¿Ventaja macrista en la campaña del miedo?

¿Ventaja macrista en la campaña del miedo?

Según el consultor Carlos Germano, el oficialismo nacional tiene más recursos económicos y tecnológicos que el kirchnerismo para detectar las demandas del sector que no se ha polarizado aún. Cómo se dividen el mapa del país unos y otros y por qué decayeron las terceras opciones

La conducta y las decisiones políticas de los candidatos han provocado el fenómeno de la polarización electoral. Se trata de un juego que convierte los comicios de este año en un duelo entre las antagónicas fórmulas Alberto Fernández-Cristina Fernández y Mauricio Macri-Miguel Pichetto.

A los protagonistas les conviene este juego, en el que intercambian, según quién lo vea, los roles de buenos y malos. Y a pocas semanas de las PASO, están alimentando esa polarización con campañas que básicamente meten miedo en la ciudadanía.

¿Cómo opera la campaña del miedo? Básicamente, cada candidato ensalza una virtud propia y convierte esa virtud en un defecto del adversario. Todos los demás elementos de la realidad son omitidos.

Como en este caso el macrismo y el kirchnerismo son los únicos contendientes, se produce una situación en la que los candidatos de uno y otro bando se acusan mutuamente de lo que el otro, en sus supuestos, no tiene. Resultan, de ese modo, complementarios entre sí, aunque jamás vayan a juntarse.

Así es como, según el consultor Carlos Germano, en provincia de Buenos Aires (38 por ciento del electorado nacional), el macrismo habla de las luchas contra el narcotráfico y la inseguridad, y mete miedo con la posibilidad de que haya fuertes retrocesos en estos temas si gana el enemigo.

En cambio, los candidatos kirchneristas evitan, precisamente, el narcotráfico y la seguridad y van por otro lado. "Todos no habla de esos temas y ataca el frente económico, con lo que aparece el miedo", explica Germano.

Y agrega: "El oficialismo nacional y provincial no puede hablar de economía, porque queda sobre la superficie la desilusión y el desencanto".

La estrategia polarizadora se beneficia del decrecimiento notable de las terceras opciones. De esto es un emblema Roberto Lavagna, quien, según el consultor Germano, decayó en los últimos dos meses por forzar "una construcción política muy endogámica". "Logró lo que él quería y lo llamó consenso, pero no pudo tomar volumen político. Lavagna no pudo armar una estructura política importante en Buenos Aires y Capital Federal, aunque sí en Santa Fe y Mendoza", explica.

De acuerdo con la mirada de Germano, el otro posible tercero, Jose Luis Espert, se posicionó como "actor mediático" pero luego mutó al perfil de un "ogro antisistema" que tampoco logra encantar.

Los problemas de los terceros fueron acotando la porción que resistía la polarización, que ya no es "un tercio", como difundían hace unos meses sus impulsores. Ahora los que apuntan a un tercera opción no pasan del 20 por ciento, y podrían ser mucho menos aún. Ocupan un segmento pequeño que se achica más si se le descuenta la izquierda.

La elección del justicialista Pichetto como vice de Macri y la de Alberto Fernández como presidente de Cristina, a la par de otras situaciones políticas, como el alineamiento de Sergio Massa al bloque de la ex presidenta, forjaron una polarización que, según Germano, ya es "territorial": las alas NEA, NOA, sur y conurbano boanerense son del kirchnerismo. El otro bloque (Juntos por el Cambio) se asienta en Capital Federal, centro del país y Mendoza, como referencia o epicentro de Cuyo.

Estas opciones se encaminan a conseguir el 40 por ciento cada una el 11 de agosto, lo que levanta la tensión hacia las generales de octubre: cualquiera de los dos bandos quedaría en condiciones de conseguir el 45 por ciento necesario para definir la batalla en primera vuelta y evitar un balotage.

En ese momento, volverán a valer las minorías ajenas a la polarización, como la izquierda, que ostenta un 5 por ciento, los indecisos y los que todavía bancan las alicaídas terceras opciones.

Es el próximo desafío de las campañas electorales que vendrán después de la primaria. Los "no polarizados" no representan un público al que se pueda convencer con el miedo, porque tiene otras demandas.

Según Germano, en este segmento hay reclamos que sólo uno de los bloques en pugna está en condiciones de captar y, eventualmente, atender en sus propuestas: el macrismo.

Para el consultor, la campaña del PRO es "digital" y la del kirchnerismo es "analógica". El oficialismo nacional, según Germano tiene "una batería de recursos económicos y tecnológicos que está más cerca de poder descifrar ese núcleo de 10 o 15 por ciento y desentrañar nichos de demanda que no pasan por la inseguridad, el narcotráfico y la economía".

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