Pakistán: el fin de una aventura para un guía mendocino
Al fin, es probable que uno emprenda aventuras con el único objetivo de reinventarse a sí mismo. No importa adónde vamos, cuán alto, cuán lejos o cuán profundo lleguemos, lo importante será el regreso, si con él traemos una respuesta distinta cada vez, a la misma pregunta de siempre.
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En eso ha de andar el guía mendocino Ignacio Lucero, luego de vivir cerca de dos meses en las alturas de Pakistán y con la intención de llegar a la cima del Broad Peak (8.047 msnm) o a la cima de sí mismo.
Una segunda nota daba cuenta de sus avances, encabezando una expedición de la que participaba una pareja de ingleses.
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Finalmente, la intentona de los ingleses se vio cortada y decidieron regresar a casa (en la foto de la izquierda, Andy).
Ignacio se había quedado para bajar los materiales de los campamentos de altura, sin embargo, trabó relación con una expedición de brasileños y se sumó a ese grupo, ya no como guía.
La pareja hizo un largo camino hacia Askole, por delante le quedaba Goro 2, Urdukas, Payou, Julia y finalmente Askole. En tiempo fueron tres días de caminata para luego llegar a Skardú, en jeep y después de dos días de espera hasta la capital de Pakistán, en un vuelo militar “sin cinturón de seguridad”, aclararon. En la capital, fueron recibidos por enormes inundaciones.
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En tanto, Ignacio se disponía a ir hacia arriba con sus nuevos socios. Para él, el camino volvía a ser vertical.
El Broad Peak, todavía lo mantenía en vilo. A la espera de una ventana de tiempo favorable, llevaba 37 días a 5000 msnm.
Aclimatado y en estado lo intentó una vez más. Ascendió con los brasileños hasta el campamento II, a 6200 msnm, pero, como bien nos relató su contacto en Mendoza, Mariana Alvarado, “la montaña no se dejó hacer”.
Será, tal vez, para otra ocasión la ansiada cumbre del Broad Peak.
Así las cosas, desarmó aquello que pudo de los campamentos y descendió
La palabra de Ignacio Lucero
El resto, en primera persona. Aquí, un texto que el guía escribió, especialmente para los lectores de MDZ Online:
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“La montaña terminó con más de cuarenta y cinco días en el base. Fue necesario una semana para volver a la capital (Islamabad), cuatro días de caminatas muy intensas, y varias horas en vehículo. Pakistán es una gran caja de sorpresas, a cada minuto hay algo que resolver.
“Intentamos volar desde Skardú y fue imposible por el mal tiempo, los monzones han sido los más grandes en los últimos ochenta años, tuvimos que regresar por la ruta auxiliar a la “Karakorum Higthway”. La ruta estaba destruida. Más de 26 horas de jeep, un paso a más de 4.400msnm, barro, sacudidas infinitas; pero hay que reconocer que fue bueno transitar por un Pakistán oculto y distinto, por una tierra que se mantiene al margen de la mirada turística.
“Hoy es cómodo hacer un racconto de lo sucedido y analizar desde el sillón de una casa descansado bien comido y con el ‘hogar encendido’. Uno se torna nuevamente analítico, ‘supercrítico’, pero es cierto que deja de tener adrenalina en la sangre, los músculos cansados y el entendimiento nublado por la hipoxia (falta de oxígeno) para el análisis.
“Estoy infinitamente agradecido con la gente de la Embajada Argentina en Islamabad. Son increíbles y siempre están dispuestos a darle una mano a uno. Gracias por el refugio, en un país extraño se valorizan mucho más ‘estas manos gauchas’. Gracias Caro y Eduardo.
“Algo nuevo sucede en este nuevo estado de quietud y recuperación. Vuelvo a tener ganas, a planear, a planificar a soñar con una gran y fantástica dosis de irrealidad e insustancialidad, pero este nuevo estado es magnífico, recupero la confianza, el ego se vuelve a insuflar de otros aires, con otros vientos, con las velas plegadas, con los mástiles erguidos. Limpio la cubierta y miro nuevamente hacia allá y recobro los votos con la montaña.
“Estoy tranquilo. La intentamos más de cuatro veces, la cota alcanzada fue de siete mil cincuenta metros, no pude superar la cota de los siete mil setecientos cuarenta metros del año 2008 en el Gasherbrum II, pero superé la cota de los seis mil quinientos del año pasado. También finalicé mi tercera expedición en los Himalaya (Karakorum). Este análisis cuantitativos no siempre es muy útil, pero me ayuda a saber dónde estoy parado, cuáles son mis límites, pero también cuales son mis posibilidades.
“Algo ha sucedido en estas montañas: ellas me han atemperado, me han colmado de paciencia, y a la vez me han llenado de medidas y de conocimiento, que capitalizo, sobre mí frente a las montañas.
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“Conocí montañistas con grandes cualidades, de muchas partes del mundo y compartí con ellos sus experiencias acumuladas sobre estas montañas. Una de las cosas más importantes que me provocó el Karakorum, es el cambio del horizonte de mi mirada.
“Aconcagua es la montaña más alta de América, pero como ella, en el Himalaya, hay más de ciento treinta. No la desmerezco con su ruta normal y a sus otras difíciles laderas, ya que son un verdadero fin en sí mismo, pero hoy veo, y reconozco otro horizonte. Es por ello que seguiré intentando, abriendo experiencia y forzando mi aprendizaje, para ver si algún día estas montañas me dejan pisar su cumbre. Como dicen aquí: ‘Insh Alláh!’.
“Mi mirada no está en el Himalaya donde los nueve ocho miles de allá han sido subidos incluso en invierno. Mi horizonte está aquí en Pakistán, donde hay reto, desafío, posibilidad de hacer historia; dónde Argentina está dando sus primeros pasos.
“Incluso, el mundo hoy no ha pisado ninguna de sus cinco cumbres en invierno. Están vírgenes. No se han resuelto todos los problemas. Me encantaría ver una expedición argentina intentando uno de estos cinco gigantes en invierno y volver a la vanguardia del montañismo.
“K2, Broad Peak, Nanga Parbat, Gasherbum I y Gasherbum II, “los cinco gigantes” de ocho mil metros, nos siguen esperando. Están aquí para ser subidos, aún en invierno.
“Repito y sigo soñando: mi horizonte está aquí en Pakistán”.







