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En debate: dos curas indignados con la pobreza, pero de diferente manera

Se sabe, se ha dicho, se ha analizado y nunca se dejará de discutir: no hay una sola Iglesia, sino muchas. Aquí, dos visiones diferentes de la "indignación" que llega a los sacerdotes desde la pobreza, frente a la colecta de Cáritas.
La Iglesia, en debate.
La Iglesia, en debate.

Hay que indignarse frente a la pobreza extrema

Mons. Fernando María Bargalló, presidente de Caritas Argentina

El presidente de Cáritas Argentina, monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno, aseguró que hay que “ver la realidad, indignarse y comprometerse” frente a las situaciones de pobreza extrema que padecen millones de argentinos, al convocar a la colecta anual de la organización caritativa de la Iglesia que se realizará los días 11 y 12 de junio en todo el país con el lema “Pobreza cero, compromiso de todos”. El prelado explicó que la campaña 2011 tiene como objetivo "apelar a la generosidad de la gente con las obras de Cáritas", pero también "romper con una actitud de pensamiento de destino fatal que lleva a naturalizar la pobreza y frente a la cual sólo queda resignarse o decir que no se puede hacer nada".

Asimismo, destacó que hay paliativos, gestos solidarios y planes sociales gubernamentales que “hay que reconocer, valorar y aplaudir”. Al explicar el lema de la colecta, el obispo indicó que "pobreza cero supone que hay mucha gente que la está pasando mal, muy mal. Entonces hay que ver la realidad, quitarnos las vendas que impiden reconocer que en nuestra patria hay miles, millones, que padecen postergación y vida indigna".

"A la actitud de ver la realidad debe seguir una conmoción indignante, o una indignada conmoción. Una actitud interior que me lleve a superar la indiferencia y la resignación. Y a la indignante conmoción debe seguir el compromiso, porque si no, todo queda en puro grito", precisó en declaraciones a la agencia AICA.

Monseñor Bargalló insistió en puntualizar que "el camino es ver, quitarnos las vendas, indignarnos frente algo que no puede, no debe ser así, y ponerse en el lugar del otro. También preguntarse lo que sufriríamos, si al sufrimiento de la carencia se le suma la indiferencia de los demás".

El dinero recaudado en la colecta anual es destinado al sostenimiento de acciones solidarias y de promoción humana integral de las personas y comunidades más empobrecidas del país. Cáritas Argentina también lleva adelante programas de promoción relacionados con la vida familiar, la educación, el trabajo, la salud, la vivienda, la ecología y la participación ciudadana. La campaña solidaria recaudó 13.786.188 pesos el año pasado, mientras que en 2009 fueron 10.802.286, 10.910.450 en 2008 y 7.350.637 en 2007. Además de la donación mediante sobres en parroquias, se puede colaborar durante todo el año llamando al 0810-222-74827 y por Internet a través de la página www.caritas.org.ar .

Indignarse implica preguntarse por las causas de los males que nos indignan

Marcelo Ciaramella, curas en la Opción por los Pobres.

Leí la presentación de Bargalló para la colecta anual de Cáritas y me indigné (sentimiento de moda si los hay).

* Un síntoma de agotamiento del discurso social de la Iglesia e incluso de la misma Doctrina Social es la falta de caminos prácticos para generar alternativas a los males que se señalan y la ausencia de un diagnóstico serio apoyado en las ciencias sociales para determinar los responsables que deben reparar los males que originan.

* Acumular principios morales que nadie cumple no modifica la realidad. Rociar de moral la economía no cambia sus fundamentos en el lucro acumulado donde el fin justifica los medios. Vuelvo a decir que no juzgo personas ni conciencias personales y me pongo del lugar de la miseria humana de la Iglesia de la que soy parte y desde allí reflexiono. No descalifico la reflexión y la necesidad de enunciar valores y principios, pero si no nombramos causas y causantes y si no establecemos una clara estrategia de diferenciación y caminos de acción directa, seguiremos siendo aplaudidos por los mismos que nos matan y en la primera fila de los velorios de los Papas tendremos a la plana mayor de los verdugos.

* El capitalismo liberal neoconservador impuesto desde EEUU y las potencias europeas, a fuerza de shocks económicos que incluyen guerras, invasiones y aprovechamiento de calamidades, las corporaciones omnipotentes que acumulan más poder que los Estados y digitan la política y las decisiones económicas castigando siempre a los pobres, los planes para reducir a través de la pobreza (una suerte de neo-malthusianismo) la población que consume recursos en el sur para que puedan ser despilfarrados en el norte rico, la dictadura militar del 76 que impuso a sangre y fuego el capitalismo de libre mercado, la impagable deuda externa que sigue amenazando con su sombra el resto de nuestra vida y los cínicos acreedores que no buscan otra cosa que extorsionar, el menemismo y la entrega del patrimonio nacional, y seguiría la lista de causas que originan la pobreza en el mundo y en nuestro país.

* La pobreza extrema no cae del cielo como la lluvia, no es un designio ineludible. Recuerdo a Helder Cámara y su conocida expresión: “si ayudo a los pobres, me dicen que soy un santo. Si pregunto por qué hay pobres, me dicen que soy comunista”. Un discurso que abunda en generalidades -muchas veces acertadas- pero sin aterrizar en quienes son responsables directos de los males, que no traza ningún camino concreto de construcción de un sistema alternativo al sistema inviable y genocida que es impuesto globalizadamente por las potencias, que no colabora con ninguno de los espacios altermundistas y antiglobalización de los cientos que hay en el mundo, que ha excluido en la actualidad de su vocabulario al capitalismo, es más del mismo “principismo” inútil que no genera nuevas alternativas desde el proyecto de una sociedad justa y fraterna que recibimos de Jesús.

* Los obispos de por sí casi no hablan pero cuando elaboran esos discursos hiperbólicos que hay que descifrar, siempre echan culpas al gobierno o la clase política. No hay dudas que parte de la pobreza debe ser abordada desde el gobierno a cargo del Estado y más en estos tiempos de bonanza macroeconómica. No hay dudas de que hay que profundizar una distribución más justa de la riqueza y achicar la brecha entre magnates y trabajadores. Hay que exigir justicia al gobierno nacional. Pero también hay que exigir justicia al gobierno planetario, a los que cortan el bacalao globalizado.

Indigna la pobreza pero no indignan las corporaciones y decisiones políticas y financieras que la generan y nos alcanza con tal que las empresas nos tiren un hueso en las colectas o los comedores. Indigna la situación del campo pero no indigna que la agricultura sin agricultores esté depredando los cultivos y echando del campo a las familias que emigran a la periferia pobre de las ciudades.

Me indigna este discurso ingenuo. Me indigna la falta de signos y gestos comprometidos con otro mundo posible en el que no se genere pobreza de muchos como parte del progreso de pocos.