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Para imitar: una joven encontró $40.000 y los devolvió

Eugenia Segura (22) es la heroína de la jornada mendocina. El sábado pasado halló una bolsa de cartón con el dinero en la tienda de Adidas del Mendoza Plaza Shopping, lugar donde trabaja hace dos años. El dueño de la plata la recompensó con $30.
Eugenia Segura, la chica honesta. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Eugenia Segura, la "chica honesta". Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Sábado por la tarde en el Mendoza Plaza Shopping. Para Eugenia Segura (22) era una agitada jornada laboral típica de fin de semana hasta que encontró una bolsa con $40.000. Lejos de soñar lo que podía hacer con el dinero, inmediatamente fue a devolverlo. El dueño de la plata la recompensó con $30.

Eugenia hace dos años trabaja para el local de Adidas del paseo de Guaymallén. El sábado por la tarde, mientras estaba atendiendo, encontró una bolsa de compra (de cartón) de Kosiuko sobre uno de los sillones. Eugenia comenzó a preguntar a los clientes si les pertenecía. Ante la negativa decidió ver que tenía en el interior.

“No lo podía creer. Me temblaba las manos cuando vi los altos de dinero” relató emocionada “Maru”. Debido al peso de la bolsa, percibió que no se trataba de una compra, por lo que revisó y había una carpeta y los billetes acumulados en porciones.

“No sabía que hacer porque me parecía muy raro que alguien se haya olvidado algo así. Fui a mi encargada y le comenté. Llamamos al agente de seguridad y el vino con el dueño”, continuó la joven que reside en la Cuarta Sección y estudia Educación Física.

Según el relato, el hombre retiró el dinero y dijo simplemente “son 40.000 –ante la mirada atónica de todos- que cobré por la venta de una casa”. Sin más –y sin preguntar el nombre de la honesta persona-, el olvidadizo sujeto se estaba retirando del local cuando uno de los compañeros de la heroína dijo: “¡Che, aunque sea pagate la Coca!”.

Después de esta petición, el dueño de la plata dio $30, que fueron entregados por su compañero a Eugenia y que fueron rápidamente consumidos “en una tarta, unas papas y una gaseosa”, cuenta humildemente la muchacha.

Un gesto poco común
“Lo menos que me dijeron fue: ¡matate!”, respondió Eugenia ante su sorpresiva devolución del dinero. Todos sus vecinos saben que ella quiere comprarse un auto para dejar de movilizarse en micros, por lo que –hasta el momento-, entre broma y seriedad, la han reprendido por su decisión.

“No le di trascendencia”, explica Eugenia con la seguridad de que actuaría nuevamente así si le volviera a ocurrir. “No es mi plata. Puedo dormir tranquila” reafirmó con convicción y, al mismo tiempo, se pregunta: “¿De qué me serviría, por ejemplo, haberme comprado un auto que no podría usar con plena tranquilidad?”.

Dicen que los días se vuelven extraordinarios, de hacer extraordinariamente bien lo cotidiano y “hacer valer” esos valores que rigen en las relaciones. Eugenia apostó por esa actitud y en el futuro será recordada por su honestidad.