Cara a cara con el trabajo social de alto riesgo

La rutina de una persona que realiza asistencia en lugares marginados, con conflictos sociales, económicos, familiares o de cualquier índole no es sencilla y tampoco bien remunerada. Reciben insultos, amenazas, maltratos y deben trabajar con escasos recursos.
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MDZ

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Cara a cara con el trabajo social de alto riesgo

La rutina del trabajador social de campo -aquel que va por barrios conflictivos, afrontando casos de maltrato, violación, abandono o drogadicción-, no suele ser tan simple como la de aquellos a quienes les toca desempeñarse detrás de un escritorio. Si la pasión puede más que el riesgo de la profesión, esto es un claro ejemplo de algunos asistentes que trabajan poniendo en riesgo su vida y su integridad por solo un motivo: “El bienestar social”.

¿Por qué la mirada sobre el trabajo social de alto riesgo? El crimen de Luciana Rodríguez puso en foco la cadena entera de funcionarios que tratan con la minoridad en problemas. La OAL tiene media docena de funcionarios imputados. Pero los trabajadores sociales son la primera línea de fuego en la contención de la marginalidad. Son quienes con su mirada experta hacen los primeros informes ambientales, tratan con las familias, buscan soluciones. claro que a veces se "anestesian" y no advierten el peligro.

En general, el asistente social es una persona que trabaja de más, que se intoxica la mayoríaa de las veces con las historias que trata a diario, que gana mal, y que hasta se paga los viajes a los lugares que están a 20 cuadras del centro pero a milees de kilómetros de la educación, por ejemplo. Desde la marginalidad institucional por los bajos salarios, hasta la marginalidad física estos profesionales –la mayoría de las veces mujeres-, se someten a situaciones inusuales y para comprobarlo basta con acompañar una de sus jornadas o interactuar sobre sus experiencias.

Ella son mujeres, se desempeñan en ambitos como la OAL, la Dinaf y centros de salud de barrios marginales de Capital, Godoy Cruz y Guaymallén. Todas contaron su historia y sus experiencias, pero este medio prefirió no citar su identidad para no confundir esto con un reclamo gremial y para no poner en riesgo sus vidas, ya que a diario viven frente a diversas controversias propias de la profesión.

“Ahora tengo un trabajo tranquilo, porque estoy en Salud reproductiva que es un área dentro de todo cuidada, pero hace unos años atrás trabajé en la Dinaf y ahí la situación es jodida”, comentó la Licenciada en Trabajo Social.

La mujer de una gran trayectoria contó que durante su periodo de trabajo en el organismo -ahora más cuestionado por la sociedad a raíz del caso Luciana-, tuvo que someterse a muchas situciones poco habituales.

“Trabajábamos con una maquina de escribir que no funcionaba bien, entonces yo como quería que los informes salieran rápido, me llevaba el trabajo a casa y en mis horas libres los hacia en la computadora”, cuenta la mujer acongojada por no haber tenido las agallas para haber dejado por escrito todas las falencias que tenía el sistema en ese momento.

Si bien, su trabajo era especifico cuenta que a lo largo de los años se enfrentó con momentos de mucha tensión: “No me voy a olvidad más. Una ves estábamos actuando como mediadores de una niña de 15 años embarazada que estaba internada y cae su pareja de 25 años a querer verla, él no podía ahí porque ella era una menor de edad. Entonces cuando lo voy a interrogar, me saca un chumbo y me lo pone en el escritorio para que solucionemos las cosas. Yo no sabía qué hacer, la puerta estaba entrecerrada y las ventanas de la Dinaf son muy chicas, no sabía en qué momento este hombre se volvía loco y me disparaba”. Cuenta la mujer.

De la misma manera que la Licenciada que trabajó en la Dinaf, una letrada que se desempeña en un centro asistencial de uno de los barrios más conflictivos dijo:

“Hay que tener vocación porque es duro. A diario me amenazan, sobre todo cuando llegan las chicas embarazadas, no sólo lo hacen sus parejas sino ellas mismas porque no saben quién es el padre del chiquito o porque tal vez quieren abortar  para no decirles a las familias y nosotras tratamos de concientizarlas para que no lo hagan. Es un trabajo duro, algunas a veces están bajo niveles altos de alcoholismo y drogadicción”.

La trabajadora, contó que si bien esa es la parte más controversial del trabajo, para ella no hay nada más gratificante que ayudar a estas chicas y ver crecer a los niños.

Aunque suele ser dramático escuchar el relato de algunas de ellas, no todas ven la moneda con la misma cara. Ella trabaja en un conocido y conflictivo barrio de Capital, que limita con el Hospital Lagmaggiore. En el momento de consultarla fue una sorpresa por que sus primeras palabra fueron: "Yo amo y me apasiona mi profesión!".

Luego de eso contó que ha vivido trajines lógicos del trabajo que desempeña, prefiere ir a los barrios marginales antes que a las casas de familia de clase media-alta por el trato que recibe.

“Es jodido pero no podemos caer a una casa a hacer una entrevista en un patrullero. Debo hacerlo a pie o por mis medios sola, me robaron una vez pero no pasó a mayores”, contó la licenciada telefónicamente mientras se tomaba unos minutos de su trabajo. “No sé si tengo cara de buena o qué, pero cuando voy a los barrios más jodidos me atienden y son ellos más abiertos que nadie a la hora de exponer sus problemas para que los ayude. En cambio cuando me ha tocado ir a barrios de clases más altas, directamente las empleadas a través del portero me dicen `la señora no está`, o si atienden se alteran y amenazan con llamar a sus abogados con poder”, contó la mujer orgullosa del trabajo de campo que realiza a cotidianamente.

Auque destacó que le gustaría que su trabajo sea mejor remunerado porque “ahora soy de planta y tengo una seguridad -por cualquier- cosa para mis hijos, pero antes lo hacia y corría más riesgos”. Además consideró que se debería pagar un adicional por zona como se hace con los maestros, ya que algunas Licenciadas trabajan en lugares de alto riesgo.

Ella ronda la zona del Poliguay aquel polideportivo que fue sede del crimen de Gustavo Pelegrina y hasta tal vez haya visitado la casa de la familia del “Tonga”. Trabaja desde hace año con niños y adolescente y asegura que la situación cada vez es peor, no porque los organismos no controlen sino porque estos chicos viven en un estado tal de maginalidad que ya les resulta cotidiano robar, drogarse y hasta matar.

“Uno siempre entra con miedo a las villas. La última amenaza pasajera que recibí fue 'viejita usted ayude a mi familia y a los guachos a estudiar, pero no me mande la yuta a mí porque ya sabe lo que pasa', es cotidiano. Algunos son jodidos y otros se muestran tan sensibles que hasta a veces un poco imposible creer que tan chicos pueden hacer las cosas que hacen o vivir como viven”, cuenta la mujer.

Y agrega: "Con mi equipo hemos ayudado a varias familias, no sólo por lo que contaba. Algunos no tienen buenas condiciones de vida y se los ayuda con nylon y colchones en invierno, pero es triste cómo viven y a la ves es cruel también porque ellos mismos quieren estar así”.

Todas y cada una de las licenciadas en trabajo social entrevistadas coincidieron en que es una profesión poco reconocida, muy arriesgada y poco remunerada por el estado provincial.

Las funciones del trabajador social

Si bien las funciones de esta profesión son diversas, y dependen del lugar donde se desempeñen y los criterios de la institución donde trabajen, en general una Licenciada/o en trabajo social debe:

  • Facilitar información y conexiones sociales con los organismos de recursos socioeconómicos (articular redes).

  • Conocer, gestionar y promocionar los recursos existentes entre sus potenciales usuarios y los profesionales de otras ramas de las ciencias que pueden estar en contacto con sus potenciales usuarios.

También su trabajo se encarga de:

  • Recibir, orientar y educar a personas, familias, grupos y comunidades en la solución pacífica de sus conflictos a través de una cultura de diálogo y concertación.

  • Realizar investigaciones sociales que contribuyen a identificar e interpretar las causas de los fenómenos sociales que se presentan en cualquier contexto planteando alternativas de solución a las mismas.

  • Participar en la gestión, formulación, ejecución, evaluación de planes, programas y proyectos sociales dirigidos a mejorar las condiciones de vida de la comunidad tanto con instituciones públicas como privadas.

  • Participar en el diseño, administración de programas de personal, bienestar laboral, seguridad social y salud ocupacional.

  • Gerenciar programas y proyectos de desarrollo social con organismos gubernamentales y no gubernamentales.

  • Formar parte de equipos interdisciplinarios que trabajan por el mejoramiento de la calidad de vida de la población a través de procesos socioeducativos de promoción y prevención.

  • Entregar o aplicar tratamientos en psicoterapia o terapia familiar a individuos, parejas, familias y grupos.

Cuántos son y cómo trabajan en la provincia

Para tener una visión clara de la cantidad profesionales que hay en Mendoza desempeñandosé en este labor, primero hay que saber que la provincia cuenta con 1. 741. 610 habitantes, de los cuales sólo 1.900 son Licenciados en Trabajo Social, es decir que hay un asistente social por cada 920 habitantes aprox.

Solamente en OAL, durante el 2013 se recibieron 27.600 casos, para los cuales el organismo contaba con una planta de personal de no más de 60 personas en total.

En el caso de los centros asistencias de salud departamentales, sólo hay un trabajador social para la cobertura de la zona o distrito. En los municipios aveces este número se extiende hasta tres personas.