlmará en febereo en una bodega mendocina.
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Dalila junto a sus cuatro mejores creaciones: sus hijos.
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Ingrid Grudke y Dalila Tahan en la trastienda de un desfile.
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